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07
Noviembre

MARIO FEDERICO BOSCH: EL BASTÓN DE MARISCAL Destacado

Escrito por  POR BOSQUIN ORTEGA
Publicado en Locales

“SI ME MUERO, QUE SEPAN QUE HE VIVIDO”. BLAS DE OTERO

Estaba mirando La muerte y la doncella, película estadounidense de drama-suspenso (1994), dirigida por Roman Polanski y protagonizada por Sigourney WeaverBen Kingsley y Stuart Wilson, basada en la obra homónima del dramaturgo chileno Ariel Dorfman. El film narra la vida de Paulina Escobar (Weaber), torturada y violada por sus captores, durante la dictadura de Augusto Pinochet, (1973-1990). Pese al apremio ilegal, no delata a Gerardo Escobar (Wilson), su novio de juventud, militante político, opositor al régimen y editor de un diario clandestino. Años después, se casan y residen en la costa. Una jornada Gerardo sufre un desperfecto en un neumático de su automóvil. Un hombre desconocido lo ayuda y lo lleva a su casa. Paulina reconoce la voz del hombre, como la de su torturador, por su memoria auditiva, ya que en las torturas tenía los ojos vendados. Varias evidencias detectadas en el diálogo, la determinan a acusarlo y juzgarlo, para que confiese y convenza, al mismo tiempo, a su incrédulo esposo y, luego, a la opinión pública. El torturador de la protagonista, Paulina, escuchaba, durante las sesiones, La muerte y la doncella, el cuarteto de Franz Schubert. De allí, su nombre.

Era, casi, la una de la madrugada y recibo un correo, lacónico, de Alicia Sotelo, locutora chaqueña, donde me comunica el deceso, imprevisto, de Mario Bosch. El asunto del film y la circunstancia del hecho se superpusieron por su vínculo inmediato con la cuestión de los derechos humanos. Una causalidad inefable, pero “sucedida”.

Hoy, lunes, a las 17, en el Salón Eva Perón, Mario Bosch recibiría la Mención de Honor Juana Azurduy de Padilla, distinción del Honorable Senado de La Nación por su trabajo de abogado querellante en juicios sumarios a los criminales de lesa humanidad en tribunales chaqueños, por situar al Comité de Prevención de la tortura en el Chaco, antecedente pionero de la fundación del Comité Nacional y Suramericano de la especialidad y por su trayectoria de reconocimiento internacional.    

Deseaba acercarle un texto, titulado Fruto de Abel, en homenaje a su persona y en memoria de Antonio (Tono), su padre, periodista y escritor. Comparto un fragmento: “Los militantes nativos, peinadores de lunas, recordamos el inicio de un espigado muchacho, locuaz y temperamental, en la recién amanecida asociación H.I.J.O.S. Regional Chaco, a inicios de los noventa. Estudió y militó, simultáneo, junto a Dafne Zamudio, Emilio Goya, Patricia y Marcela Acuña, Renzo Acuña, Natalia Uferer, y otros herederos de la épica inconclusa de sus padres. Lo situamos en los actos de la Placita Belgrano, espacio originario de su construcción generacional, y en las caravanas hacia Margarita Belén, holocausto emblemático, caminando, junto a los detenidos políticos, sobrevivientes, condecorados por las heridas de cicatrices que recuerdan; vivos, ahora, en el “cementerio de la memoria”, según Rodolfo Jorge Walsh. 
Treinta y cinco décadas, entre dos siglos, transcurrieron en lúcida y paciente resiliencia, para hacer justicia, a plena luz del derecho y con garantías constitucionales. Aquel pibe, con su bastón de mariscal en la mochila, asumió el llamado del destino que lo preparó en el silencio fecundo de párpados ávidos, madrugadas cavilantes y auroras de exámenes. 
Después, rodeado por fojas arduas y obeliscos de expedientes, como un forense de la memoria o un arqueólogo de la historia, ofrendó vigilias, inciertas y posibles, para redimir huesos sin cruces y llantos sin altar, gritos suspensos y clamores heridos; agobiado por la rutina que hace baqueanos a los hombres que deben luchar con la burocracia; encendido por la fatiga obstinada que torna al monitor de la computadora en sucedáneo de la lámpara del insurgente y una estrella íntima que alumbra, sin ocaso, en medio de la anomia y el prevaricato, el latrocinio y la impunidad. Atribulado, pero no derrotado; a la manera de un Saulo de Tarso, enfrentó la anomia y la inercia, entre otros vicios políticos, que impunizaron a los fraticidas por pactos de silencio con el Bestiario militar, privilegios de vecindad o portación de apellido. La disciplina, aliada de la voluntad, lo acompañó, junto a otros obstinados convencidos, en sucesivos combates a la intemperie de la lucidez frente a los ejércitos del impedir. 
Transitó el páramo que abrieron las avanzadas de pretéritas organizaciones de derechos humanos, y en una de esas picadas brotó una flor vertebrada por la savia de la paciencia: la reapertura de la causa de la Masacre en Margarita Belén (13-12-1976); en rigor, “Larrateguy, Jorge Alcides y otros s/ Homicidio agravado y desaparición forzada de personas. Expediente 306/2001”, lo distinguió en calidad de querellante principal. 
La sentencia del 17 de Junio de 2011, que incluyó a 138 testigos orales, condenó a reclusión perpetua a Horacio Losito, Jorge Daniel Rafael Carnero Sabol, Athos Gustavo Renés, Ricardo Guillermo Reyes, Aldo Héctor Martínez Segón, Germán Emilio Riquelme, Ernesto Jorge Simoni y Luis Alberto Patetta, respectivamente. Otros 13 genocidas civiles fueron condenados en la denominada “Causa Caballero”. 
Las víctimas fusiladas por fuerzas conjuntas del Ejército y la policía chaqueña, fueron Néstor Carlos Sala, Carlos Alberto Zamudio, Patricio Blas Tierno, Luis Ángel Barco, Roberto Horacio Yedro, Delicia González, Luis Alberto Díaz, Carlos Alberto Díaz, Fernando Gabriel Piérola, Raúl Caire, Julio Andrés Pereyra, Carlos Alberto Duarte, Carlos Tereszechuk, Arturo Fransen, Ema Beatríz Cabral, Reynal Amalio Zapata Soñéz, Manuel Parodi Ocampo, Mario Cuevas, Alcides Bosch; y otros no identificados, a investigar, que responderían a la identidades de Eduardo Fernández, Dora Noriega y Raúl Méndez. 
En otra centuria, Bosch logró verdad probatoria del martirologio chaqueño, compartido junto a José León Suárez, el bombardeo a Plaza de Mayo, La Patagonia trágica, Napalpí, Ingenio Ledesma, Las Palomitas y Rincón Bomba.
El camino de la reparación histórica es complejo, difícil y de largo aliento para sus peregrinos libertarios. Mario Federico Bosch venció con el derecho, se templó con la justicia. Ya ingresó en la historia sustantiva de la juridicidad argentina. Pero no se delecta en las mieles del triunfo. Sabe que debe mantener vigilia crítica (el enemigo nunca descansa) y velar las armas de la paz”.

Marito, el pibe, para nosotros, ardía en el fuego de la antorcha heredada de Manuel Belgrano y Juan Bautista Alberdi; peronista, con resplandor jacobino; émulo de Julio César Strassera. Podemos inferir que en su “avío” de vida llevó, hasta el aliento último, la Constitución y el Código Penal, La Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Sermón de la Montaña. Lo extrañaremos, pero contentos por saber que fue feliz en su servicio al mandato de memoria, verdad y justicia. Su sonrisa y su conciencia, son las banderas de su recuerdo en el mástil del futuro; donde flameará, también, su corbata con el dibujo de Miguel Ángel Molfino Gianetti, en homenaje a los mártires argentinos, la misma prenda que lució en las audiencias públicas. Mario Bosch, Abogado de la Patria ¡Presente!

                                                                                                           Bosco Ortega

Nota: Abogado, egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Nordeste, en Agosto de 1989, con Postgrado en Derecho Penal.
Socio fundador del Colegio de Abogados y Procuradores de la ciudad de Resistencia.
Tuvo una activa participación en el proceso de discusión y elaboración de importantes leyes sancionadas, el análisis y redacción del Despacho de la Comisión de Legislación General y Justicia de la Ley Nº 4425 de Ejecución Penal, Estatuto Jurídico del Menor de Edad y la Familia y del Nuevo Código Procesal Penal de la Provincia del Chaco, entre otras.
Miembro de H.I.J.O.S. Regional Chaco e impulsor en la reapertura de los juicios contra el Terrorismo de Estado en el año 2001, hasta los recientes Juicios Orales de las conocidas Megacausas “Masacre de Margarita Belén” y “Causa Caballero”, en representación de las Víctimas, del Centro de Estudios Legales y Sociales (C.E.L.S.) y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Abogado querellante en las Causas Regimiento 9 de Corrientes y Causa Panetta, en Goya y en Misiones, por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
Abogado Querellante por H.I.J.O.S. Jujuy en Causa “Ingenio Ledesma”, y Abogado querellante por APDH, en Formosa, en la causa “Domato”. En Noviembre de 2011, concurrió como Invitado Especial al “Foro Mundial de Prevención de la Tortura y Otros tratos y Penas Crueles, Inhumanos y/o Degradantes”, organizado por la Asociación de Prevención de la Tortura, con auspicio y en el ámbito de las Naciones Unidas, en Ginebra, Suiza.
Fue participante del Encuentro Latinoamericano sobre Prevención de la Tortura en Buenos Aires, en Agosto de 2013. Asistió como Invitado al Foro de Prevención de la Tortura y Otros tratos y Penas Crueles, Inhumanos y/o Degradantes, organizado por la Asociación de Prevención de la Tortura, en Panamá, entre Septiembre y Octubre de 2014. Fue presidente, segundo mandato, del Comité de Prevención de la Tortura y otros Tratos y Penas Crueles, Inhumanas y/o Degradantes del Chaco.

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