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Octubre

17 DE OCTUBRE, A 73 AÑOS DEL NACIMIENTO DEL ''HECHO MALDITO DEL PAÍS BURGUÉS'' Destacado

Escrito por  POR JULIO MOLISANO REPORTE24
Publicado en Politica

 

“…YO QUIERO PEDIRLES QUE SE QUEDEN EN ESTA PLAZA, QUINCE MINUTOS MÁS, PARA LLEVAR EN MI RETINA EL ESPECTÁCULO GRANDIOSO QUE OFRECE EL PUEBLO DESDE AQUÍ.” JUAN DOMINGO PERÓN, 17 DE OCTUBRE DE 1945

El 17 de octubre de 1945 se produjo una colosal manifestación popular espontánea en Buenos Aires y varios otros puntos del país, exigiendo la liberación inmediata de Juan Domingo Perón, en ese entonces Coronel, quien primero había sido forzado a renunciar a sus cargos de vicepresidente, secretario de Guerra y secretario de Trabajo, y luego puesto prisionero en la Isla Martín García. Ese 17 de octubre nació el peronismo, el movimiento de masas alrededor de las figuras de Perón y Evita que tantas pasiones a favor y en contra ha acumulado de forma creciente con el paso de las décadas, y que dotó de entidad a una clase social hasta entonces relegada: la clase obrera, que fue incorporada por primera vez a la vida política del país. El 17/10/1945 nacía, en palabras de John William Cooke, ''el hecho maldito del país burgués''

Al comenzar octubre del '45, Perón ocupaba tres cargos en el gobierno de facto de Edelmiro Farrell, el último de los presidentes de la llamada ''Revolución del '43'': vicepresidente, secretario de Guerra y secretario de Trabajo.

Es en esta última esfera en la que Perón había ganado notoria popularidad, por la intensa promoción de los derechos laborales que llevó adelante. Es en esta época en que empezó a desarrollarse gran parte del programa sindical histórico. Perón, desde esta secretaría, consiguió:

   * La extención de la indemnización por despido de los empleados de comercio a todos los trabajadores

   *La creación de los tribunales de trabajo

   *Una ampliación sin precedentes de los beneficiarios de la jubilación, sumando dos millones de personas al sistema previsional.

   *La creación de las Escuelas Técnicas dirigidas a obreros

   *La sanción del Estatuto del Peón de Campo

   *La firma, entre 1944 y 1945, de 470 convenios colectivos de trabajo que alcanzaron a 3.5 millones de trabajadores

   *La derogación del decreto que reglamentaba los sindicatos, ley sancionada al comienzo de este mismo gobierno militar.

En este contexto de conquistas laborales, los sindicatos tuvieron un enorme crecimiento, y comenzaron a afiliar masivamente a los ''nuevos trabajadores'', aquellos migrantes que llegaban a la ciudad desde el interior, los ''morochos'', los ''grasas'' y ''cabecitas negras'', según las clases medias y altas, históricamente confundidas en cuanto a su identidad de clase (un concepto que, a partir del 17 de octubre, tomó una significación muy intensa y especial).

En julio de 1945, el nombre de Perón era coreado en un acto masivo del sindicalismo en el que lo pedían como candidato a presidente. Esta movilización en el centro de la capital fue ''respondida'' en septiembre del mismo año por otra llevada adelante por sectores medios y altos, la ''Marcha de la Constitución y la Libertad'', que congregó a 200 mil personas para marchar desde el Congreso a Recoleta, apoyando al ex-presidente dictatorial Arturo Rawson (quien en 1943 desplazó con un golpe a Ramón Castillo, el último presidente ''semilegal'' de la llamada ''Década Infame''). Rawson días después intentaría un planteo militar, sin éxito. Si, esta ''marcha y contramarcha'' resulta familiar, sobre todo en esta última década.

Pero el 8 de octubre hubo un fuerte enfrentamiento entre Perón y el jefe de Campo de Mayo, el general Eduardo Ávalos. Tras una votación entre los oficiales jerárquicos del ejército se decide exigirle a Perón la renuncia quien, como dijimos, ejercía tres cargos y crecía en protagonismo y en popularidad. Al día siguiente, el coronel Perón renunció a todos ellos, pero obtuvo autorización para dar un discurso desde el balcón de la Secretaría de Trabajo. Ese discurso, en el que detalló un extendido programa de revindicaciones laborales, generó enorme repercusión.

El día 11, el general Ávalos asumió el cargo de Ministro de Guerra lo que, en la práctica, era asumir las riendas del país, ya que para ese entonces Farrell no tenía poder alguno. La noche de ese mismo 11 de octubre, 300 oficiales se reunieron en el Palacio Paz para debatir qué rumbo debía seguirse, si ''limpiaban'' o no a Farrell de la presidencia, e incluso se barajó la posibilidad de entregarle el gobierno a la Corte Suprema de Justicia. Pero las dos cosas más importantes que se decidieron esa noche fueron (1) el llamamiento a elecciones y (2) la detención y el procesamiento de Perón, debido a su crecimiento entre los trabajadores y sindicatos, debido a lo que consideraban ''maniobras políticas'' de su parte, y a acciones que, a su juicio, no eran ''acordes a la tradición militar''.

El 12, Farrell ordenó la detención de Perón y la policía fue a buscarlo a su departamento. Luego lo trasladaron a la Isla Martín García.

Desde la prisión, Perón escribió cartas que dan cuenta que su intención era recobrar rápidamente su libertad para casarse con Eva y desaparecer del foco de atención político.

A partir de allí, comenzó la reacción: el 15 de octubre se declararon huelgas generales en Tucuman y Rosario, y masivas movilizaciones en Berisso, Ensenada, Valentín Alsina, Lanús, Avellaneda y varias otras ciudades del sur bonaerense. En todas ellas, la exigencia común era la liberación de Perón.

El 16 la CGT decidió convocar a huelga para el día 18. Pedían llamar a elecciones, el mantenimiento de las conquistas laborales, y también la liberación de los presos políticos. Pero, paradójicamente, no mencionaban a Perón. Es que muchos de sus dirigentes no simpatizaban con él, sobre todo el sector ligado a los partidos comunista y socialista que lo identificaban con el nazismo y pedían su destitución, en coincidencia con lo que pedía la embajada norteamericana.

La CGT no auspició la movilización del histórico 17/10, pero está claro que la declaración de la huelga sirvió para impulsar a sindicatos y a los trabajadores en general, que estaban en alerta, a concretar las acciones que planeaban.

En la madrugada del día 17 comenzó una movilización nunca antes vista de trabajadores de La Boca, Barracas, Parque Patricios y de los barrios populares del oeste porteño. También fue muy grande el número de trabajadores de Berisso, ciudad de trabajadores de frigoríficos por excelencia, que tomó las calles.

Los trabajadores no ingresaban a las fábricas y talleres e iban recorriendo los establecimientos vecinos llamando a abandonarlos a quienes se encontraban en ellos. Marchaban con cantos a favor de Perón, tomando las principales calles de la capital y dirigiéndose hacia el centro. La acción era enorme, multitudinaria, y sin precedentes, pero prácticamente no tenía coordinación. Las columnas marchaban, coreaban el nombre de Perón, sumaban trabajadores a medida que se acercaban al centro, y crecían con cada metro que avanzaban.

La policía no opuso resistencia alguna, e incluso se ha dicho que muchos de los efectivos policiales celebraban junto a los obreros manifestantes las consignas de la movilización, que nada tenían que ver con el reclamo de la CGT. La descomunal masa que se manifestó el 17 de octubre pedía sólo un par de cosas: libertad a Perón, y poder a Perón.

Ávalos veía con preocupación la marcha de los manifestantes, pero confiaba que se disolvería por sí sola, razón por la cual decidió no movilizar las tropas de Campo de Mayo como le solicitaban algunos jerarcas del Ejército y la Marina. Pero la cosa lejos de descomprimir, cada vez era más colosal. Así que ante este escenario de situación sí accedió a hacer caso a sus colegas militares y accedió a entrevistarse con Perón en el Hospital Militar de Palermo, a donde había sido trasladado por cuestiones de salud.

La reunión fue corta y el pacto producto de la negociación fue claro: Perón hablaría a los manifestantes para tranquilizarlos, no haría referencia a su detención, y haría que se retiraran, y obtendría que se retiraran. Avalos garantizó la renuncia de todo el gabinete y solicitaría su retiro.

A las 11 de la noche Perón salió a un balcón de la Casa de Gobierno, agradeció la presencia de las masas, recordó su labor en el gobierno, e informó sobre su pedido de retiro. Además, prometió seguir defendiendo los intereses de los trabajadores. Finalmente, tal lo pactado, pidió a los concurrentes que se desconcentraran en paz, a la vez que les solicitaba que cumplieran el paro del día siguiente. A continuación un fragmento de aquel histórico discurso:

Sobre la cantidad de personas que se movilizaron, lógicamente, hay mucho disenso y controversia. Lo que está claro es que fue una manifestación enorme, sin precedentes para la fecha, y sobre todo teniendo en cuenta su espontaneidad. Algunas fuentes hablan de ''millones'' de personas, y otras dan cifras menores. El historiador Felix Luna habla de entre 200 y 300 mil personas. La propaganda peronista posterior se aferró a la cifra de medio millón, que surgió de Eduardo Colom en la crónica del diario La Época.

''Y ahora, para compensar los días de sufrimiento que he vivido, yo quiero pedirles que se queden en esta plaza, quince minutos más, para llevar en mi retina el espectáculo grandioso que ofrece el pueblo desde aquí''. Juan Domingo Perón, 17/10/1945

Esta es la transcripción completa del discurso de Juan Domingo Perón aquel histórico 17 de octubre de 1945:

Trabajadores: hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor a que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino. Dejo, pues, el sagrado y honroso uniforme que me entregó la patria para vestir la casaca del civil y mezclarme con esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza del país. Con esto doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal de la patria: el ejército. Y doy también el primer abrazo a esta masa inmensa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, al que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la patria, el mismo pueblo que en esta histórica plaza, pidió frente al Cabildo que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda someter a esta masa grandiosa en sentimiento y en número. Esta es la verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha a pie durante horas para llegar a pedir a sus funcionarios que cumplan con el deber de respetar sus auténticos derechos.

(“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”)

Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el renacimiento de una conciencia de los trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Nación. Hace dos años pedí confianza. Muchas veces me dijeron que ese pueblo por el que yo sacrificaba mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien no lo traiciona. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, estrecharla profundamente a todos contra mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. Desde esta hora, que será histórica para la República, que sea el coronel Perón el vínculo de unión que haga indestructible la hermandad entre el pueblo, el ejército y la policía. Que sea esta unión eterna e infinita, para que este pueblo crezca en esa unidad espiritual de las verdaderas y auténticas fuerzas de la nacionalidad y del orden, que esa unidad se indestructible e infinita para que nuestro pueblo no solamente posea la felicidad, sino también para defenderla dignamente. Esa unidad la sentimos los verdaderos patriotas, porque amar a la patria no es amar sus campos y sus casas, sino amar a nuestros hermanos. Esa unidad, base de toda felicidad futura, ha de fundarse en un estrato formidable de este pueblo, que al mostrarse hoy en esta plaza, en número que pasa del medio millón, está indicando al mundo su grandeza espiritual y material.

(“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”)

¿Preguntan ustedes dónde estuve? Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes… No quiero terminar sin enviar un recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones en todas las extensiones de la patria. A ellos, que representan el dolor de la tierra, vaya nuestro cariño, nuestro recuerdo y nuestra promesa de que en el futuro hemos de trabajar a sol y a sombra para que sean menos desgraciados y puedan disfrutar mejor de la vida. Y ahora, como siempre, de vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro por ver coronada la obra que es la ambición de mi vida, la expresión de mi anhelo de que todos los trabajadores sean un poquito más felices.

(“¿Dónde estuvo? ¿Dónde estuvo?”)

Señores: ante tanta insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden cuestiones que yo ya he olvidado. Porque los hombres que no son capaces de olvidar, no merecen ser queridos ni respetados por sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto con ningún mal recuerdo. Ha llegado el momento del consejo. Trabajadores: únanse; sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse en esta hermosa tierra la unidad de todos los argentinos. Diariamente iremos incorporando a esta enorme masa en movimiento a todos los díscolos y descontentos, para que, junto con nosotros, se confundan en esta masa hermosa y patriota que constituyen ustedes. Pido, también, a todos los trabajadores que reciban con cariño mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que han tenido por este humilde hombre que les habla. Por eso, les dije hace un momento que los abrazaba como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido por mí los mismos pensamientos y los mismos dolores que mi pobre vieja habrá sufrido estos días.

Confiemos en que los días que vengan sean de paz y de construcción para el país. Mantengan la tranquilidad con que siempre han esperado aún las mejoras que nunca llegaban. Tengamos fe en el porvenir y en que las nuevas autoridades han de encaminar la nave del Estado hacia los destinos que aspiramos todos nosotros, simples ciudadanos a su servicio. Sé que se han anunciado movimientos obreros. En este momento ya no existe ninguna causa para ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a su trabajo. Y por esta única vez, ya que nunca lo pude decir como secretario de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres de bien y de trabajo, que son la esperanza más pura y más cara de la patria.

(“¡Mañana es San Perón! ¡Mañana es San Perón!”)

He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que al abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que ustedes, obreros, tienen el deber de proteger aquí y en la vida a las numerosas mujeres obreras que aquí están. Finalmente, les pido que tengan presente que necesito un descanso, que me tomaré en Chubut, para reponer fuerzas y volver a luchar codo con codo con ustedes, hasta quedar exhausto, si es preciso. Y ahora, para compensar los días de sufrimiento que he vivido, yo quiero pedirles que se queden en esta plaza, quince minutos más, para llevar en mi retina el espectáculo grandioso que ofrece el pueblo desde aquí.

Luego del discurso, Perón fue liberado y pudo retomar su lucha política. Desde entonces, cada 17 de octubre es celebrado casi religiosamente por los adeptos al peronismo, como fecha fundacional de una nueva fuerza política alrededor de un nuevo gran líder carismático, con una ideología, prácticas y liturgias propias, que no ha hecho más que sumar y sumar adeptos y detractores con el paso de los años y las décadas.

''A partir del 18 de octubre de 1945 ya nada será igual y el sueño de un país como una estancia culta y una colonia próspera para un puñado de familias, se romperá para siempre'' Carlos Ciappina, profesor titular de la Cátedra Historia Contemporánea de América Latina de la Universidad Nacional de La Plata

El 17 de octubre, además, marca la incorporación de la clase obrera a la vida política del país. Y también, probablemente, sea la fecha en que la ''grieta'' que divide a Argentina (una grieta que no es nueva ni descubrió Lanata) haya adoptado la forma de la antinomia más fuerte de la historia política del país: la de peronismo vs. antiperonismo. La vigencia de esta antinomia es absoluta, que es simplemente una forma corpórea (entre otras posibles) de la grieta que existe desde que existe la lucha de clases.

FELIZ DIA DE LA LEALTAD PERONISTA, NO A LOS DIRIGENTES SINO AL PROYECTO NACIONAL Y POPULAR!!!

FUENTE: CÓDIGOPLURAL

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Discurso de Perón el 17 de octubre de 1945 Julio Molisano Reporte24