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ESCOCIA Y CATALUÑA: VOTAR POR LA INDEPENDENCIA EN TIEMPOS DE CRISIS UNDO - ANUARIO 2014 ESCOCIA Y CATALUÑA: VOTAR POR LA INDEPENDENCIA EN TIEMPOS DE CRISIS UNDO - ANUARIO 2014 julio molisano reporte24
30
Diciembre

ESCOCIA Y CATALUÑA: VOTAR POR LA INDEPENDENCIA EN TIEMPOS DE CRISIS Destacado

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Publicado en Internacionales

UNDO - ANUARIO 2014

Ambos países fueron a las urnas este año, en dos procesos que pusieron de manifiesto que el auge de los nacionalismos periféricos en el Reino Unido y España tuvo mucho que ver con una respuesta a las políticas neoliberales dictadas desde los gobiernos centrales.

El pasado 18 de septiembre los escoceses votaron en un referéndum pactado con Londres en el que el “no” a la secesión se impuso con un 55% de los votos, un ventaja bastante superior a la que vaticinaban las encuestas los días previos a la votación.

Por su parte, los catalanes participaron el 9 de noviembre (9N) en una consulta simbólica, celebrada bajo prohibición, en la que un 87% apoyó la separación de España.

Ambos procesos de votación, más allá de las especificidades propias, se desarrollaron en una coyuntura similar: la persistente crisis económica europea y la respuesta hegemónica neoliberal a esa crisis.

Después de años de desilusión y hartazgo con las políticas de ajuste dictadas por el poder central de Londres, en manos de laboristas y conservadores, en 2011 los escoces le dieron una amplia mayoría al Partido Nacionalista Escocés (SNP, en sus siglas en inglés) de Alex Salmond en el parlamento autónomo. Desde esa posición, el ya ex líder de los nacionalistas desafió a Londres y en 2012 llegó a un acuerdo con el primer ministro británico, el conservador David Cameron, para celebrar un referéndum.

Ambos procesos de votación, más allá de las especificidades propias, se desarrollaron en una coyuntura similar: la persistente crisis económica europea y la respuesta hegemónica neoliberal a esa crisis Entonces, el sueño independentista del SNP contaba con el 30% de los apoyos. En los días previos al referéndum, la opción de la secesión se planteaba como factible en las encuestas, aunque los resultados luego lo desmintieron, con una ventaja del "no" de diez puntos.

Los separatistas llamaron a los escoceses a “tomar las riendas de su futuro”, mientras prometían que, con el control de los recursos de petróleo y gas del Mar del Norte, Escocia sería un país próspero, con mejores servicios públicos.

A diferencia de lo que ocurre en Cataluña, el SPN, de tradición socialdemócrata, logró identificarse, -y lo hizo desde su gestión en el poder-, con la defensa del modelo social del Estado de Bienestar europeo, situándose a la izquierda del laborismo.

No resultó llamativo que la ciudad de Glasgow, histórico bastión laborista, donde las políticas de ajuste hicieron estragos y la tasa de desempleo dobla la del resto del país, se haya volcado a favor de la independencia.

Escocia decidió permanecer en el Reino Unido pero el referéndum marcó un antes y un después debido a que, presionados por las encuestas, los partidos unionistas –conservadores, laboristas y liberal-demócratas- se vieron obligados a prometer un mayor autogobierno para evitar la secesión.

En menos de tres meses, la comisión creada para ese fin emitió el 27 de noviembre un informe que recomienda otorgar al parlamento escocés nuevas competencias como la recaudación del impuesto a la renta, medidas que el SNP considera insuficientes. Este proceso, no obstante, recién tomará mejor forma tras las elecciones al parlamento de Westminster, en mayo de 2015.

La derrota del referéndum no debilitó al SNP. Por el contrario, bajo el liderazgo de la nueva ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, elegidacomo sucesora de Salmond en el SNP el 14 de noviembre y quien asumió su cargo al frente del parlamento escocés el 19 de noviembre, no para de crecer en las encuestas.

A diferencia de Escocia, donde el SNP siempre lideró el proceso que desembocó en el referéndum, en Cataluña la sociedad civil tomó la delantera en el reclamo de un Estado independiente, y lo hizo desde la reivindicación de una necesidad de democratización.

En 2012, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) –una entidad civil acusada de estar financiada e impulsada por sectores políticos soberanistas- logró sacar a la calle a 1 millón de personas; y desde entonces la movilización no paró de crecer. Ese mismo año, el presidente nacionalista Artur Mas, quien había estado a la vanguardia del ajuste, convocó elecciones anticipadas y se puso al frente del reclamo independentista.

A finales de 2013, el gobierno catalán anunció su intención de celebrar un referéndum al estilo escocés el 9 de noviembre de 2014, pero el gobierno español de Mariano Rajoy se opuso frontalmente argumentando que no era compatible con la Constitución, que proclama al pueblo español como único sujeto soberano.

A lo largo de 2014, se sucedieron iniciativas por parte del gobierno catalán para llevar a cabo esa consulta, todas vetadas por Partido Popular (PP) de Rajoy a través del parlamento y los tribunales. El 8 de abril el Congreso de los Diputados rechazó conceder poderes a Cataluña para celebrar un referéndum) y el 29 de septiembre el Ejecutivo español recurrió ante el Tribunal Constitucional (TC) una ley de consulta catalana y el decreto que convocaba la consulta del 9N, con lo que la cita fue suspendida.

Pero llegó el 9 de noviembre y Artur Mas decidió desafiar un veto del Tribunal Constitucional y celebró finalmente una consulta sobre la independencia de la norteña región, aunque rebajada a una votación simbólica.

Acudieron a las urnas más de 2,3 millones de catalanes -35% del electorado- y una mayoría abrumadora dijo “sí” a la separación.

Tras la consulta, Rajoy y Mas radicalizaron sus posturas, éste último presentando el 25 de noviembre un una nueva "hoja de ruta" que consiste en celebrar elecciones regionales, previsiblemente en 2015, en las que el frente soberanista debería acudir en una lista única, que de ganar, tendría legitimidad para avanza hacia la secesión en un horizonte de 18 meses.

Tanto en Escocia como en Cataluña el independentismo está más vivo que nunca, ya que su espectacular ascenso se nutre principalmente del descontento social con las medidas adoptadas por gobiernos centrales de Londres y Madrid, convertidos ejecutores de las directrices del poder de facto que ejercen los mercados a través de instituciones difusas para los ciudadanos como la troika (FMI-BCE-CE), carentes de legitimidad.

Y si bien existen factores culturales e históricos que sustentan ambos procesos, la clave del éxito que están teniendo las elites que los lideran es que su proyecto nacionalista no se fundamenta en la cuestión exclusivamente identitaria sino en una concepción moderna basada en los derechos ciudadanos, en la idea de que la ciudadanía debe poder decidir que quiere para su comunidad.

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