R24 EN VIVO

 
30
Junio

COMERCIO

El anuncio se concreta tras el fuerte reclamo que el Gobierno vienen realizando desde hace años y levanta la barrera que desde hace cerca de 15 años impide el ingreso de cortes argentinos al país del norte.

El gobierno de los Estados Unidos anunció que “permitirá la importación de carne fresca" proveniente de Argentina, levantando de esta forma la barrera que desde hace cerca de 15 años impide el ingreso de cortes argentinos al país del Norte.

El anuncio, concretado por el Servicio de Inspección de Salud Animal y Vegetal (APHIS, según su sigla en inglés) del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), se concreta tras el fuerte reclamo que el gobierno argentino viene realizando por este tema desde hace años y que incluye una presentación ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), cuyo desenlace sería inminente y sería favorable a nuestro país.

23
Junio

RUBÉN AGUIRRE, EL QUERIDO ACTOR DEL CHAVO DEL 8, DEBIÓ ABANDONAR EL HOSPITAL DONDE SE ECONTRABA INTERNADO PORQUE NO PODÍA PAGARLO.

Rubén Aguirre, el actor que inmortalizó al recordado Profesor Jirafales, está pasando el momento más difícil de su vida. El artista mexicano pasa un delicado momento de salud y está en bancarrota.

Según se informó, Aguirre padece una larga enfermedad que le consumió todos los ahorros, y ahora ya no puede pagar sus días de internación en un sanatorio mexicano.

Fue su hija Verónica quien dio a conocer el triste momento de salud que pasa el creador del personaje de Chespirito: "A mi papá ya no lo reciben en el hospital sin una garantía de pago. Tiene 9 o 10 años en retiro y a la Asociación nunca quiso serle oneroso. Se solventó sus gastos, pero de un tiempo para acá ha necesitado a su sindicato".

"Mi padre salió sin haber recibido atención médica, dejó el hospital para no seguir causando gastos", afirmó la hija de Aguirre.

Rubén Aguirre sufre de diabetes, tiene cálculos en la vesícula y problemas en su columna vertebral, es por eso que su estado requiere atención médica las 24 horas del día.

23
Junio

El psicoanalista y escritor argentino Gustavo Dessal, radicado en España desde 1982, reflexiona en este artículo exclusivo para esta agencia sobre la obsesión por la felicidad y por la seguridad, desplazada también en la actualidad sobre la salud, componiendo un nuevo terrorismo cuyo operador principal es la medición.

Dessal es miembro de la Escuela Española de Psicoanálisis (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Es autor de un libro en conjunto con el sociólogo polaco Zigmunt Bauman y de varias novelas, de las cuales Clandestinidad y Micronesia han sido publicadas por Interzona.

Este es el texto:

Si hasta ahora hemos podido referirnos a la Historia del Pensamiento, la debilidad del pensar contemporáneo da paso a otra Historia, no completamente nueva, pero que asume rasgos inéditos: la Historia del Cuerpo. El siglo XXI inaugura un nuevo paradigma del cuerpo, que ya no es exaltado por la pasión cristiana sino convertido en uno de los objetivos prioritarios de la industria posmoderna de la felicidad.

Desde los albores de la humanidad, la felicidad ha sido un objeto de la reflexión filosófica, es decir, un concepto abordado con los instrumentos del pensamiento, sometidos ellos mismos a la relatividad de las épocas, las ideologías y los condicionamientos culturales. En las últimas décadas la tendencia comienza a cambiar, y la felicidad ya no es un objeto disputado por el debate político, ético o psicológico, sino que se ha convertido en un campo de experimentación y análisis científico.

La aspiración consiste en suponer que los instrumentos de la ciencia y la técnica pueden ponerse al servicio de la construcción de un modelo objetivo de felicidad, una felicidad que no dependa de lo que el sujeto siente, sino que se propague como una fórmula apoyada en funciones inobjetables, no sometidas a las variabilidades culturales, subjetivas o locales, sino elevadas a la categoría de una verdad absoluta, respaldada por el conocimiento pretendidamente científico, término que ha ido cobrando la sacralidad que hasta no mucho tiempo era solo patrimonio de las religiones. Haciendo gala de una extraordinaria clarividencia, el revolucionario francés Saint Just (uno de los protagonistas de la Revolución Francesa) llegó a proponer que la felicidad era una cuestión política, adelantándose casi doscientos años al pensamiento biopolítico actual.

No obstante, las transformaciones de la cultura se suceden a un ritmo vertiginoso, y la felicidad va siendo rápidamente colonizada como un objetivo de la ciencia, o más específicamente de la técnica. Y dado que la satisfacción es inconcebible sin la dimensión del cuerpo (incluso en aquellas satisfacciones que suelen considerarse propiamente sublimadas o intelectuales), ahora se trata de concentrarse en él, de exaltarlo, pero no a través de la promoción perversa del dolor y la llaga, de la concupiscencia y el pecado, sino como destinatario de la promesa de bienestar supremo. El discurso contemporáneo ha abonado el terreno para cultivar la ideología de la salud, a fin de hacerle rendir los frutos que alimenten los dictámenes del mercado. Todas las piezas de la maquinaria neoliberal se han puesto en funcionamiento, alentadas por el evangelio de la seguridad, que no solo se ocupa de la prevención de los atentados terroristas sino también de los enemigos que asaltan nuestro organismo.

La vida sana es una grandiosa industria que demuestra la extraordinaria plasticidad del capitalismo, su inédita astucia para obtener plusvalía mediante un cambio permanente de estrategia, conforme a las necesidades del momento. En los Estados Unidos McDonald’s va desapareciendo poco a poco, y en su lugar florecen nuevas cadenas que nos atan a la servidumbre de la comida sana, ecológica y limpia. El fracking y la minería a cielo abierto, sin escatimar todo el cianuro necesario, conviven con las empresas eco friendly dedicadas a reparar esos daños, y todas tienen muchos accionistas en común. Pero ahora hay una convergencia cada vez mayor en la venta de la prosperidad corporal, por el bien de los usuarios y la alegría de muchas corporaciones. El negocio del cuerpo busca la justa medida de los goces que le convienen, y la eternidad ya no pertenece al reino de los cielos, sino al esfuerzo denodado de la ciencia por regalárnosla aquí en la tierra. Por supuesto, el lector sabrá apreciar el carácter figurado de esta última frase, puesto que en este mundo no se regala nada, todo se compra y se vende, sin desestimar al mismo tiempo la innegable democratización de la técnica, que pone el bienestar cada vez más al alcance de los bolsillos poco abultados.

Fumar y ser gordo no solo es malo para la salud. Lo es, y afirmo no formar parte del contraterrorismo que propaga la idea de que el cáncer de pulmón, la diabetes y las enfermedades coronarias son un invento de la Big Pharma para vendernos sus productos. Pero estar sano no solo es ahora un objetivo razonable, sino un imperativo moral, un propósito que debe conseguirse por todos los medios, porque la enfermedad y la muerte ya no tienen cabida en la mentalidad contemporánea.

En los últimos años, un grupo de informáticos, periodistas e investigadores, han puesto en marcha un importante movimiento que posee ya ramificaciones en todo el mundo: The Quantified Self (El yo cuantificado, http://quantifiedself.com), que agrupa a miles de personas dedicadas al selftracking, un neologismo que se traduce más o menos como autorastreo. Con la ayuda de toda clase de instrumentos técnicos de medición que pueden llevarse cómodamente en el cuerpo (relojes, pulseras, brazaletes, sensores térmicos y acelerómetros), los adeptos al Quantified Self dedican gran parte de su tiempo a medirlo todo: el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, el número de pasos andados, las características del sudor.

La filosofía es muy simple: todo aquello que puede medirse, debe ser medido. O como lo expresa Gary Wolf, uno de los fundadores del movimiento: Se trata de una prueba que comienza por una persona muy importante: tú mismo. Desde luego, la sacralización del yo no es algo que Gary Wolf haya inventado. Su mérito, junto con el de sus colegas, consiste en promover una presunta objetivación del narcisismo. Todas las constantes que se evalúan, no solo implican para ellos la búsqueda de la salud física, sino que suponen la posibilidad de encontrar el algoritmo de la felicidad. El propósito último es la gigantesca acumulación de datos que presuntamente nos ayudarán a construir un mapa personalizado de cada organismo, y a penetrar en los pliegues secretos donde se inician los mecanismos del humor, los yacimientos escondidos que fabrican la química de nuestros estados de ánimo, emociones y deseos.        

En su artículo The measured man (El hombre medido) Mark Bowden, figura destacada del periodismo norteamericano, narra la saga de Larry Smarr, uno de los héroes más aclamados por el movimiento Quantified Self. Astrofísico, padre fundador de las investigaciones que condujeron a la creación de Internet, este genio laureado con todos los honores internacionales a los que un científico puede aspirar abandonó hace años el rastreo del cosmos para dirigir su enfoque hacia un universo más apasionante e infinito: la materia fecal. Larry mide diariamente todos los marcadores orgánicos de su cuerpo: temperatura, ritmo cardíaco, presión arterial, análisis de sangre y de orina, pero su pasión fundamental se centra en sus propios excrementos, de los que extrae muestras permanentes que envía a los laboratorios para guardarlas más tarde en un gran congelador.

Citémosle, puesto que sus palabras, pese a referirse a sus desperdicios, no tienen por el contrario desperdicio alguno:

¿Se ha preguntado alguna vez -dice dirigiéndose al periodista- la riqueza de información que hay en su caca? Hay alrededor de cien mil millones de bacterias por gramo. Cada bacteria posee un ADN cuya longitud promedio es aproximadamente de diez megabases, digamos que un millón de bytes de información. Eso significa que la materia fecal humana tiene una capacidad de datos de aproximadamente cien mil terabytes de información acumulada en cada gramo. Eso es infinitamente más información de la que contiene el chip de su smartphone o su PC. De modo que la caca es muchísimo más interesante que un ordenador. Larry habla con indisimulado entusiasmo sobre su caca, y no tiene reparos en abrir su congelador para mostrar las miles de muestras que almacena. Larry, posiblemente sin saberlo, no solo es el hombre medido, sino la metáfora viva del núcleo más profundo del capitalismo: una sistema cósmico, un universo cerrado y regido por fuerzas incontrolables, que gira alrededor de un núcleo central: la mierda.

Larry acumula mierda, pero enseña que la mierda no solo es riqueza, oro puro, como Freud supo demostrarlo al echar luz sobre la equivalencia entre el dinero y las heces, sino también una fuente inagotable de datos. Caca=datos=dinero, es la fórmula final y definitiva de la civilización contemporánea, donde todo (incluida la caca) es mercancía aprovechable y negociable, sin olvidarnos de que en el conjunto se incluye a los seres humanos como desechos potenciales o realizados, según las circunstancias. En el gran manicomio global, el cuerpo pude ser secuestrado para experimentos farmacológicos (de los que (Joseph) Mengele fue el pionero indiscutible) o puesto en el circuito de la salud compulsiva. La diferencia depende en gran parte del lugar donde a cada cuerpo le ha tocado nacer.

El músculo financiero es un fabuloso esfínter virtual que retiene, acumula o evacúa, según los ritmos poderosos del mercado. Larry mide los índices de su cuerpo con más ahínco y rigurosidad que los Down Jones, Nasdaq, Nikkei o Ibex 35, pero la esencia es la misma: la acumulación de capital y de mierda, indistintos en su materialidad informativa.

Por fortuna, en el manicomio global no faltan algunas voces reflexivas. El doctor H. Gilbert Welch, profesor de medicina en el Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice (Instituto Dartmouth de Política Sanitaria y Práctica Clínica) escribió un libro titulado Overdiagnosed: making people sick in the pursuit of health (Sobrediagnóstico: cómo enfermar a la gente en la búsqueda de la salud) en el que se muestra escéptico sobre las nuevas tecnologías aplicadas a la promoción delirante de la salud. Los datos no son información. La información no es conocimiento. Y desde luego, el conocimiento no es sabiduría. Es probable que Welch no haya leído a (Jacques) Lacan, pero no lo ha necesitado para afirmar que aunque suene contradictorio, la anormalidad es normal. Toda medición del cuerpo necesariamente acabará por hallar algo que va mal. La esencia de la vida es la variabilidad. El monitoreo constante es una receta para todos que nos juzga como enfermos. De ese modo, se promueve el intervencionismo. Y el intervencionismo, aclara, nunca está exento de riesgos. La sociedad que nunca jamás se empeñó tanto y tan obsesivamente en la prevención de los riesgos, está sórdidamente empujada hacia un horizonte que los multiplica, creándose de este modo un movimiento circular que nadie sabe cómo detener.

Kevin Ashton, un informático británico del MIT, creó el término internet de las cosas para designar la red que vincula objetos físicos (cosas) provistos de componentes electrónicos, sensores y conectividad, capaces de intercambiar datos entre sí y con un operador a distancia. Por cosas se entiende una gran variedad de dispositivos, desde monitores cardíacos implantados en el cuerpo, biochips insertados en personas o animales, sistemas de termostato o lavavajillas activados y monitorizados desde el teléfono móvil. Pero por si acaso nos faltaba alguna cosa por medir, controlar y vigilar en el panóptico de la red, el mercado ya lo ha encontrado mucho antes que usted lo imagine.

La compañía Sproutling, con sede en San Francisco, agotó los pedidos de sus monitores para bebés antes de que salieran a la venta. Una suave banda elástica que se coloca en uno de los tobillos del bebé mide la temperatura, el ritmo cardíaco y respiratorio, los movimientos cuando duerme, y es incluso capaz de predecir en cuánto tiempo el niño habrá de despertarse, a fin de que sus padres puedan planificar mejor sus tareas. Todo ello queda registrado y llega de inmediato a la pantalla de un dispositivo móvil IOS o Android que los progenitores revisan constantemente. Los padres -en especial los primerizos- son el blanco fundamental y explícito de estos nuevos objetos de consumo bendecidos por el credo de la seguridad. Cada vez que un dato evidencia algo anómalo, suena una alarma. La frecuencia de falsos positivos es tan grande, que muchos padres viven angustiados durante el día y no logran dormir por la noche, produciéndose el efecto exactamente contrario al esperado: que el internet de las cosas contribuya a aumentar la inquietud de los tecnoprogenitores, en lugar de aliviarla.

El fantasma que se agita en el fondo de esta moderna locura de control (que incluye el uso de pañales inteligentes que analizan la orina del bebé y envían los datos de los marcadores bioquímicos al smartphone) es el temor al síndrome de muerte súbita, una enfermedad de causa desconocida, y que para la que ningún dispositivo de control preventivo posee la más mínima utilidad. Para colmo, los bebés perfectamente normales tienen variaciones cardíacas y respiratorias frecuentes que obsesionan a los padres, obligándolos a aumentar la frecuencia con la que -presa de la angustia latente- consultan sus pantallas, literalmente desbordados con datos que exceden por completo la capacidad de ser comprendidos, analizados y transformados en una intervención sensata.

Los médicos son por ahora escépticos respecto de la utilidad de estos aparatitos, puesto que incluso los monitores hospitalarios dotados de una tecnología cien veces más sofisticada suelen enviar datos erróneos o falsas alarmas. Sin embargo, los fanáticos del selftracking, no conformes con rastrearse a sí mismos, admiten en su site Quantifiedbabies su obsesión por rastrear a nuestros pequeños (sic). Su lema, expuesto en la página de inicio, reza: Somos padres que nos cuantificamos a nosotros mismos, empleando todos los instrumentos, desde Fitbit a Withings. Queremos aplicar el mismo rigor [sic] a aquellos que no pueden aplicárselo a sí mismos: nuestros hijos.

En el año 2004, el psicoanalista francés Jaques-Alain Miller y el filósofo Jean Claude Milner publicaron el libro ¿Desea usted ser evaluado?, en el que analizaban y advertían sobre la verdadera voluntad aniquiladora de la subjetividad que subyace a la ideología de la medición absoluta. Kevin Gaut, Julia Nacsa y Marcel Penz, investigadores de la Universidad de Umea en Suecia, crearon un experimento denominado Baby Lucent para estudiar los peligros potenciales generados por los dispositivos para bebés: el aumento de la angustia en los padres, la inhibición de lo que consideran intuición parental y el incremento de la distancia entre padres e hijos. Durante los años cincuenta, siguiendo las huellas del descubrimiento freudiano, Lacan propuso una teoría para demostrar que lo específicamente humano de la comunicación entre el bebé y la madre (entendiéndose aquí por madre cualquier figura que cumpla dicha función) es el proceso por el cual el grito del bebé, provocado por el estímulo de una necesidad orgánica, es decodificado por el adulto, es decir, transformado en un significado humano, subjetivo, y por lo tanto encriptado según el modo en que es traducido por el receptor.

Este pasaje del grito a su encriptación significativa, lejos de realizarse según un patrón de análisis algorítmico de datos, se procesa conforme al inconsciente de la madre, lo cual da lugar a la mayor equivocación de la existencia: que la respuesta que el bebé obtiene le reserva siempre una satisfacción fallida. Pero la paradoja consiste en que de no mediar esa falla originaria los seres hablantes no tendríamos deseos, puesto que los deseos son el residuo reactivo que sedimenta como resultado de esa frustración inevitable, y que forma el lecho vital de todo sujeto humano, el verdadero y constante motor de búsqueda.

A pesar de los esfuerzos de Miller y Milner, la respuesta a la pregunta que dio título a su brillante ensayo es: Sí. Todos queremos ser evaluados, medidos, tasados, confiados a la supuesta infalibilidad de los datos, las cifras, las estadísticas, la falsa objetividad con la que se pretende “iluminar” los rincones opacos y sutiles del ser hablante. Aunque es pronto para aventurarse, no podemos descartar que el internet de las cosas, en su aspiración por obtener una lectura del grito primario limpia y libre de las impurezas del deseo de la madre, pueda ser un factor determinante en la causalidad de la psicosis infantil. Lo que sí es posible afirmar sin temor a equivocarse, es que el triunfo de la religión previsto por Lacan no proviene de una reacción al sinsentido del discurso científico-técnico. Ese discurso es ahora la religión, la única y la verdadera.

07
Junio

El Día del Periodista fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas.El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la “Gazeta de Buenos Ayres”, primer periódico de la etapa independentista argentina. La Primera Junta indicó por decreto su fundación por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

El primer periodista argentino fue revolucionario, independentista e ilustrado. Y también fue asesinado cuando tenía 32 años.

¿Casi 200 años después queda algo de ese fuego sagrado?

Todos los 7 de junio se celebra en la Argentina el Día del Periodista, en conmemoración de la aparición del periódico “La Gazeta de Buenos Ayres”, cuyo fundador, Mariano Moreno, es recordado por varios motivos ligados a su actividad política, que habitualmente soslayan su vocación periodística. El ejercicio del periodismo por parte de Moreno, muchas veces se ha puesto en duda con el argumento que señala a “La Gazeta” como un mero órgano del primer gobierno patrio, en lugar de un periódico independiente. Incluso en la educación formal de la Argentina muchas generaciones creyeron que efectivamente el periódico fundado por Moreno, respondió única y exclusivamente a los designios del gobierno surgido de la revolución del 25 de mayo de 1810.

Casi 200 años después, nuevos historiadores están planteando que la importancia de “La Gazeta”, radica justamente en eso. En haber sido un órgano de un gobierno revolucionario e independentista, que armonizó de manera magistral las tendencias del periodismo europeo y que además sirvió para dar a conocer al pueblo el pensamiento de los intelectuales europeos del llamado “Siglo de las luces”, como Jean Jacques Rousseau, quien en su “Contrato Social” postulaba: “El hombre es libre, pero en todas partes se halla encadenado”.

El historiador de la llamada “Nueva Historia Argentina”, Felipe Pigna, escribió el libro “Los mitos de la Historia Argentina”, en donde polemiza frontalmente con la llamada “historia oficial”, -también denominada “historia liberal” o “historia mitrista”-, y recupera para las nuevas generaciones, algunos personajes o situaciones del pasado, -hábilmente “olvidadas” de los manuales y libros con los que se enseña la materia-, como el asesinato de Tupac Amaru, la venganza histórica que ejercieron Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo en el Alto Perú, el Manuel Belgrano que muere pobre (pero que Pigna recuerda que “nace rico”) por la causa de la independencia y, obviamente, Mariano Moreno, “un ideólogo, un político apasionado y vehemente”, como el propio Pigna lo definió ante la consulta del DsD.

Desde este enfoque y este redescubrimiento del papel de Moreno en la historia argentina, transcribimos algunos extractos de la biografía del prócer que Pigna escribió en su página web “El historiador.com” (ver al pie). El DsD brinda a continuación – especialmente para los jóvenes periodistas y estudiantes - una reseña de la labor periodística de Mariano Moreno, el periódico “La Gazeta” y su huella en la prensa argentina de hoy.

Moreno, el periodista y “La Gazeta”

“Me parece muy bien que el 7 de junio se festeje el Día del Periodista –dice Pigna consultado por el DsD - porque si bien el primer periódico de Buenos Aires y de Argentina fue el Telégrafo Mercantil, fundado por Cabello y Mesa en 1801 que contó con la activa participación de Castelli y Belgrano; La Gazeta fue el primer periódico que perduró y reúne los atributos de un buen producto periodístico”.

El periodista Carlos Ulanovsky desde su libro “Paren las rotativas”, resalta la aparición de “La Gazeta” aquel 7 de junio de 1810. “El (Moreno) y muchos junto con él, creían que los ciudadanos debían estar al tanto de los hechos, pensamientos y conductas de sus representantes y conocerlos periódicamente, revisarlos con profundidad y hasta criticarlos con libertad”. Para Ulanovsky, “La Gazeta” ya se hacía entender desde su lema: “Rara felicidad de los tiempos en los que se puede sentir lo que se quiere y decir lo que se siente”.

“La Gazeta impulsada por Moreno, resultó fundamental para difundir las ideas jurídicas y legales alrededor de la nueva organización de poderes, así como en la instalación de otros asuntos de interés para la flamante nación: necesidad de distanciarse de España; difundir conceptos como soberanía, igualdad y libertad; consolidar la apertura del comercio y arraigar costumbres cotidianas. Todo estaba por hacerse y muchos se habían cerciorado de que los diarios podían ser un excelente vehículo. A partir de 1810, comenzó a gestarse una forma de opinión pública “expresada –dice Félix Luna- en los diarios mediante artículos o editoriales, críticos o con desarrollo de tipo conceptual, como los de Mariano Moreno. Por primera vez los diarios ponían sobre el tapete ideas revolucionarias, estimulantes”.

En cuanto al estilo de “La Gazeta”, Pigna asegura que “en aquella época, el periodismo tenía dos manifestaciones básicas en Europa: el periodismo francés, que era un periodismo ideológico con artículos de desarrollo conceptual, y el otro periodismo hispánico, que era más noticiero, más sensacionalista. Moreno articula con maestría estos dos niveles en La Gaceta”. Pigna está seguro de que “La Gazeta”, fue “muy bueno como producto, pero sobretodo muy eficaz”.

En cuanto al menosprecio que se hizo del periódico moreniano por estar subordinado al poder político, Pigna responde: “La Gazeta fue mucho más que un “house organ” de la Junta. Fue un arma, una herramienta de la Revolución. Allí, en el primer número, Moreno escribió:

‘El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de “Gazeta de Buenos Ayres’”.

Desde esa tribuna, Moreno se dio el gusto de publicar en sus páginas - a la manera de los folletines por entregas tan de moda en los periódicos europeos de la época - “El Contrato Social” de su admirado Rousseau, para que la conozca la mayor cantidad de ciudadanos posibles. “Como no desconocía el alarmante porcentaje de analfabetismo – añade Pigna - ordenó que se leyera desde los púlpitos de las iglesias, lo que puso un poco nerviosos a algunos sacerdotes contrarrevolucionarios”. En el periódico, no sólo escribía Moreno, sino otros protagonistas de la revolución de mayo, como Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

También denunció el carácter del imperio español y su conducta hacia las colonias americanas:

“(…) la fuerza y la violencia son la única base de la conquista, que agregó a estas regiones al trono español, conquista que en trescientos años no ha podido borrar de la memoria de los hombres las atrocidades y horrores con que fue ejecutada, y que no habiéndose ratificado jamás por el consentimiento libre y unánime de estos pueblos, no ha añadido en su abono título alguno al primitivo de la fuerza y la violencia que la produjeron”.

En su número 2, del 14 de junio de 1810, “La Gazeta” publicó una circular del Cabildo que decía:

“En lo sucesivo no debe haber diferencias entre el militar español y el militar indio; ambos son iguales y siempre debieron serlo”.

En tanto, en su edición del 16 de julio de 1810, denunciaba la conspiración realista contra el gobierno patrio:

“La Junta ha sabido que el Gobernador de Córdoba complotado con D. Santiago Liniers y el obispo de ella, expide circulares a todos los Gobiernos y Cabildos, provocando una división entre esta Capital y los demás pueblos de sus provincias. Este hombre imprudente, desconociendo los legítimos principios en que estriba el nuevo sistema, prefiere una general disolución del Estado, a toda innovación que pueda poner término a la opresión y violencias executadas (sic) por la ignorancia y nulidad de algunos mandatarios del poder antiguo”.

Periodismo, Moreno y después

“Al periodismo de hoy le falta el análisis, el comentario de la noticia, el ayudar a pensar al lector, y le sobra frivolidad y sensacionalismo” dice Pigna al ser preguntado sobre la huella que dejaron “La Gazeta” y Mariano Moreno en el periodismo argentino.

También es valioso aclarar, que en la revolución de mayo, Moreno tenía apenas 31 años, la misma edad, claro, que al editar “La Gazeta” mientras impulsaba el plan de gobierno. “Un Mariano Moreno que quema su vida en seis meses de febril actividad, sabiendo que el poder no da tregua y no perdona a los que se le atreven, pero que si nadie se le atreve todo va a ser peor”, escribe Pigna.

En su libro “Argentinos” el periodista Jorge Lanata muestra una visión crítica de Moreno. “¿Fue Moreno nuestro primer periodista?” se pregunta y responde negativamente. Agrega que “sin embargo, al día presente, el día del periodista se celebra bajo su advocación”.

Estos son dos parágrafos del libro de Lanata.

“El decreto de la fundación de La Gazeta, fechado el 2 de junio de 1810, llevó sólo la firma de Moreno, pero se desprende de su texto que fue discutido por toda la Junta. Cronológicamente, (Moreno) tampoco lo fue (el primer periodista). El pionero fue el español Francisco Antonio Cabello y Mesa, que el 1° de abril de 1801 lanzó El Telégrafo Mercantil. Si se lo descartara por nacionalidad, aún hay dos criollos anteriores a Moreno: Juan Hipólito Vieytes, que el 1° de septiembre de 1802 publicó El Semanario de Agricultura, Industria y Comercio y Manuel Belgrano, que a principios de 1810, dirigió el Correo de Comercio de Buenos Aires.

(…)‘¿fue Moreno un paladín de la libertad de prensa?’. La respuesta también es negativa: La Gazeta era el órgano oficial de un gobierno revolucionario, y no un periódico privado independiente. Bajo el título de ‘La libertad de escribir’, Moreno precisó lo siguiente: ‘Debe darse absoluta franquicia y libertad para hablar en todo asunto que no se oponga en modo alguno a las verdades santas de nuestra augusta religión y a las determinaciones del gobierno’”.

Si bien es cierto que hubo antecedentes a La Gazeta, el periódico de Moreno fue lo más parecido a lo que denomina hoy un “producto” periodístico, que además de tener la obligatoria periodicidad en su edición, también tuvo una determinada duración (diez años) que lo convirtieron en el primer periódico que perduró por entonces. Los anteriores intentos fueron de edición discontinua y de escasa duración.

La crítica de Lanata sobre el pensamiento de Moreno acerca de la libertad de prensa y el hecho de que sea un órgano de la revolución y no un “periódico privado independiente”, puede ser atendible, pero cae en la falacia de trasladar categorías de análisis actuales a momentos históricos absolutamente diferentes.

Una paradoja más arroja la historia de Mariano Moreno: el primer periodista argentino fue asesinado (ver biografía). Para Pigna, Moreno fue el primer desaparecido de la historia de nuestro país. Hay otros historiadores, como Fermín Chavez, que descreen de la hipótesis de asesinato de Moreno. Cornelio Saavedra fue responsabilizado por varios estudiosos por el asesinato de Moreno. Al comentar la muerte de Moreno, Saavedra dijo:

“Hacía falta tanta agua para apagar tanto fuego”

“Mariano Moreno fue asesinado y, lo que es peor, vuelve a serlo cotidianamente cuando pretenden adulterar su pensamiento y lo califican como terrorista, agente inglés, unitario, centralista y antecedente de Rivadavia. Como decía Borges, ‘la verdadera muerte es el olvido’ y hacia allí apuntan los cañones de los que aún hoy se sienten denunciados por lo que Moreno hizo, pensó, soñó y escribió allá por 1810”, escribe Pigna en su último libro

Finalmente, el “Primer Congreso Nacional de Periodistas”, celebrado en la provincia de Córdoba en 1938, estableció el 7 de junio como día del periodista.

Y un 25 de mayo de 2004, casi 200 años después de la revolución de mayo, Mariano Moreno logró salir en la portada del diario Clarín, el de mayor circulación de la Argentina. No es poco. Clarín presentó una nota donde Moreno fue elegido por varios historiadores como el prócer más significativo de la revolución de Mayo.

Esto dijeron algunos historiadores consultados en esa nota:

Miguel Ángel De Marco: “Si se lo contempla por su influencia en la difusión de las ideas inspiradoras del movimiento y el empuje que imprimió a los sucesos posteriores a Mayo, fue Moreno (el prócer más importante)”.

Luis Alberto Romero: “Mariano Moreno, por dos razones. Primero, porque es el actor principal de los sucesos de Mayo. Segundo, porque sus ideas trascienden ampliamente el contexto de la Revolución de Mayo y fundamentan una de las perspectivas más creativas para la sociedad que estaba constituyéndose”

Felipe Pigna: “Por supuesto, una vez producida la reunión del 25, el protagonista absoluto es Moreno, que eclipsa a todos los demás. Es el motor de la Revolución y trata de apurarla”.

Gabriel Di Meglio: “En la semana de mayo, la participación de Moreno fue secundaria, pero desde el 26 de mayo es sin duda la clave de la revolución, la figura que le da el corte más radical. Por ejemplo, es quien da la orden de fusilar a Liniers y ordena que se lea el “Contrato Social”, de Rousseau, en las iglesias”.

Roberto Schmit: “Moreno es quien muestra la mayor capacidad de intentar llevar a la práctica ideas cada vez más lejanas del sistema monárquico español, introduciendo planteos con respecto a la necesidad de soberanía local, y luego una mirada también acerca del poder”.

Noemí Goldman: “Son varios los que participaron. Castelli, Paso, Saavedra, los hermanos Rodríguez Peña, French, Beruti… Por supuesto, Moreno, que también estuvo presente en el cabildo abierto del 22 de mayo (si bien no hizo una intervención, las memorias de otros de los miembros registran su presencia y su preocupación por la resolución que iba a tener la votación de ese día)”.

Evidentemente, Cornelio Saavedra se equivocó: No hubo agua capaz de apagar tanto fuego.

Fuentes

Felipe Pigna: Entrevista y libro “Los Mitos de la Historia Argentina”

Libro “Paren las rotativas”, de Carlos Ulanovsky

Libro “Argentinos” de Jorge Lanata

Facsímiles de “La Gazeta” de la Biblioteca del Congreso Nacional

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