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31
Mayo

31 MAYO 2019 REPORTE24//

LOS SALARIOS VOLVIERON A PERDER CONTRA LA INFLACIÓN Y REAFIRMAN EL RUMBO RECESIVO QUE NO PUEDE CONTENER EL GOBIERNO.

La crisis recesiva sigue socavando el salario: las remuneraciones se mantuvieron por debajo del costo de vida. En marzo mejoraron un 4% en términos interanuales y acumularon un incremento del 10% en el primer trimestre.

De acuerdo al INDEC, el Indice de Salarios registra que en los últimos doce meses, el nivel marcó un alza del 37,3%, contra 54,7% que registró el Indice de Precios al Consumidor (IPC) en ese período. Respecto a la evolución de marzo, el indicador perdió por un 0,7%.

El índice de salarios del total registrado mostró un crecimiento de 4,3% en marzo respecto de febrero, como consecuencia del incremento de 3,6% del sector privado registrado y un aumento de 5,5% del sector público. Por su parte, el nivel de remuneraciones en el sector de la economía informal mejoró marzo solamente un 2,7%, también por debajo del alza de precios de ese mes.

Los tres sectores que son relevados por el organismo oficial se posicionaron 17 puntos porcentuales promedio por debajo de la evolución del IPC, en los últimos doce meses.

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28
Mayo

 

MARTES 28 MAYO 2019//

EL ÚLTIMO DESEMBOLSO DE 10.800 MILLONES QUE REALIZÓ EL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL HACE CASI DOS MESES SE TERMINÓ EN SU TOTALIDAD.

La caída de las reservas se transformó en uno de los principales problemas financieros de la economía local. Desde el 9 de abril, cuando ingresó el último desembolso del Fondo Monetario Internacional (FMI), se perdieron más de 11.904 millones de dólares de las reservas del Banco Central: una situación que muestra la fuerte dependencia del país con el desembolso trimestral del FMI. Las consultoras del mercado empezaron a mostrar preocupación por el ritmo de caída de las divisas de la autoridad monetaria. En la jornada de ayer las reservas cerraron en 65.595 millones de dólares y marcaron una baja de 18 millones respecto del viernes.

El último desembolso del FMI fue de 10.800 millones de dólares. El organismo de crédito internacional realizó la transferencia a inicios del mes pasado. De ese total ya se consumieron 5900 millones de dólares por pagos de capital e intereses de los bonos y préstamos del país. También se perdieron 1620 millones de dólares por ventas diarias del Tesoro y se destinaron 1146 millones a la cancelación de Letes, mientras que hubo una pérdida de 600 millones de dólares por la diferencia de cotización de los yuanes (la moneda en que están guardadas la tercera parte de las reservas).

Los datos fueron publicados ayer por el estudio PxQ del ex viceministro de Economía Emmanuel Alvarez Agis, en un informe de evolución financiera semanal.

La consultora asegura que los desequilibrios del mercado interno son alarmantes y presenta otros indicadores para argumentarlo. En el documento se destacó la situación del riesgo país: se ubica por arriba de 900 puntos básicos, cuando el riesgo país para el promedio de los países Latinoamericanos se ubica en 416 unidades.

El Banco Central anunció hace pocas semanas que intervendrá en el mercado cambiario si es necesario para frenar nuevas disparadas del dólar. Esto permitió en mayo contener las presiones del tipo de cambio y mantener una relativa estabilidad del precio de la divisa mayorista en torno de los 45 pesos. La menor incertidumbre cambiaria no colaboró para incentivar a los inversores a mantener dólares en el mercado local. Los inversores que cobraron capital o intereses de bonos argentinos decidieron en mayor medida no reinvertirlos en títulos públicos.

El resultado fue una aceleración en la salida de divisas y un aumento en la prima de riesgo que paga la deuda argentina, la que ya duplica al promedio regional. En mayo se anotaron rendimientos picos de los últimos años para algunos bonos tanto de corto como de mediano plazo. El Bonar 2020 llegó a rendir cerca del 40 por ciento en moneda dura en un año y medio, un retorno que no existe en otros países del mundo que paguen sus deudas en tiempo y forma como lo viene hacienda la Argentina.

En el Banco Central, mientras tanto, continúan con la política de tasas de interés elevadas en moneda local. El rendimiento de las letras de corto plazo Leliq cerró en 70,83 por ciento, con leva baja en relación con el 70,82 por ciento del viernes pasado. La autoridad monetaria renovó este lunes 194 mil millones de pesos en Leliq.

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26
Mayo

26 MAYO 2019 REPORTE24//

EL GOBIERNO Y SUS PROPAGANDISTAS SALUDARON EL SALDO POSITIVO EN LA BALANZA COMERCIAL, PERO LOS MOTIVOS QUE LO CAUSAN ESTÁN LEJOS DE SER BUENOS PARA EL CONJUNTO DE LA SOCIEDAD.

Claudio Scaletta//En un mundo ideal sería maravilloso que las discusiones económicas discurran por la definición de los senderos de desarrollo y por las formas de inserción más virtuosas de la estructura productiva local en los circuitos globales. En el mundo real, en cambio, los debates por el desarrollo son un subproducto de cuestiones mucho más pedestres como la distribución del ingreso. Bien mirada la distribución del ingreso es la manifestación del estado de aquello que Karl Marx consideraba el motor de la historia: la lucha de clases.

La discusión económica cotidiana, entonces, es por los principales componentes que determinan el reparto del valor agregado en el momento de la producción, la distribución del ingreso, que no debe confundirse con la distribución de la riqueza. Nótese que el primero es un flujo y la segunda un stock. Cuestionar la distribución de la riqueza significa cuestionar las relaciones de propiedad y conduce a la revolución social; discutir la distribución del ingreso, en cambio, forma parte de la dinámica normal del sistema capitalista. Se trata de la disputa por la parte del ingreso que se llevan cada uno de los actores (clases) que participan de la producción. Para la economía vulgar esta distribución no es entre actores sino entre “factores” y está dada por tasas “naturales” y equilibrios en los mercados. Para la economía política, en cambio, la distribución depende del poder de cada clase en cada momento histórico o, dicho de manera más corriente, de la “puja distributiva”. Nótese que para la economía política existen el poder, las clases, el conflicto y la historia, precisamente todos los componentes que la economía vulgar se propuso desterrar de la ciencia.

Los determinantes distributivos principales son los precios relativos o básicos de la economía: los salarios, las tarifas y el tipo de cambio. Cuando los economistas que le dieron letra a la fallida administración de la Alianza Cambiemos decían que venían a cambiar los precios relativos, lo que en realidad estaban diciendo es que venían a cambiar la distribución del ingreso. Parece claro que para el común de los mortales, los que no se ocupan de estas cuestiones y no tiene por qué conocer los debates de la teoría económica, no es lo mismo escuchar que la economía tiene un problema de precios relativos que el problema es, en realidad, que llega demasiada plata a sus bolsillos.

Vale reconocer que la Alianza Cambiemos tuvo éxito en el objetivo principal de cambiar los precios básicos. Los exportadores consiguieron un tipo de cambio más alto, es decir una moneda local más devaluada, las firmas proveedoras de servicios públicos y las energéticas tarifas más altas y los capitalistas en general salarios más bajos. Cada una de estas distribuciones regresivas del ingreso fue acompañada por un conjunto de ideas (falsas) para justificarlas. Se trata de pequeños axiomas que los economistas y la prensa del régimen repiten a lo largo de los años con la persistencia de la gota que orada la piedra o, más bien, que orada los cerebros: “La devaluación aumenta las exportaciones”, “pagábamos tarifas muy bajas”, “los salarios altos desalientan la inversión” y la lista sigue.

Sin embargo, no cualquier combinación de cambios en los precios básicos es sustentable en el tiempo, de la misma manera que sus efectos sobre el aparato productivo y la evolución del PIB no son neutros. Para considerar esta sustentabilidad es necesario mirar con atención lo que siempre debe mirarse tanto para la determinación de las políticas económicas como para el análisis de estas políticas: las relaciones causa-efecto y los mecanismos de transmisión que intermedian. El juego de estas relaciones causa-efecto cuando se mueven los precios básicos a distinta velocidad y con distintas combinaciones es infinito. Se necesita recortar. Nos ocupamos aquí de una de las falacias más extendidas sobre uno sólo de estos precios básicos, la de los efectos de la devaluación o aumento del precio del dólar.

Esta semana se conocieron los números del comercio exterior. Desde agosto de 2018 la balanza comercial, es decir la diferencia entre lo que el país exporta y lo que importa, comenzó a arrojar mes a mes saldos levemente positivos hasta alcanzar un máximo en la última medición, como se observa en el gráfico.

La prensa del régimen, siempre deseosa de encontrar números que no estén en rojo, se apuró a difundir la “buena” noticia que, además, confirmaba el axioma de que la devaluación mejora el resultado externo, afirmación que tiene un componente de verdad, pero no por los mecanismos que la economía vulgar sugiere.

El axioma más potente para justificar las devaluaciones, que se puede encontrar en cualquier manual de macroeconomía convencional, es que el aumento del precio del dólar, es decir la depreciación de la moneda local, mejora la competitividad de las exportaciones, por eso se habla de “tipo de cambio competitivo”. En 2016 se produjo una devaluación muy potente y en 2018 otra más fuerte aun, el dólar pasó de 9 a 15 pesos primero y de 20 a más de 40 después. Sin embargo, en el gráfico de arriba puede observarse que la línea de exportaciones permaneció plana tanto en 2016 como en 2018. Lo repetimos: incluso frente a un aumento del precio del dólar de más del 100 por ciento las exportaciones no mejoraron. Esto es así porque los bienes que Argentina exporta, a diferencia de lo que ocurre en los países donde se escriben los manuales convencionales, no compiten por precio en los mercados globales, sino que son tomadores de precios. Las cantidades exportadas dependen de dos cosas: de la demanda externa, que determina los precios de exportación, y de la oferta interna, que determina las cantidades exportadas (buena cosecha = más exportaciones). La mejora cambiaria, que baja algunos costos internos, sólo tiene entonces un “efecto riqueza” para los exportadores y ninguna virtud para el comercio exterior.

Los efectos macroeconómicos reales de la devaluación son bien distintos. Al ser la economía local bimonetaria de hecho y al estar las tarifas, incluidos los combustibles, también atadas al dólar, la devaluación desata un proceso inflacionario que afecta al único precio básico cuyo nivel no está dolarizado: los salarios. La caída de los salarios deprime el consumo, que representa dos tercios de la demanda. Al caer la demanda cae la producción. Si la devaluación es lo suficientemente violenta, la economía entra en recesión. Los únicos afectados no son los asalariados, sino el conjunto de los actores (clases) que dependen directa o indirectamente del mercado interno. Los salarios siempre se recuperan a posteriori diluyendo con el tiempo la ganancia cambiaria. La existencia de un tipo de cambio “competitivo” demanda para ser “estable”, una elevada desocupación y/o una fuerte recesión. El tipo de cambio no puede ser las dos cosas al mismo tiempo durante mucho tiempo.

Las importaciones, en tanto, caen no solamente porque se encarecen, sino por la contracción de la actividad interna, ya que la industria local es altamente demandante de insumos y bienes de capital importados. Como se observa en la tabla el saldo positivo de la balanza comercial a partir de la última megadevaluación responde principalmente al derrumbe de las importaciones.

Finalmente, la recesión da lugar también a saldos exportables, se vende al exterior lo que antes se consumía localmente, desde productos primarios a combustibles. Y para desgracia de las mayorías, buena parte de esta canasta de nuevas exportaciones son los alimentos que ahora les faltan a sus hijos y a ellos mismos.

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17
Mayo

 

17 MAYO 2019 REPORTE24//

IMPULSADO POR EL SECTOR AUTOMOTRIZ, LA ACTIVIDAD SE CONTRAJO DE GRAN MANERA EN COMPARACIÓN AL MISMO MES DE 2018.

En un contexto de estanflación que no parece tener fin, la producción industrial se desplomó un 13,6% en marzo, desde una perspectiva interanual. Respecto al mes anterior, la contracción fue del 6,3%.

Según la Unión Industrial Argentina (UIA), el sector acumuló once meses de caída consecutivos. Así, cerró el primer trimestre con una caída del 9,3% interanual y del 2% contra el cuarto trimestre de 2018 (desestacionalizada).

¿Cuáles fueron los rubros manufactureros afectados por la crisis? El sector automotriz (-41,1%), metales básicos (-26,7%) y minerales no metálicos (-14.7%). Otros segmentos, también vinculados al mercado interno, se contrajeron en términos interanuales, como edición e impresión (-4,5%).

Para la UIA, la contracción de las obras públicas y privadas afectó a la demanda de insumos, materiales y productos de las industrias de minerales no metálicos, como es el caso de los despachos de cemento Portland (-12%).

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