
Viven 80 personas a lo largo de cuatro kilómetros de playa. Las casas están ubicadas a escasos 10 metros del mar. Es como cruzar una calle y encontrarse con el Atlántico.
Pero nadie sale. Todos respetan la cuarentenaa rajatablas. Se cuidan entre los vecinos y cuando detectan algún intruso, lo denuncian. Ocurre en Magagna, un complejo de playas alejado de todo, ubicado a 13 kilómetros del casco urbano de la ciudad de Rawson, capital de Chubut. Las playas Bonita, El Farro y Cangrejales forman parte de este angosto y largo “pueblo” donde por ahora el coronavirus está muy lejos por la responsabilidad de sus escasos habitantes.
“Es una cuestión de conciencia. Aunque en Chubut y en Rawson no tenemos el virus circulando, nadie sabe lo que puede pasar. Por algo lo llaman un ‘enemigo invisible’. Aquí en Magagna nos cuidamos entre todos”, le dijo a Clarín Luis Orellana, integrante de la única familia (vive con su esposa Fernanda y sus hijos mellizos Élida y Fermín) que habita todo el año en el lugar. Los restantes habitantes son personas solas o matrimonios grandes.
El lugar tiene algunas particularidades que lo convierten en un destino muy visitado durante el verano. En esa época los habitantes estables prácticamente se quintuplican. Desde hace 30 años es un refugio obligado de pescadores y de quienes van a disfrutar días para buscar la “especialidad” del lugar: el pulpo. Se encuentra entre las rocas y los acantilados que bordean la playa y pueden extraerse con la mano o con improvisados elementos hechos con alambre.
Un lugar en el mundo. Pegada al mar, Magagna es un lugar tranquilo y bien cuidado.
Manuel Salone y Gloria Elizande son un matrimonio que forma parte de los habitantes estables. Tienen 8 hijos y varios nietos que en verano no dejan lugar vacío en la casa que ocupan en playa El Faro. “Sólo vamos al pueblo (Rawson) una vez a la semana para comprar alimentos y otros insumos. Acá vivimos tranquilos y nos cuidamos como todos porque no sabemos donde está escondido el virus”, dicen.
En el complejo de playa no hay ningún negocio durante el año. Sólo abre alguno en el verano para vender bebida, carbón y pan. O algún otro comestible que requieren quienes visitan temporalmente el lugar. A lo largo de Magagna, además de “pulpear”, se practica la pesca con caña, con red y con espinel.
“Aquí hay siempre buen pique”, apunta Luis, amante de la pesca y uno de los primeros pobladores del lugar. Se jacta que “esto es igualito a Isla Negra”, el lugar de la costa del Pacífico chileno donde el poeta Pablo Neruda escribió gran parte de su obra: “Miren: rocas negras, espumas blancas. El mar es más limpio que la tierra”, dice repitiendo una frase del premio Nobel escrita en el ingreso de su casa “larga y angosta”.
Fernanda aporta: “Nosotros también solo salimos para comprar. Después, en cuarentena como todo el mundo. Nos cuidamos y cuidamos a los mellizos. Cuando salimos usamos barbijos y va solo uno de nosotros. No llevamos a los chicos”.
La gente del lugar vive espaciada uno del otro, pero igual la comunicación es constante. “Somos pocos y nos conocemos mucho”, aportó Gloria sonriendo. Los vecinos eligieron esta vida tranquila. Abundan la tenencia de perros y las huertas hogareñas. También los pulpitos en escabeche, algo así como “la especialidad de la casa”.
Bien cerquita. Las casas están pegadas al Atlántico. Entre rocas y acantilados..
De los 13 kilómetros que lo separan de Rawson, alrededor de 9 son asfaltados. El resto, ripio. Las casas se construyeron recostadas sobre altos acantilados. Y algunas están casi pegadas al mar. Fue creciendo a través de los años pero sigue siendo un lugar todavía no contaminado y muy cuidado por quienes lo habitan. Y tan cuidado es que hace unos días,uno de los hijos de Luis Orellana salió en buscar de un perrito que se había escapado. Iba directamente al mar lo que obligó a su padre a seguirlo para que no corra peligro. Un vecino lo vio en la costa y no lo reconoció. A los 10 minutos estaba el patrullero que recorre el lugar en forma constante. “Esto demuestra de qué manera nos cuidamos unos a otros”, cuenta Luis, que se resignó y tuvo que explicarle a la policía que solo había sido una travesura de un niño que no quiso perder a su perro.
Chubut. Corresponsal.
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