La canción contra el racismo que marcó a Billie Holiday

La muerte contaminada de racismo de George Floyd en Minneapolis recuerda la vigencia de una de las historias mejor contadas por una comunidad que levanta hoy las banderas del movimiento Black

Lives Matter, que le dicen a los supremacistas blancos que “la vida de los negros también importan”. Hablamos de Strange Fruit (Extraño fruto), un tema que marcó de por vida a la excepcional cantante Billie Holiday.

Strange Fruit fue el cierre de cada show de Billie Holiday, una artista que sufrió el racismo hasta en el lecho de muerte. La música supo retratar hace 81 años atrás la crueldad y violencia del racismo a través de la dolorosa metáfora que encierra una de las grandes composiciones del Siglo XX, Strange Fruit, inicialmente escrita como una poesía por Abel Meeropol, judío de origen ruso, maestro y activista por los derechos civiles y que sólo una artista valiente como la cantante Billie Holiday (1917-1959) estrenó sobre el pequeño escenario del Café Society, en marzo de 1939.

La letra fue inspirada por la foto de un linchamiento de Thomas Shipp y Abram Smith, dos afroamericanos, en Indiana, en 1930, en la que se ven debajo de los víctimas parejas sonriendo al fotógrafo y un espectador señalando a las ahorcados con dedo amenazante. Para los estados del sur de los Estados Unidos era uno de los espectáculos habituales durante la llamada Era de los Linchamientos, en la que Justicia Igualitaria, una ONG con sede en Alabama, llegó a registrar 4400 muertes por linchamiento entre 1870 y 1950.

La macabra imagen del linchamiento de Thomas Shipp y Abe Smith en Indiana, en 1930, llevó a Abel Meeropol a escribir Strange Fruit. Foto: AP

Tras ser publicada en el periódico New York Teachers, del sindicato docente, con el título Bitter Fruit (Fruto amargo), Meeropol le puso música y la rebautizó Strange Fruit, se la pasó a su amigo Barney Josephson, antiguo vendedor de zapatos que había abierto en 1938, el Café Society, un club en el Greenwich Village donde se reunía un público intelectual y de izquierda, con un auditorio integrado, que le propuso a Holiday que la cante como cierre de sus shows. La artista, con 23 años, se sintió profundamente conmovida no sólo por ser negra sino también porque le recordaba la muerte de su padre, Clarence Holiday, quien falleció de una grave afección pulmonar luego de haber sido rechazado por negro en el hospital, algo habitual por aquel tiempo.

Precisamente, la interpretación de aquella canción significaba una declaración de guerra en una ciudad que, aunque menos racista que las del sur, tenía una buena dosis de intolerancia racial anidados en la policía y en la Justicia. La noche que estrenó como cierre de su show Strange Fruit, los mozos dejaron de servir, el local quedó completamente a oscuras y sólo una spot iluminó su rostro y luego suavemente cantó con esa voz cruda y de una hipnótica profundidad emocional “Los árboles del sur dan una fruta extraña/ sangre en sus hojas, sangre en su raíz/ cuerpo negro balanceándose en la brisa del sur/ fruta extraña colgando de los álamos“. Cuando terminó, se apagó la luz para prenderse luego ya sin Billie en el escenario. Por supuesto, no hubo bises.

Mirá también
Mirá también

Niní Marshall, la reina inmortal del humor argentino: censura, exilio y legado

Esa noche el auditorio estaba compuesto por un público impactado por la crudeza de esa historia que llegaba directamente al corazón. Josephson diría después que Billie lograba tal implicación emocional con la letra que sonaba como si cantase al pie del árbol. Sucedió que los activistas abrazaron Strange Fruit como el himno de los Estados Unidos negro, pero la audiencia del club, esencialmente compuesta por blancos, tuvo una reacción menos unánime y comenzaron las disputas. Un público que aplaudía a rabiar cada cierre de show de Holiday con otro que antes del tema se retiraba y a veces hasta hostigaba a quienes se quedaban a escucharlo.

Para Holiday no era una situación fácil, ni tampoco reivindicatoria, más bien lo tomaba como una obligación. “Me resulta siempre doloroso hacerla, me recuerda a mi papá y a cómo murió, pero tengo que seguir cantándola porque estas cosas siguen pasando en el sur”. La artista la hizo con la misma convicción durante los 20 años siguientes, hasta su muerte a los 44.

Holiday fue una de las grandes artistas del Siglo XX, si bien siempre se acompañó por músicos de jazz, su forma de interpretar estaba más ligada a una cantante de música popular que de jazz propiamente dicho; sin un gran registro vocal, tampoco hacía scat (canto onomatopéyico muy rítmico), sobresalía en su profundidad emocional que es, sin duda, un tipo de virtuosismo. Tenía un incomparable sentido del compás, una forma ágil y a la vez relajada de frasear, pero su capacidad de imbuir la letra de una profundidad emotiva la distinguía de todas las demás vocalistas. “Nada fue más perfecto que ella. ¿Qué habrá visto para cantar de aquella forma’”, se preguntaba el poeta y activista Amiri Baraka en su ensayo Black Music.

Mirá también
Mirá también

Ricky Martin, entre la angustia y la euforia: “Pensé que el mundo se había acabado”

Fue una canción que naturalmente le trajo problemas en un país donde el racismo tiene espacio considerable y es amparado por la propia ley en algunos lugares como en Mobile, Alabama, donde fue bajada del escenario por querer cantarla y luego acompañada por la policía hasta los límites de ese estado. Sin embargo, fue en la cosmopolita Nueva York donde encontró a su rival más acérrimo, el jefe de la Brigada de Narcóticos de esa ciudad, el racista Harry Anslinger, que intentó primero prohibirle a Holiday que cante Strange Fruit a lo que la artista se negó para dar comienzo, entonces, a una persecución implacable.

Billie Holiday fue perseguida por la brigada antinarcóticos, por cantar “Strange Fruit”.

El policía sabía que Holiday consumía drogas y un soplón que trabajaba para su brigada le vendió heroína y así la cantante, en mayo de 1947, cayó en la trampa; estuvo presa hasta el 16 de marzo de 1948 para subir al escenario del Carnegie Hall diez días después, ante un público que agotó las localidades. Fueron 32 canciones, entre ellas la maravillosa Strange Fruit, ante 2700 personas que la despidieron de pie.

Podríamos decir que la magia de Billie Holiday fue darle un tono diferente a esta canción interpretada casi siempre como un canto de batalla o recitada con un patetismo exagerado que le quitaba su dimensión trágica; precisamente, esta artista convertía esa tragedia en algo presente, como si estuviese pasando en ese momento. Dicen que mientras la cantaba miraba de qué lado estaba cada una de las personas de su auditorio. “Esta canción consigue que la gente que está en orden se separe de los idiotas y de los cretinos”, afirmaba y era cierto.

El 31 de mayo de 1959, mientras estaba moribunda en el Hospital Metropolitano de Nueva York, fue detenida y esposada por Anslinger para interrogarla en la brigada para reingresarla días después al hospital donde murió el 17 de julio a causa de una insuficiencia cardíaca provocada por su cirrosis. El racismo de Anslinger la persiguió durante 20 años, casi desde aquel debut, en marzo de 1939, en el Café Society. Aunque tarde a Billie Holiday le llegó el reconocimiento; recibió 23 Grammy póstumos y la revista Time, en 1999, declaró a Strange Fruit como la “Canción del siglo”.

Seguramente, Strange Fruit no fue la primera canción que habla tan directamente del racismo, pero provocó que mucha gente no pudiese seguir mirando hacia un costado frente a su falta absoluta de humanidad.

Mirá también
Mirá también

Murió Aretha Franklin, una diva de la música negra

WD

COMENTARIOS

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA

COMENTARIOS CERRADOS POR PROBLEMAS TÉCNICOS.ESTAMOS TRABAJANDO PARA REACTIVARLOS EN BREVE.

CARGANDO COMENTARIOS

Clarín

Para comentar debés activar tu cuenta haciendo clic en el e-mail que te enviamos a la casilla ¿No encontraste el e-mail? Hace clic acá y te lo volvemos a enviar.

Ya la active
Cancelar
Clarín

Para comentar nuestras notas por favor completá los siguientes datos.

Exit mobile version