
Dos rabinos de Nueva York llegaban este jueves para auditar la faena de carne kosher que se exporta a los Estados Unidos. Y a mediados de semana otros 98 religiosos llegaron
desde Tel Aviv para certificar el proceso en seis de los once frigoríficos de Argentina que trabajan con bovino kosher y se consume en Israel.
La llegada de los shojtim -que son los encargados del proceso de faena de acuerdo a la halajá, o ley judía- pasaría desapercibida si la Argentina no estuviera en cuarentena.
De hecho, el propio canciller Felipe Solá intervino personalmente en los acuerdos y autorizaciones pendientes para que un vuelo charteado a la empresa El Al Israel Airlines trajera a los 98 rabinos de Tel Aviv, y junto a ellos transportaran también a 50 argentinos varados allí. Los que vienen de Manhattan llegaron en un vuelo de Eastern que tambien trajo varados en su escala en Miami.
Rabinos en Ezeiza. Llegaron al país para certificar carne kosher
Solá habilitó la entrada de los rabinos de Nueva York, en medio del cierre de fronteras que todavía impera en la Argentina. Solá habló de ellos en la conferencia online que dio este jueves por la plataforma de la American Chamber de Argentina (AmCham). Debió conseguir primero que abran las autoridades argentinas abrieran los cielos, después que se cumplan los protocolos sanitarios y chartear aviones privados, que debieron hacer escalas en medio de las dificultades internacionales que aún pesan para toda la aviación.
Todos los años estos matarifes especializados en carne kosher van y vienen en vuelos comerciales a la Argentina. Pero los empresarios del sector cárnico montaron una delicada negociación con la Cancillería esta vez para que no se perdiera el mercado de este año.
Por cierto las restricciones a las exportaciones de la segunda gestión de Cristina Kirchner hizo que este mercado se “escapara” a Paraguay, que volvió al país en 2016. Sólo al mercado israelí, los frigoríficos argentinos venden por US$ 170 millones de dólares anuales de este corte de bovino tratado bajo la ley judía, y a los Estados Unidos se exporta carne kosher por U$S 14 millones anuales.
Para el caso en el viaje que hará a La Pampa este viernes, el propio Alberto Fernández visitará este viernes el Frigorífico Carnes Pampeanas, de CRESUD, del empresario Eduardo Elsztain. “No podíamos producir porque no teníamos posibilidad de ingresar al jefe y subjefe de de la comitiva de rabinos que le da la certificación a la carne kosher, son los que están habilitados por el Rabinato de los Estados Unidos para cerrar la operación”, dijo Julián Rapaporte de Carnes Pampeanas, que agradeció a Cancillería por la gestión.
Por su parte, el secretario de Relaciones Económicas Internaciones, Jorge Neme, sostuvo que iban a trabajar para que Aerolíneas Argentinas pueda trasladar especialmente la carne exportada a los importadores que le venden a los distribuidores para que la lleven a los supermercados directo a las góndolas. “Estamos hablando de empezar a exportar carne porcionada que tiene valor agregado para la Argentina, carne enfriada, fresca”, dijo.
Rapaporte graficó lo que significa este mercado en Estados Unidos. “Allí viven aproximadamente seis millones y medio de judíos, el 60% vive en Nueva York y los demás ciudadanos en Los Ángeles y la Florida. Sabemos que un millón consumen carne kosher, lo cual es un mercado que tenemos que valorar porque para Argentina es muy importante”.
El avión de la aerolínea israelí El Al que llegó el miércoles por la noche a Ezeiza.
La carne kosher de Argentina es valorada por sus consumidores extranjeros entre la de mejores estándares religiosos del mundo, pero además tiene la calidad de la carne local.
En lo que hace a la carne roja, para el judaísmo son comestibles bovinos, ovinos y caprinos, pero no porcinos. Y para que sean kosher es crucial que hayan muerto sanos, es decir sin enfermedades o de causa natural. Deben morir sin dolor, afirma la ley.
“Si un animal presente deformidades en el corazón o los pulmones, está descartado”, explicó en su momento Jacobo Enzani, del frigorífico kosher Hender Sur, citado por el Sitio Argentino de Producción Animal. Además de matar, el Shojet (singular de Shojtim) lo inspecciona después.
Para evitar el dolor del animal y que tenga un máximo desangrado se lo degüella con una incisión profunda en la yugular. El cuchillo del shojet no debe tener ninguna imperfección, dijo Enzani quien contó que si el animal es colgado o recostado en un box rotativo se limita su estress. Israel lo exige desde unos meses a sus productores de carne kosher en el extranjero. Después, la carne se lava tres veces en agua fría y se la sala para extraer su sangre al máximo
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