Boca y River, el Covid y el Don Pirulero

Desde las famosas “burbujas” para intentar practicar libremente, hasta el libre albedrío de entrenar con más gente de la permitida y sin controles. Hay estrategias de todo tipo y son vox

populi cual han implementado cada institución. Los casos positivos de River y Boca no hicieron más que demostrar que ninguna de ellas es infalible en la Argentina y que los profesionales médicos son el hilo más delgado. Aquellos de las instituciones que decidieron no evaluar a sus jugadores ni cumplir con los controles mundialmente aplicados, son las que mejor están lidiando con la situación. El ejemplo del escarnio público al cuerpo médico de Boca por la decena de contagiados, es una nueva muestra.

En un país con 417.735 positivos y 8.660 muertes, contabilizando el 60% de ellas en el último mes y tras confirmar 203 muertes en las últimas 24 horas, el fútbol sigue buscando a tientas su camino para volver. No es cierto que todos estén haciendo las cosas muy bien y no es cierto tampoco que River y Boca, pese a las críticas de cierta prensa tendenciosa, las están haciendo muy mal. Es todo una cuestión de óptica.

“No espero que nadie se enferme, pero mejor que tuvimos este brote, ahora ya todos contrajeron Covid y se volverán inmunes pronto” dijo Rafael Tenório, presidente del histórico CSA alagoano, unos días después de haber jugado su primer partido por el Brasileirao B y cuando veinte de sus futbolistas dieron positivo tras un testeo con PCR.

Para ser más preciso, el problema del CSA ya había comenzado una semana antes, cuando el 5 de agosto, el día previo a la final del campeonato estadual, ocho de sus futbolistas dieron positivo en el testeo para SARS-Cov2. Al día siguiente, el equipo perdió la final 1 a 0 contra CRB en el clásico alagoano pero rápidamente se olvidó del torneo y del brote. En seguida, mandó a todos los futbolistas disponibles para adentro y a seguir metiéndole pata, porque tres días después debutaban en la Serie B brasileña.

Las crónicas locales dicen, con un tinte épico, que las adversidades no alcanzaron a doblegar al CSA en su debut feliz por el torneo nacional: el 8 de agosto vencieron 1 a 0 a Guaraní (SP) en su estadio. Un festejo pírrico y efímero porque el 11 de agosto, tres días después, las autoridades fueron notificadas que dieciocho de sus jugadores obtuvieron resultados detectables para coronavirus en los exámenes por PCR. Ya en el ruedo y con la soga al cuello, decidieron saber la verdad y, para eso, testearon al staff completo. Resultado: veintisiete contagiados (20 futbolistas, 6 empleados y un miembro del cuerpo técnico).

La teoría de la “inmunidad del rebaño” a ciegas, de los que quieren tapar el sol con la mano, ya fue desarrollada anteriormente, lo mismo que las paradojas de nuestro fútbol sobre quienes parecen que están haciendo bien las cosas cuando no lo están y quienes son noticia por estar mal pero al menos lo saben.

Porque si hay algo que está claro es que los casos de coronavirus en el fútbol argentino van a venir y en abundancia, porque el fútbol no es una isla y no se puede alejar de lo que le pasa a su sociedad. Lo peligroso es manejarse cada uno a su manera y hacer como si nada pasara porque por ejemplo ya hay evidencia científica de casos de patologías cardiológicas graves por Covid (NdR: una historia que quedará para más adelante). En el aire quedan flotando un par de preguntas, observando las diferentes realidades de los planteles, sobre las próximas semanas.

Muchos profesionales e instituciones, que no juegan copas internacionales y no deben regirse por el protocolo de Conmebol, ya se hicieron esas preguntas y también las respondieron. Solo con verlo, ya tiene la respuesta.

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