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El coronavirus que cambió al mundo, en una cuadra de Balvanera

8 septiembre, 2020
in Sociedad
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Es como pararse en medio de una calle atravesada por un huracán. ¿Qué quedó en pie? ¿Quiénes están juntando los pedacitos de una ventana rota? ¿Qué pasa entre medianeras? En una

calle, una cuadra cualquiera, decenas de vecinos responden a esas preguntas en torno al impacto del coronavirus. Es una muestra chiquita, apenas una baldosa de la ciudad, del país, pero permite armar un rompecabezas más grande de los efectos de la pandemia en la Argentina.

En nuestro Macondo, hay una parrilla que se reconvirtió en despensa, una verdulería que vendió como nunca y un local de ropa que pasó a integrar la lista de los 40.000 negocios que según la Cámara Argentina de Comercio bajaron la persiana definitivamente en el país. También viven vecinos agotados por estos meses de encierro, varios que tuvieron coronavirus ellos o sus seres queridos, y al menos dos personas que, según pudo saber Clarín, fallecieron tras contagiarse.

La calle Pichincha, entre Alsina e Hipólito Yrigoyen, está a seis cuadras de la Estación Once y a cinco del Congreso. Pasan muchos camiones, siempre hay cola para entrar a la ferretería y los vecinos adoran a “Chino”, el gato blanco con un ojo de cada color de uno de los kioscos. Hay casas tomadas, un edificio que es tiene protección histórica por su valor patrimonial y construcciones modernas.

Mapa calle Pichincha Coronavirus

No se conocen todos con todos ni hay demasiado sentido de comunidad, pero en diciembre la casa de antigüedades de la esquina hizo un espectáculo de música en la vereda para agradecer a los vecinos por el buen año que había tenido. Allí se reunieron, disfrutando del sol. La distancia social no existía ni como concepto.

Hoy, la realidad es otra. Esta es la historia de 22 vecinos y comerciantes que abrieron las puertas de su intimidad y se animaron a contar cómo los afectó en sus vidas la pandemia de coronavirus.

Las historias de Pichincha al 100

Hacé click en cada casa para conocer las historias de los vecinos

callecalle
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Frente

Pichincha 141

Iara Dábila22 años / Estudiante

El primer año de facultad, sin clases

Se vino desde Jujuy para estudiar Veterinaria, pero no pudo poner un pie en la UBA. Por lapandemia, las cátedras tuvieron que improvisar clases a distancia.

“Es mi primer año y solo pude hacer una de tres materias. En Química Orgánica, la mitad espráctica, de laboratorio. Y de Estadística me di de baja, porque era muy difícil de seguir.Solo te mandaban el material teórico y arreglate”.

En la foto, sostiene a “Chino”. Dice que más que del kiosko de abajo de su casa, “es el gatode la cuadra”. Para llenar el tiempo, se anotó en un curso de Cardiología. Eso, hasta quevuelvan las presenciales.

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Pichincha 160

José Palacios47 años / Verdulero

Del boom de cocinar a comprar lo justo

Es el encargado de Autoservicio Tony, la más grande de las tres verdulerías de la cuadra.Aunque en la vereda siempre hay fila para entrar, las ventas “se fueron normalizando”, dice.

“En los primeros días de la cuarentena era impresionante lo que se vendía, mucho más queantes. Yo creo que porque los vecinos tenían más tiempo para cocinar. Hacíamos algunosenvíos a domicilio, pero la mayoría venía acá a elegir, a servirse”.

En septiembre, las ventas ya están en los niveles habituales pre pandemia, asegura. Eso sí.Lo que más se compra ahora son las verduras de oferta: “La gente está con lo justo”.

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Pichincha 120

Martín Santillán39 años / Empleado

Toda la cuarentena a la oficina

Trabaja en el área de Recursos Humanos de un laboratorio, un rubro exceptuado delaislamiento, y comparte departamento con su pareja, a quien sí le tocó hacer home officedesde marzo.

“Ya lleva más de cinco meses así, con la computadora todo el día, no da más”, cuenta en laentrada del edificio.

En su caso, como trabajador esencial, siguió yendo a la empresa. “Sin embargo, por losprotocolos tuvimos que reducir la cantidad de personas que iban físicamente y muchosempleados también están haciendo home office”, explica.

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Pichincha 192

María Rosa Bocconcino64 años / Comerciante

Bajar la persiana después de 30 años

Tuvo su local de ropa por 30 años. Con la cuarentena, intentó vender por Internet, pero losingresos no alcanzaban y, ahora, con la persiana baja, todavía debe el alquiler, impuestos yla cuenta del teléfono.

“Me siento defraudada. Los últimos años con Macri fueron desastrosos, toda la cuadra estabamal. Pero si ya veníamos con una economía destruida, con la pandemia, el barrio se vinoabajo. Y a muchos, terminó de matarnos”.

Los comercios de ropa barriales, como el de María Rosa, recién pudieron abrir el 22 de julioen la Ciudad. Fue “demasiado tiempo” para “Alexandra Modas”.

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Pichincha 109

Maximiliano Freve43 años / Comerciante

Apostar a un nuevo emprendimiento

Tras meses de incertidumbre, logró reactivar su proyecto comercial: un almacén natural al quellamará MaxiDiet. “Por favor, si mencionás el nombre, ponelo todo junto”, pide entusiasmado.

“Teníamos pensado abrir para junio o julio pero se atrasó mucho, por el personal que nopodía hacer las reformas. Es muy loco, porque el rubro de la alimentación no teníaimpedimento para funcionar, pero no llegamos a abrir a tiempo”, dice.

Maximiliano es propietario del local, por lo que no tuvo que pagar alquiler: “Gracias a esoy a que no tenía empleados, pude aguantar bien”. La inauguración será este mes.

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Pichincha 141

Federico García Ronca30 años / Programador

El horario sin límite del home office

Dice que la pandemia por coronavirus no le “trastornó tanto la vida”, salvo por lasdiferencias vinculadas a pasar de una oficina a trabajar desde la casa.

“Soy medio workaholic, así que a veces me paso todo el día en la computadora. Antes, cuandoviajaba a Parque Patricios, el horario era más estricto, pero, ahora, a veces me cuestacortar”.

Federico vive con sus papás, que trabajan en una empresa de seguros y en un comercio. “Alprincipio, como son mayores, yo los ayudaba bastante con las herramientas para el homeoffice, pero ahora ya están re habituados”, cuenta.

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Pichincha 120

Leandro Portaluppi43 años / Kinesiólogo

Prevenirse del contagio en el hospital

Dice que en su edificio no hubo casos de covid-19, pero sí sabe de muchos en el barrio, entrevecinos y comercios.

“Como profesional de la salud, uno tiene la tensión constante de tomar los cuidadosnecesarios para prevenir contagios. Por ahí, ahora estamos más acostumbrados, pero alprincipio era estresante”, explica.

Más allá de eso, “la vida no cambió tanto”: sigue yendo a trabajar como siempre al hospitalRamos Mejía y en el edificio no tuvo ningún problema. “Sí me he enterado de casos deagresiones a médicos o escraches, pero nunca me pasó”, cuenta.

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Pichincha 179

Ian Herrera8 años / Estudiante

Aislado en un hotel con su mamá

Tuvo coronavirus, hizo el aislamiento en un hotel con su mamá y se recuperó. “Es que nosotroscompartimos baño y cocina con seis habitaciones, estábamos todos contagiados”, asegura lamadre, Luz Briceña (50, a la derecha en la foto).

Fue en junio, después de que el programa DetectAr relevara el inquilinato donde viven. Laabuela de Ian, Alicia Lastania (75, a la izquierda en la foto) también dio positivo.

“Mi hija quedó con secuelas que hay que controlar, unos dolores articulares fuertes quejamás había tenido. Nos reímos de que es la vejez, pero sabemos que es el coronavirus”,admite.

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Pichincha 113

Alejandra Mansilla49 años / Librera

De mil fotocopias diarias a hacer tres

Su librería hacía unas mil fotocopias por día, pero con la cuarentena, muchos trámites que serealizaban en la zona se frenaron o se volvieron virtuales. La Dirección de Tránsito, a lavuelta del local, no atendió al público por meses, por ejemplo.

“Ahora hago apenas tres copias por día, pero muchas más impresiones. Nos dimos cuenta de quela gente necesitaba imprimir cosas del colegio y de otro tipo, que por ahí antes resolvíanen las oficinas”.

Asegura que con eso no alcanza: “Estamos muy justos. Las expensas de mi casa las llego apagar el 20, nunca antes, y después me queda lo justo para comer”.

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Pichincha 141

Marisol Onofre46 años / Peluquera

Sobrevivir a cinco meses de cierre

Es dueña de Keila, una de las 6.000 peluquerías en suelo porteño que estuvieron cerradas porcinco meses, hasta el 29 de julio.

“El dueño no nos cobró el alquiler y gracias a eso pudimos sobrevivir. Ahora, volvieronmuchos de los clientes de siempre, pero se siente que la gente tiene miedo y, si puede,prefiere demorar el corte”.

Además de atender por turno, el local tuvo que cambiar el horario al de 11 a 21, comodispuso el Gobierno porteño.

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Pichincha 105

Adelina Maone76 años / Jubilada

Extrañar a los nietos y una cervecita con las amigas

En abril, Horacio Rodríguez Larreta generó una fuerte polémica al proponer que los mayores de70 tuvieran que pedir autorización para salir a la calle. Adelina lo recuerda y afirma queno le gustó “nada” cómo se trató a la tercera edad durante la cuarentena.

“Yo vivo sola y me hago mis compras, con todos los cuidados, pero sin miedo. Porque laprudencia vale más que cualquier frase intimidatoria. Atemorizar no sirve de nada”, afirmaAdelina.

Tiene cuatro sobrinos nietos y lo que más extraña, dice, es verlos. “Y también tomarme una cervecita con mis amigas”, agrega.

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Pichincha 108

Alejandro Gentilini58 años / Imprentero

Peor que en 2001 y sin crédito

Tuvo la imprenta “Gráfica Ale” por más de 30 años y nunca vivió algo así.

“Ni en el 2001, porque en ese momento había mucha inflación, pero al menos se trabajaba.Ahora no. Laburo el 20% de lo normal, porque está todo cerrado, desde la AFIP a la oficinamás chica, y la gente no tiene un mango. Estoy endeudado totalmente”.

Dice que pidió varias veces el Crédito a Tasa Cero que dispuso el Gobierno para asistir aautónomos y monotributistas en el marco de la pandemia, y se lo negaron, cree, por no tenerempleados a cargo. “El local es alquilado y ya debo varios meses”, asegura.

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Pichincha 116

Hernán Surdo47 años / Ferretero

Con demanda y sin stock

Cuenta que las ventas aumentaron mucho durante la cuarentena y explica que “los vecinos derepente tenían el tiempo para acondicionar la casa y poner ese estante que necesitaban”.

“Lo que más me sorprendía al principio era la cantidad de pintura que llevaban. Pero claro,como las pinturerías no podían abrir, muchos venían a comprarnos acá”.

La ferretería de Hernán tiene ahora mucha mercadería en falta: durante la pandemia secortaron muchas cadenas de producción. “Con la inflación y la devaluación que hay, eso es unproblema para nosotros”, asegura.

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Pichincha 124

Edith Vera36 años / Dueña de un lavadero

Reconvertirse porque el trabajo bajó a la mitad

Tuvo que pedir un préstamo a Tasa Cero para poder pagar los gastos de su lavadero.

“El trabajo bajó a la mitad. La gente tenía miedo de contagiarse y entonces prefería lavarla ropa en casa, aunque tuviera que hacerlo a mano. No querían ni salir a la calle. Acá enel barrio se veía tan poco movimiento que hasta decidí reducir el horario”.

Los servicios de lavandería fueron uno de los rubros considerados “esenciales” desde el 20de marzo. Edith trabaja sola y ahora combina la atención en el local con el envío adomicilio, algo que no hacía antes: “Hay muchas abuelas que viven solas por acá”.

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Hipólito Yrigoyen 2300

Miguel Ángel Lavado57 años / Vendedor de antigüedades

Cuando el cuerpo siente el golpe mental de la pandemia

Reabrió su local el 1° de julio y la gente le compra, pero no puede reponer el stock, porquepara hacer tasaciones necesita entrar a la casa de los vecinos.

“Lo mental es terrible, la pandemia me golpeó muy mal, me deprimió mucho. Llegué a tener unpico de 19/12. Soy hipertenso, pero vengo acá igual. Mi desesperación es pensar cuándo setermina esto. Hubo mucho covid en este barrio”.

Miguel Angel pidió un Crédito a Tasa Cero: “Son 12 cuotas de 13.000 pesos, pero las ventasson mínimas y yo tengo 120.000 en gastos fijos por mes. Estoy reventando la mercadería”.

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Pichincha 105

Noemí Galván37 años / Vendedora

Maestra jardinera en casa las 24 horas

Comenzó a vender ropa por Internet, porque el spa donde trabajaba cerró por la pandemia. En la foto, posa con Enzo, su hijo de 5 años, y con su nieta, Nadia (3).

“Hoy es el primer día en cinco meses que salimos a la calle con los dos. Me da mucho miedo,pero tengo que sacarlos un rato, lo necesitan. Él solía moverse mucho. Iba a la plaza, aljardín y a taekwondo”.

Pasar todo el día aislados “no es fácil”, admite. “Me están volviendo loca. Dibujamos,bailamos, hacemos de todo, pero no alcanza. Estoy haciendo de maestra jardinera las 24horas”.

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Pichincha 126

Carlos Zeliz51 años / Dueño de un videoclub

La resistencia del videoclub

En tiempos de Netflix, Amazon, YouTube y pandemia, “Le Film” resiste como uno de los pocosvideoclubs que quedan en la Ciudad.

“Hubo que reconvertirse, cosa que fue difícil. Este es un lugar de encuentro donde la gentevenía a hablar y a mirar películas. Y eso se perdió. La gente viene, agarra lo que necesitay se va. La misma gente no quiere estar tocando”.

Su local estuvo sin funcionar hasta fines de abril, cuando comenzó con delivery. “Las ventasbajaron al 20% de lo habitual, y ahora, con el local abierto, estaremos trabajando al 60%.Se venden muy pocos DVD’s”, cuenta.

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Pichincha 172

Patricia Quirós71 años / Jubilada

El sueño de hacer un viaje

Tuvo a varias amigas internadas por coronavirus y la mamá de una de ellas falleció. Dice queno tiene miedo: “Ahora quisiera hacer un viaje, volver a andar con más libertad”.

“Esto nos agarró en una edad donde lo que queremos es hacer lo que se nos da la gana a lahora y de la manera en la que se nos da la gana. Me parece insólito caminar con unamascarilla. Me pone mal ver a todo el mundo con barbijo”.

Una amiga tuvo un infarto hace poco y no pudieron despedirla con un velatorio: “No lloré, nome dio desesperación, nada. Es la primera íntima que pierdo y lo metabolicé de una forma muyrara”.

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Pichincha 196

José Ríos45 años / Peluquero

Del ataque de pánico a hacerse fuerte

En marzo pensó que se moría.

“Me dio un ataque de pánico. Imaginé lo peor: las deudas, que iba a cerrar. Me costabarespirar. Veía las cifras y me angustiaba. Pero la doctora me dijo que no viera tanto laTV”, recuerda.

En abril, su pareja se contagió y estuvo 14 días aislada. “A mí, inexplicablemente me dionegativo. Y no sé, me puse fuerte, yo ya había pasado ese pánico antes”, reflexiona.

Las peluquerías cerraron por cinco meses, y José gastó todos sus ahorros para aguantar.

Cuando volvió con los cortes, quedó impresionado: “La pareja de una clienta falleció, untipo de mi edad. No lo podía creer”.

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Hipólito Yrigoyen 2296

Carlos Martínez45 años / Gastronómico

La parrilla que se hizo carnicería y verdulería

Su parrilla “Ibiza” forma parte del pasaje comercial del edificio de Pichincha 120. Por lapandemia, la tuvo que convertir en carnicería y verdulería: “Para pagar las deudas, porqueno sacamos un centavo”.

“Yo vine acá desde Jujuy con la ilusión de progresar. Pero desde el 20 de marzo, el mundo sevino abajo. Trabajo 12 horas y no alcanza ni para las cargas sociales. Si no tuvieranecesidad, en abril, ya me hubiese ido. Este no es un mal negocio. Si le ponés empeño, te daplata. Pero ahora es imposible”.

Hoy factura menos del 20% de lo que habitual. “Si esto no se reactiva, voy a tener quecerrar”, se lamenta.

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Alsina 2309

Víctor Rodriguez Azañero56 años / Fletero

El dolor del virus en el cuerpo

Estuvo aislado y volvió a su casa en junio: “En muchos negocios me miraban como a un bichoraro”.

A principios de ese mes, un micro escolar del DetectAr había trasladado a casi todos losinquilinos del hotel donde vive, un edificio de 3 pisos y 24 piezas.

“Fui el primero en pedir que nos hisoparan a todos. Había tres internados y muchos consíntomas. Yo tenía fiebre y un dolor de cuerpo terrible. Estábamos todos contagiados”.

Comparte la pieza con su pareja y una familia con dos chicos. El baño y la cocina se usancada 5 cuartos. Antes, Víctor era vendedor ambulante: hoy trabaja como fletero.

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Alsina 2299

Mariano Nicolás Oliver25 años / Gastronómico

Esperando la reactivación

Solía tener mesas en la rotisería familiar donde trabaja. Pero desde que llegó la pandemia,el local comenzó a vender productos de despensa para sobrevivir y ahora ese rubro da mayoresingresos.

“Si no hubiéramos puesto el almacén, habría sido muy complicado. Cerramos 15 días, desde el20 de marzo, y cuando abrimos, fue un desastre. Solía venir la gente que trabajaba en lazona, muchos empleados de Once y comerciantes, que almorzaban acá o se llevaban la comida”.

Los Oliver -son tres- esperan una reactivación económica que renueve algo de la demandaprevia al coronavirus.

Aunque Balvanera se encuentra en el puesto 11 de las comunas porteñas con mayor cantidad de casos por habitante -en total, acumula 6.282 positivos-, fue el primer barrio “formal” en el que desembarcó el programa DetectAr, tras probar su éxito en barrios populares como el barrio Padre Mugica (Villa 31) de Retiro.

Fue el 6 de junio. El operativo tocó la puerta de uno de los frentes de Pichincha, y Víctor Rodríguez Azañero bajó a abrir. En su edificio de 24 piezas, cada una con dos o tres familias, y el baño compartido, estaban casi todos contagiados. El vecino, pudo registrar entonces este diario, les rogó que los llevaran a todos a hisopar. Un micro escolar los trasladó luego para los testeos.

Víctor estuvo aislado 11 días en un hotel de Palermo, tuvo que dejar la venta ambulante y hace changas como fletero. Vive con lo justo, pero no se queja. “Entiendo que lo primero es la salud y también que la mitad del país está sin laburo”, dice hoy.

En Argentina, perdieron el trabajo un millón de personas producto de la pandemia, según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA. Es el décimo país con más casos de coronavirus en el mundo y provincia de Buenos Aires, la zona con más nuevos positivos, seguida por la Capital. No por nada, en la agencia de lotería de Pichincha 134 los números que más se jugaron en pandemia fueron el 32 (el dinero), y el 17 (la desgracia).

De la mano de enfrente, Maximiliano Freve despide a Clarín en el último día de producción para esta nota. Mientras, da instrucciones para poner a punto su local, un almacén natural que abrirá este mes. En septiembre llegará la primavera y, se esperanza, la reactivación económica. Entre estanterías vacías, saluda a los vecinos. A pesar del covid y sus consecuencias, la cuadra –la ciudad, el país– busca seguir adelante.  

AS

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