
“Lo que más recuerdo es que ningún policía quería tirar. Es que debía ser un disparo certero porque podía hacerle daño a la niña que el tipo tenía secuestrada. Le
saqué la pistola reglamentaria a un policía, me la puse en la cintura y me acerqué a 6 metros con 80. Solo tenía una visión por una endija de la cortina. Por ahí pasó la bala que le dio en la clavícula y él cayó. Pudimos rescatar a las niñas. Meses después yendo a Sarmiento puse unas piedras a la misma distancia. Le tiré 10 veces. Erré 7”.
Quien cuenta parte de la historia que vivió hace 23 años es el ex médico forense Carlos Eduardo Alsina (79). El médico, un experto tirador según fuentes policiales, disparó contra César Flores, de 36 años, delante de un juez, un fiscal, varios policías, periodistas y unos 50 vecinos que se acercaron al lugar. Y que después del disparo, lo aplaudieron. Todos se encontraban alrededor de la casa donde Flores tenía secuestradas a dos nenas. El médico nunca estuvo preso.
Alsina conocía a Flores porque lo había tratado anteriormente por algunos problemas psiquiátricos y por eso encabezaba la negociación a través de una ventana. El actual fiscal jefe de Madryn Daniel Báez era secretario del juzgado en ese momento. Y recordó ante Clarín que el médico actuó “en legítima defensa de terceros para evitar un mal mayor” y para salvar vidas humanas.
“Fue un 17 de setiembre, hace 23 años. Pero lo tengo tan en mi mente que me parece que fue ayer. Lo estoy viendo en cámara lenta, cómo Alsina se acercó con la pistola en la parte de atrás de la cintura. Y cómo después disparó por el único lugar por donde la bala podía pasar para herir al hombre y no lastimar a una de las nenas que tenía agarrada entre sus piernas”, agregó Báez.
Todo comenzó en el atardecer de ese día. Flores fue a la casa de una ex novia de su hermano en el barrio Loma Blanca, un humilde asentamiento en la periferia de Puerto Madryn. Allí sorprendió a la dueña de casa y tomó a sus dos hijas, de 3 y 4 años, como rehenes. Mientras las amenazaba con una cuchilla de cocina de 25 centímetros de hoja, gritaba que las mataría si no le entregaban 2.000 pesos y un pasaje a Mendoza.
La madre de las nenas pudo escapar y avisó a la policía. En un rato varios patrulleros de la seccional segunda rodearon la casa. También llegó al lugar el entonces juez Néstor Lorenzetti, quien llamó a Alsina en su carácter de médico forense.
El hecho conmovió a todo el pueblo. Ocurrió el 17 de septiembre de 1997.
Encerrado dentro de la casa, Flores dialogaba con Alsina a través de una ventana con rejas. Después de un rato bajó su pretensión a 500 pesos en efectivo y el pasaje. El juez hizo que le entregaran la plata y un pasaje para ver si así liberaba a las nenas, pero Flores dijo que los billetes eran falsos. A todo esto ya habían pasado unas dos horas y Flores estaba cada vez más nervioso. Sólo aceptaba hablar con Alsina y el psiquiatra Mario Sánchez, quien también lo había tratado hacía un tiempo.
En todo momento Flores mantenía a las nenas agarradas por la ropa y muy cerca suyo. El despliegue policial y los gritos de Flores atrajeron a muchos vecinos que querían saber qué pasaba.
Cuando se cumplieron tres horas de tensión, Flores se puso muy violento y con la cuchilla agujereó una puerta de chapa. Alsina tomó entonces la pistola del policía Hugo Zajur (hoy retirado) y la escondió en la parte de atrás de su cintura. Flores estaba descontrolado: tomó a una de las chicas por el cuello y fue allí cuando el médico disparó. “Era un día lindo y soleado. Pero dentro de la casa donde estaba Flores con las nenas estaba oscuro. Tuve la suerte que el psiquiatra que había ido antes logró correr la cortina que estaba detrás de la reja en un descuido del secuestrador. Y a través de ese orificio que quedó en la cortina pude apuntarle al tipo que estaba a 6 metros con 80″, recordó Alsina a este diario.
“Lo pienso hoy y no lo puedo creer. La bala pasó 4 centímetros por encima de la cabeza de la nena y le dio en la clavícula a Flores que después murió en el hospital. Incluso yo fui a darle sangre, pero llegué tarde. Ya había muerto”, agrega, en detalle.
Cuando Flores cayó herido, los policías derribaron la puerta y entraron a la casa. Lo primero que hicieron fue sacar a las dos nenas a la calle. Al ver la escena el medio centenar de vecinos aplaudió. Enseguida cargaron a Flores en una camilla y lo subieron a una ambulancia para llevarlo hasta el Hospital. En el camino la ambulancia chocó contra un coche, pero pudo seguir viaje.
El actual fiscal jefe de Madryn Daniel Báez era secretario del juzgado al momento del secuestro.
Flores murió aproximadamente a las 22, mientras los médicos lo operaban de urgencia para detener la hemorragia en uno de sus pulmones. Las dos nenas fueron examinadas por los médicos, pero no habían sufrido ningún daño salvo el susto que sufrieron. Su mamá debió ser llevada al hospital y sedada: cuando todo pasó tuvo una crisis nerviosa por la tensión vivida. Mientras, las nenas fueron llevadas a la casa de un pariente.
Flores se encontraba bajo tratamiento psiquiátrico porque sufría delirio de persecución. Justamente, durante toda la larga negociación, se manifestó escéptico sobre las promesas que los policías y el juez le hacían para que liberara a las nenas. El doctor Alsina, el único que se atrevió a tomar el arma y disparar aún no puede creer lo certero que fue su disparo. Tampoco lo creyó al poco tiempo cuando viajó de Madryn a la localidad de Sarmiento y juntó las piedras. Pero esa ve no tuvo tanta puntería. De diez disparos solo acertó tres. “Mi viejo querido del alma me ayudó. Y bueno, ahí está. Es historia”, finalizó el médico con la voz quebrada.
Chubut. Corresponsal.
GL
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