La odisea de un matrimonio: después de 200 días varados, lograron volver a casa y reencontrarse con su perra

Los últimos días de Stella Maris Carrá y su marido Norbert Landolfi resultaron de un pico de estrés y adrenalina difícil de manejar. Hay que entender la situación de hiper sensibilidad

de este matrimonio que viajó el 13 de marzo a San Martín de los Andes y no pudo concretar el regreso previsto para una semana después por el inicio de la cuarentena.

Desde entonces, pasaron más de medio año en un paradisíaco lugar pero sin estar preparados anímicamente. “¿Alguien del Gobierno entiende que esto es un tema emocional, que somos personas grandes?“, le decía Carrá, médica del Hospital Piñero, al presidente Alberto Fernández en una carta escrita en las redes sociales.

Carrá tiene 63 años y Landolfi es jubilado, de 77, con inconvenientes de movilidad que se fueron agravando con el paso del tiempo lejos de sus médicos. Hace menos de un mes, después de mover cielo y tierra, de escribirle la mencionada carta (“Usted es nuestro presidente, no nuestro padre”), Aerolíneas Argentinas le confirmó el regreso a Buenos Aires para el 1° de octubre. Faltaban algunas semanas, pero la certidumbre de una fecha apaciguó los ánimos de la pareja del barrio de Flores.

La madrugada del martes 22 de septiembre, pasadas las dos de la mañana, Carrá, dermatóloga del Piñero desde hace 40 años, recibió un mail que primero la alarmó y luego le produjo un llanto desconsolado y silencioso. “No quería despertar a mi marido, pero no podía soportar lo que leía y me desesperé, lloraba a mares, aunque me tapaba la boca, la cara, me mordía las manos. Desde Aerolíneas Argentinas nos decían que se había suspendido el vuelo y se postergaba nuevamente, esta vez para el 12 de octubre”.

Norberto y Stella Maris, en el micro de regreso a Buenos Aires, después de 200 días de estar varados en San Martín de los Andes.

El norte, el objetivo tan ansiado, se volvía a posponer y San Martín de los Andes, ese rincón de ensueño se estaba transformando en un hábitat incómodo y deprimente. “Mi marido, que tiene una hernia de disco y problemas en la columna, pasa buena parte del día en la cama y yo estoy destruida, sin ganas de nada”.

Gente adulta, la pareja pedía estar en su casa. “Necesitamos nuestro lugar, recuperar nuestra vida, yo tengo un trabajo que me requiere, soy médica, trabajadora esencial, y estamos acá abandonados, a nadie les importamos. Hacemos el esfuerzo pero nos cuesta disfrutar después de seis meses el lago, las montañas y toda esta belleza. Nuestra cabeza está detonada“, le decían a Clarín semanas atrás.

Por otra parte, “la inversión que tuvimos que hacer para vivir aquí más de medio año es un dineral que no estaba en los planes, que no teníamos disponible y nos tuvimos que endeudar para proveernos de vestimenta adecuada para pasar el duro invierno que hay aquí y al que no estamos acostumbrados. Vinimos con una valija para los dos y nos volvemos con tres repletas. Hasta tuvimos que arreglar con los dueños de la cabaña una reducción porque se hacía imposible… Entre ropa, calzado, hospedaje y comida llevamos gastados más de 500 mil pesos“.

Stella y Norberto estuvieron varados en San Martin de los Andes: en más de medio año gastaron 500 mil pesos en ropa, vivienda y comida.

Desde el 22 de septiembre Stella y Norberto vivieron días ajetreados. Desde Aerolíneas les decían que “el tema de los vuelos están atados al anuncio presidencial“, por lo que la fecha del 12 de octubre tampoco era segura. “¿Qué hacemos?”, se preguntaban desesperadamente. Mientras, en su casa de Flores, Cecilia, una amiga del alma de la pareja cuidaba -durante todo este tiempo- a Winnie, la caniche de 17 años “que es princesa de la familia, la amamos como una hija”.

“El presidente Fernández, que tanto hincha con su perro Dylan, ¿qué diría, cómo reaccionaría si lo separaran 200 días de él? Es una vergüenza el maltrato del gobierno para con nosotros. Yo ya no entiendo nada, me desconcierta la manera en que están manejando la cuarentena. ¿Qué pasa que no ponen un vuelo desde San Martín de los Andes? Me entristece la incoherencia y la falta de criterio de este gobierno”, carburaba la dermatóloga hace una semana.

“El presidente Fernández, que tanto hincha con su perro Dylan, ¿qué diría, cómo reaccionaría si lo separaran 200 días de él?”, se pregunta la médica Stella Maris Carrá.

El jueves 24 de septiembre, Stella Maris recibió un mensaje de su amiga Cecilia, la eventual cuidadora de su perrita: “Winnie no se mantiene en pie, se tambalea, no sé qué tiene”. Esas palabras eclosionaron a la médica que, llorando, le dijo a su marido: “Nos vamos en remise, no quiero llegar a casa y que Winnie haya muerto“.

Contactos de contactos de contactos dieron con un remisero de la ciudad de Neuquén que les aseguraron que podían viajar a Buenos Aires sin problemas y por un valor “accesible”: 30 mil pesos. “Arreglamos inmediatamente para salir a las 10 del martes 29 y llegar a casa el miércoles antes del mediodía. Mi perrita está viejita y enferma, casi que no ve, pero imagino que no sentirnos, no saber nada de nosotros durante tanto tiempo, la debió angustiar”.

La idea de volver en remise en lugar del avión, la cantidad de horas en un lugar cerrado, un solo chofer, el maratónico viaje para la columna de Norberto hacían ruido a la pareja adulta, pero ya estaba todo arreglado, no había vuelta atrás. “La salud de Winnie resultó un punto de inflexión, no podemos esperar que el Gobierno decida autorizar un vuelo. Hasta acá llegamos, creo que esperamos mucho tiempo y nunca tuvimos una respuesta humana“, señalaba Stella hace unos días.

La noche del lunes 28, cuando ya estaban hechas las valijas y la partida a Buenos Aires estaba a un puñado de horas, desde la Secretaría de Turismo de San Martín de los Andes “me contactaron para volver en un micro, solos nosotros. Dudamos al principio, porque temíamos que algo volviera a pasar y nos quedáramos sin anda, pero con Norberto entendimos que, de ser así, iba a ser más cómodo y sanitariamente más adecuado”.  

Stella y Norberto cancelaron el remise y a las doce del mediodía del martes 29 se presentaron en la terminal de ómnibus. “Estábamos nerviosos, teníamos miedo de que algo pasara, porque estamos perseguidos por los sobresaltos. Pero llegamos y el micro estaba”. Subieron y no lo podían creer “se nos va a dar, se nos va a dar”, repetían desde el interior. Pasaron los minutos y no arrancaba, media hora, luego una hora hasta que Stella, desconfiada, se acercó a uno de los choferes. “Estamos esperando la autorización de la Policía“, fue la respuesta que angustió al matrimonio.

Con todo lo que venía sucediendo “veíamos fantasmas por todos lados”. El tiempo pasaba y la incertidumbre los abrazaba. Pasaron dos horas, tres horas y Stella con lágrimas en los ojos fue a rogarles a los choferes. “Tranquila señora, tranquila, ¿tan feos somos?”. A las 16.05, cuatro horas después, el ómnibus se puso en marcha y Stella y Norberto empezaban a despedirse de una odisea de 200 días en San Martín de los Andes, adonde habían viajado sólo por siete

Pasadas las 15.30 del último miércolesla médica, emocionada por entrar a su casa, se reencontró con su perra Winnie, que al principio no la reconoció, pero después de olfatearla unos segundos advirtió que su querida dueña había vuelto. “Estaba un poco fatigada la perrita, me asusté, pero por suerte su corazoncito resistió y ya tengo turno para hacerle la ecografía. ¿El trabajo? El lunes vuelvo a mi trabajo en el hospital“.

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