
La pandemia del nuevo coronavirus paralizó el mundo y afectó el deporte. Se suspendieron los Juegos Olímpicos de Tokio y, de a poco, los torneos de distintas
disciplinan se reanudan aunque con una particularidad: con escaso o nulo público. El fútbol europeo fue uno de los primeros en ponerse en marcha en medio de la crisis sanitaria y lo hizo sin público.
A raíz de eso, un estudio realizado en Alemania reveló una particularidad: los árbitros resultaron ser más imparciales que antes, cuando solían favorecer a los locales y sancionaban a los visitantes con más tarjetas. La pregunta que se desprende es una: ¿el público condiciona las decisiones de los jueces?
El trabajo del IZA Institute of Labor Economics, en Bonn, estableció que sí y demostró que la ausencia de público cambió drásticamente las sanciones de los árbitros, que en promedio les sacaron hasta 30% menos de amarillas y/o rojas a los jugadores del equipo visitante.
“Nuestros resultados sugieren que la total ausencia de público local redujo la presión social sobre los árbitros para que castigaran al equipo visitante más duramente, conduciendo a decisiones más justas. Es poco probable que la causa se deba a un cambio en el rendimiento de los jugadores, dado que los resultados de los partidos no fueron muy distintos”, concluyeron los investigadores.
El informe tuvo una muestra de 6.400 partidos disputados a lo largo de esta temporada en 23 ligas distintas, en los que se evaluaron los comportamientos de 369 equipos y 472 árbitros. De ese total, el 23% de los encuentros (1.498) se llevaron a cabo tras la cuarentena pero a puertas cerradas.
Además del hecho de que los árbitros mostraron menos tarjetas a los visitante, se redujo el porcentaje de victorias locales, aunque no de forma tan significativa: del 43% al 41% en pandemia.
El portal Magnet, en tanto, recordó el trabajo de dos investigadores que analizaron el comportamiento de los árbitros durante una veintena de partidos jugados a puerta cerrada por disturbios y escándalos en Italia en 2007.
Ellos también notaron un resultado similar: hubo un tercio menos de tarjetas para los visitantes, tanto amarillas como rojas. Incluso también se sancionaron menos faltas. “No sólo los árbitros pitaron 2,6 faltas para el equipo visitante cuando no hubo espectadores, sino que pitó 1,7 mas para el equipo visitante”, explicaron.
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