Las consecuencias de la cuarentena en el deseo sexual

Es muy habitual tener “el deseo” como también no tenerlo; en este tiempo muchas parejas expresan que la pandemia ha arrasado con el deseo sexual. Cabe preguntarse si así cómo se

recuperan espacios y distancias será posible recuperar las ganas o si la “inapetencia” se prolongará durante toda la pandemia. Desgano, abulia, indiferencia, miedo, preocupaciones que se interponen, son algunos de los motivos que influyen en esta cuestión de “poner en acto el deseo”. A su vez en ciertas parejas, la preexistencia de problemas vinculares, acrecientan este distanciamiento.

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Algo que “a simple vista” parece simple y sencillo no lo es, porque para poder concretar una práctica sexual compartida se requiere “la sintonía” de ambas partes; a veces una parte puede y la otra no, una quiere y la otra no, y aquello que debiera ser fluido y hasta espontáneo reviste complicaciones que en ocasiones operan como bola de nieve acrecentando un problema.

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Generalmente si uno piensa en un estilo de vida “simplificado”, en el que los deportes, las salidas, los encuentros y hasta el trabajo se ven restringidos de manera casi automática se asocia esa disponibilidad de tiempo con la posibilidad de contar con mayor tiempo para la intimidad; sin embargo este tiempo inaudito al que la humanidad asiste potenció en una gran cantidad de personas la falta de deseo sexual.

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Dónde está el deseo es la pregunta que muchos se formulan en tiempos de Covid-19. Sensible y condicionado por múltiples factores el deseo parece extinguirse, ya que el malestar cotidiano, las nuevas normas y las restricciones impactan en la forma de relacionarnos. Expertos en Sexualidad afirman que las experiencias y vivencias displacenteras inhiben aquello que debiera brotar de forma espontánea; a su vez el Sistema Nervioso Autónomo compuesto por el Sistema Nervioso Parasimpático y Simpático, regula diversas funciones. Incertidumbres, preocupaciones, ansiedad activan tensiones, luchas y huidas activando el sistema simpático e inhibiendo al sistema que regula placer, deseo y tranquilidad.

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Escuchar, comprender, poner en palabras preocupaciones facilitan la coordinación de aquello que debe ser puesto en acto; expresar necesidades y faltas sin convertirlas en exigencias funcionan como vías de inicio para concretar un encuentro.

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En ocasiones es recomendable que cada uno intente encontrar la forma de conectar con experiencias placenteras, tal vez comenzar por el autoerotismo es una forma de despertar la mente y el cuerpo para registrar sensaciones que parecieran dormidas o aletargadas. Los espacios y momentos de encuentros no deben ser forzados ni exigidos; dialogar a veces deviene en acción y hasta despliega la imaginación que posibilita que surja el deseo y se reinventen muchas formas de hacer el amor.

Guillermina Rizzo. Dra. en Psicología. Columnista en medios de comunicación. Twitter @guillerizzo

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