
Donald Trump retomó sus actividades oficiales como si nada hubiera pasado el 3 de noviembre. Por la mañana fue al cementerio de Arlington para homenajear a los veteranos
de guerra en su día, después de tener su agenda vacía por una semana tras las elecciones que lo señalaron como perdedor. Sin embargo, su cabeza sigue enfocada en un único objetivo: denunciar fraude y bombardear la transición con el presidente electo Joe Biden a toda costa. Como la situación cada día empeora, el equipo del demócrata evalúa acciones judiciales para desbloquear la situación.
Según dijeron fuentes del entorno de Biden a la cadena ABC, el equipo del presidente electo analiza emprender “medidas legales” porque cree que los intereses económicos y la seguridad nacional de EE.UU. “dependen de que el Gobierno federal señale clara y rápidamente que respeta la voluntad del pueblo estadounidense y se va a comprometer en una transición de poderes tranquila y pacífica”.
Trump aún no ha reconocido su derrota, algo inédito en la historia estadounidense, y sigue denunciando fraude en varios estados, aunque no ha presentado pruebas y por eso traba la transición.
Donald Trump, bajo la lluvia en la tumba del Soldado Desconocido en Arlington. Foto: Reuters
Sin embargo, el New York Times contactó a delegados, demócratas y republicanos, en 45 estados, que dijeron sin fisuras que no registraron evidencia de fraude o alguna irregularidad que pudiera alterar el resultado final de las elecciones, en contraposición con lo que denuncia Trump.
Una ley de 1963 regula el proceso de transición en EE.UU, que se pone en marcha cuando la agencia General Services Administration (GSA), que es la que se encarga de gestionar los edificios federales, da la luz verde. En general lo hace poco después de que se conoce el ganador, que es reconocido cuando así lo establece el conteo de la agencia AP, que se encarga desde hace 170 años, ya que no hay una autoridad electoral a nivel nacional.
Pero la titular de la GSA, Emily Murphy, se resiste a firmar la autorización por lo que Biden y su equipo no tienen acceso a los edificios y la a documentación y edificios para iniciar la transición. “Aún no se ha realizado una verificación”, dijo el martes la agencia en un comunicado. “La GSA y su administradora continuarán obedeciendo y cumpliendo con todos los requisitos de la ley y se adherirán al precedente anterior establecido por la administración Clinton en el 2000”.
El presidente comenzó a cosechar apoyos dentro del partido republicano a su ofensiva para detener las elecciones. El líder del Senado Mitch McConnell dijo que había que investigar las irregularidades y el secretario de Estado, Mike Pompeo, restó importancia a los resultados de las elecciones.
Con una sonrisa, Pompeo dijo el martes a la prensa que la “habrá una transición suave”, pero enseguida agregó “a un segundo gobierno de Trump”, con una sonrisa, antes de pasar a un tono más serio. “Estamos listos. El mundo mira lo que está ocurriendo. Vamos a contar todos los votos. Cuando el proceso esté completo, se elegirán electores. Hay un proceso, la Constitución lo explica con bastante claridad”.
Biden aventaja ahora a Trump por 290 delegados en el Colegio Electoral frente a 217, según las proyecciones de los principales medios estadounidenses. Trump se anotó este miércoles los tres delegados que otorga el estado de Alaska, según pronosticaron las cadenas de televisión. Ese factor no cambia el hecho de que Biden ya ha superado los 270 delegados en el Colegio Electoral -la mitad de los 538 votos de ese órgano más uno- y es por tanto es el nuevo presidente electo de los Estados Unidos. Aún quedan por decidir, Carolina del Norte, Georgia, y, según algunos medios, también Arizona, aunque otros ya han proyectado que Biden se llevará ese estado.
Mientras espera los resultados de su ofensiva judicial en varios estados, Trump retomó su agenda habitual, después de haber estado una semana recluido en la Casa Blanca sin actividad, apenas dos salidas el fin de semana para jugar al golf en un campo suyo en Virginia.
Trump llega a Arlington. Foto: Reuters
En una mañana lluviosa, acompañado de su esposa Melania, del vicepresidente Mike Pence y su esposa, fue al cementerio de Arlington a homenajear a los caídos en combate en el día de los Veteranos.
Lo hace dos días después de haber echado a su ministro de Defensa, Mark Esper, quien se había enfrentado con él por la idea del presidente de enviar tropas al interior para combatir las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial.
También en medio de rumores de que podría anunciar un retiro masivo de las tropas estadounidenses en Afganistán para complicar la estrategia militar de Biden en el futuro.
En un momento tremendamente divisivo en la historia de Estados Unidos, las pantallas mostraban la ceremonia del presidente saliente en Arlington, pero al mismo tiempo al presidente electo y su esposa, Jill Biden en otra ceremonia en un cementerio de Filadelfia.
Washington, corresponsal
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