
El morbo siempre vendió. Pero el morbo vinculado a Maradona es, acaso, el más morboso
Pasó desde que Maradona es Maradona. O, al menos, desde que Maradona se convirtió en ese Dios sucio que describió alguna vez Eduardo Galeano. El más humano de los dioses.
Maradona está mal. Tan mal como en 2000 en Punta del Este, cuando debió ser trasladado de urgencia al Sanatorio Cantegril por una crisis hipertensiva y un cuadro de arritmia ventricular provocado por el consumo de drogas. Tan mal como en 2004, cuando de vuelta en Buenos Aires estuvo otra vez al borde de la muerte por una crisis hipertensiva y una infección pulmonar.
Todo se agrava porque Diego ya no tiene 40 ni 44 años. Tiene 60 y un historial clínico cargado de enfermedades y complicaciones. Por eso, ahora más que nunca, cada minuto de tranquilidad ayuda a su recuperación. El periodismo no podrá resolver las disputas familiares. Tampoco cómo actúa o deja de actuar su famoso “entorno”, una palabra que siempre estuvo unida a las peripecias de Diego, y que en este tiempo, como es mucho más difuso habilita todo tipo de especulaciones y suspicacias.
Lo que sí puede hacer el periodismo es actuar con ética y profesionalismo. Aportar desde su lugar. Preguntarse para qué publicar algo. Este último viernes, el portal Infobae –el más leído del país durante varios meses de este 2020– publicó fotos, obtenidas desde un drone, de la nueva casa de Diego en Tigre e incluso de él junto a un grupo de personas. El drone, obvio, sobrevoló el lugar y capturó imágenes del ámbito privado sin ningún tipo de permiso.
Enseguida, sucedió lo que sucede en estos casos: miles de personas clickearon y las vieron. El clickbait como bandera. En esas imágenes no había nada extraño ni diferente a lo que se podía imaginar. Pero el morbo siempre garpa. La propia Comisión Gremial Interna de Infobae salió a repudiar la publicación: “No compartimos estas prácticas que reniegan de la ética periodística y vulneran los derechos individuales. Como comunicadores instamos a un ejercicio responsable de la profesión”, expresaron. Fernando Signorini, amigo y ex preparador físico de Diego, también tuvo algo para decir: “Estos son los mismos tipos q después tienen el descaro de juzgar a Maradona. Una cámara encima las 24 hs desde los 16 años…no soportarían un solo día. Más miserable no se consigue”.
Hace 20 años, cuando Diego peleaba por sobrevivir en Punta del Este, este mismo morbo se apoderó de varios medios y periodistas. La salud de Maradona era noticia nacional y la lógica de la primicia hacía lo suyo: el Sanatorio Cantegril se convirtió en zona caníbal. Fue entonces cuando la revista Veintidos –sucesora de XXI y predecesora de Veintitrés– publicó una tapa escrita por –oh, la grieta– Adrián Paenza y Jorge Lanata. La tapa era sobria, con mucho blanco y un Diego chiquito agarrándose las rodillas. El título era: “Déjenlo en paz”.





