Aborto legal: una explosión de felicidad y desahogo tiñó de verde los alrededores del Congreso

Más fuerte de lo que alcanzan las palabras. 38 afirmativos y aborto legal en toda la Argentina. Explosión de llanto, de gritos, de abrazos que no terminan porque recién

empiezan, porque son la catarsis de una angustia histórica de amigas, hermanas, novias y compañeras que abortaron o acompañaron abortos en la clandestinidad, porque son la alegría de que las mujeres podrán decidir sobre su cuerpo, de que no serán más ciudadanas de segunda, como dijeron en el Congreso y en la calle.

“Es ley”, dice Mariana mientras se abraza a llanto suelto. Es lo único que le sale decir. Se salta con los brazos en alto. De a dos, de a muchas, con las que se vino y con las desconocidas. El humo verde sube y no se ve la cúpula del Congreso. Una marea, no. Una ola estallando. Y despues el festejo.

“Hoooooy es aborto, hooooy es aborto”, cantan cientas en la plaza. “Dicen que somos zurdas y asesinas, los fachos que apoyaron a genocidas”, cantan cientas en la plaza. No se puede caminar de la cantidad de personas. Hay glitter, pañuelos verdes que agitan, baile, una fiesta en la calle.

Antes de la votación en Diputados, el 11 de diciembre, la mayoría esperaba sentada, con la convicción de un resultado seguro, de que había que guardar fuerzas. Ahora esperaron de pie, saltando, con los ojos fijos en las pantallas o cantando. Acá nadie se quedó quieto o quieta.

“Nos saca de la clandestinidad y salda una enorme deuda social, cambia de la concepción y la percepción de lo que es un embarazada y la maternidad”, dice minutos antes Sheila (29), con el cuerpo pintado de brillos dorados. Ahora salta con sus dos amigas. Vino de Floresta a vivir una verdadera fiesta.

El calor que no da tregua marca una diferencia también con la votación en el Senado en 2018, que terminó con la postergación del debate hasta 2020. Llovió casi toda la madrugada y las militantes aguardaron estoicas para escuchar entre lágrimas la votación negativa.

El verano ahora marca un clima de fiesta callejera, con las parrillas ambulantes trabajando a pleno y la cerveza y el agua corriendo a mares. Se sumó al pañuelo verde el glitter en ese momento y  el tapabocas de la esperanza este año. También las masculinidades dijeron presente y se ve mayor presencia de las disidencias sexuales, en coincidencia con una sociedad que avanza.

“Es justicia social, se van a dejar de morir muchas mujeres en la clandestinidad, van a tener acompañamiento, y como mujeres en general es dejar de ser juzgadas”, piensa Florencia Susaniche (20), de Claypole, que vino con su novia a las 19, y recuerda que alrededor de 500 mil mujeres abortaban hasta hoy en la Argentina, a pesar de la ilegalidad. Florencia es una de las miles que saltan sobre la avenida Callao en un grito de alivio, de ver concretado el sueño.

“Ahora tengo derecho sobre mi cuerpo y esto se desprende del aborto, es muy fuerte, porque somos miles de mujeres y cuerpas getantes, que crecimos sintiendo que estábamos soles y ahora somos un montón, tiene que ver con nuestras infancias y nuestra cultura”, Noel (33), de Turdera, que vino de Monte Grande, y se emociona mientras cuenta que estudió en un colegio católico, donde sus compañeras abortaban en silencio.

“Era una realidad que todos conocían en la Zona Sur del Conurbano. Todos sabían perfectamente cuáles eran los lugares donde se hacían abortos clandestinos”, cuenta.

Carla (31), de Monte Grande, camina a metros del escenario sin poder contenerse. “Para las mujeres, lesbianas trans no binarias esto significa tener una vida un poco más libre y va a marcar un antes y un después para toda la región”. Se le quiebra la voz cuando dice que “aborto legal es democracia y ciudadanía plena”.

“Se pensaban que estabamos dormidas, cocinando, planchando y yendo a misa, pero ahora piquete y cacerola, al Senado lo tenemos de las bolas, aborto legaaaaal”, cantaron por horas agitando pañuelos. “Este es el día en que empezamos a ser más libres, en que como mujeres podemos decidir”, opina Ludmila (23), de Jose C. Paz.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, la plataforma desde donde se articulan las organizaciones que impulsan el acceso a la interrupción del embarazo, se originó en 2003, tras el Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario, y fue lanzada en 2005. Con representación transversal a todo el abanico político, presentaron varias veces proyectos de ley, hasta 2018, cuando fue tratado por primera vez en el Congreso, con un nivel de acompañamiento popular inédito. Obtuvo solo media sanción, pero a todas vistas se ganaba la agenda pública.

El proyecto de ley de la campaña se debatió junto al de Alberto Fernandez, que fue el que avanzó en el Congreso. Es la primera vez en la historia que un presidente envía un proyecto y apoya abiertamente el aborto legal. En 2018, Mauricio Macri solo había habilitado el debate.

“Mi deseo es la esperanza, es que resuene en Latinoamérica esta deuda que tienen las democracias con nuestros cuerpos, que la marea verde resuene en todo el continente”, dice Juliana Montoya (23), una de las integrantes más jovenes de la Campaña. Hace tres años, se unió desde Bahía Blanca a la Red de Socorristas, que asiste con información y contención a mujeres que tomaron la decisión de interrumpir un embarazo, tras acompañar a una amiga a abortar.

“Las socorristas entendemos la ley como un piso de posibilidades y no como un techo y vamos a seguir estando para que el aborto sea libre, legal y feminista”, aclara.

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