“Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz, un impío riguroso. Pero aquí me tienen, volando en dirección a Mongolia con el anciano vicario de Cristo en la Tierra, dispuesto a interrogarle sobre la resurrección de la carne y la vida eterna. Para eso me he embarcado en este avión: para preguntarle al papa Francisco si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, y para llevarle a mi madre su respuesta. He aquí un loco sin Dios persiguiendo al loco de Dios hasta el fin del mundo”. Así comienza el último libro de Javier Cercas, El loco de Dios en el fin del mundo (Random House) publicado este mes.
Cuenta Cercas que estaba firmando ejemplares en el Salón del libro de Turín cuando recibió una llamada del Vaticano. Creyó que se trataba de una invitación a una de las recepciones que suelen hacerse periódicamente para celebrar a artistas y escritores. Pero no se trataba del eso. “El que quería hablar conmigo –le cuenta Cercas a Zenda- se llamaba Lorenzo Mazzini, que ahora es un personaje del libro y amigo mío: el director de la Editorial del Vaticano. Y me dijo: ‘Mire, el papa Francisco viaja a Mongolia, país de tradición budista, con menos de mil quinientos católicos, a finales de agosto o principios de septiembre, y habíamos pensado que a usted podría interesarle. Nosotros le facilitaríamos el viaje, le facilitaríamos todo lo que usted quisiese, podría usted hablar con quien quisiese, se lo pondríamos lo más fácil que se pudiese. Y entonces, luego usted podría escribir con absoluta libertad’. Lo que recuerdo haberle dicho fue ‘pero ¿ustedes no saben que yo soy un tipo peligroso?’».

Por supuesto, el Vaticano o, por lo menos, el círculo más cercano a Francisco, estaba al tanto de lo que Cercas pensaba, pero no encontró en el ateísmo y anticlericalismo del escritor un impedimento, sino más bien todo lo contrario. Por alguna razón creyó que era la persona adecuada para acompañar al Papa hacia los confines del mundo, a un país de 3 millones de habitantes y sólo 1500 católicos.
“Yo me fui al viaje ateo y anticlerical -cuenta el escritor- y he vuelto igual de ateo y más anticlerical de lo que me fui. Que el Papa sea anticlerical es una cosa que sale poco en los medios, pero es así. Es uno de sus discursos más constantes, más fuertes. Para el Papa el clericalismo es el cáncer de la Iglesia, literal”.
Según parece, el papa Francisco produjo una honda transformación en Cercas pues luego de ese viaje con “el loco de Dios” hizo declaraciones a la prensa como “El cristianismo que hemos vivido es una perversión; Francisco comenzó una revolución” (El País). Por otra parte, en una entrevista que le dio a Efe afirma refiriéndose al viaje: “Claro que he cambiado, me ha cambiado todo, mi visión de todo, hasta de mí mismo, ha sido una aventura enorme en la que he visto cosas que nunca había visto y he pensado cosas que nunca había pensado”.
Cercas, el escritor exitoso que trascendió los límites de su país a partir de Soldados de Salamina, publicado por primera vez en 2001, afirma que su viaje con el Papa fue una verdadera aventura y, de alguna manera, se siente un elegido porque ningún otro escritor tuvo la oportunidad de escribir un libro así, sencillamente porque el Vaticano no se lo ofreció nunca a nadie antes. “La única cosa que nunca le he preguntado al Vaticano –dijo en una entrevista pública- es por qué me ha elegido a mí entre todos los escritores de mundo”.
Explica también que el papa Francisco estaba contra el constantinismo, una palabra que refiere al emperador Constantino quien en el año 310 decidió unir la Iglesia al destino del Imperio romano. El catolicismo se convierte así en la religión del Imperio lo que “es absolutamente letal para Francisco, una verdadera catástrofe. El cristianismo es una religión subversiva y este señor llamado Jesucristo era alguien peligroso”.
Señala, además, que así como el Papa tenía muchos seguidores, también tenía muchos detractores, tanto fuera como dentro de la Iglesia. A los burócratas les molestaba que hablara con los musulmanes, con los budistas y “fuera a Mongolia acompañado de ese Cercas que es un ateo y es un rojo”.
Según parece, la inesperada aventura de viajar a Mongolia con Francisco y de tener abiertas las puertas del Vaticano para preguntar lo que quisiera fue no sólo interesante e inexplicable, sino también divertido. “Yo entré al Vaticano con una frase del filósofo rumano Ciorán que dice ‘Toda religión es una cruzada contra el humor’. Esto lo he pensado yo durante mucho tiempo, pero no es verdad. Francisco hacía una reivindicación constante del humor”.
La muerte de este Papa singular no sólo les produce dolor a los católicos, sino también a los ateos, a los anticlericales, a los rojos y a todos los que por siglos tuvieron cerradas las puertas de la Iglesia.
No sabemos si Cercas pudo llevarle a su madre la certeza de que se encontraría con su esposo más allá de la muerte. Lo cierto es que Francisco alentó el encuentro de impíos y piadosos en esta misma vida.
Fuente Tiempo Argentino