«No hay plata para las universidades, pero sí para 200 tuiteros que no distinguen sujeto y predicado»

Desde hace más de un año, las universidades nacionales resisten tanto el ajuste del gobierno libertario como la estigmatización sobre la educación pública que difunden desde Casa Rosada. El conflicto que creció en 2024 está lejos de resolverse y la asfixia presupuestaria es el centro de la batalla. Sin embargo, desde los distintos espacios académicos contradicen el dogma libertario y sostienen que sí hay plata, pero eligen destinarla a otros asuntos. Por ejemplo, Germán Pinazo, vicerrector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), asegura que el presupuesto de la Secretaría de Comunicación duplica al que hoy tienen las casas de altos estudios de todo el país. “El presidente ha hablado de la destrucción del Estado, pero yo creo que tiene un odio especial con la universidad pública”, dice en diálogo con Tiempo Argentino. También detalla ejemplos de la crisis en el día a día y remarca que el gasto público en educación superior en Argentina ahora se ubica entre los más bajos de América Latina. 

-¿Cómo está actualmente la situación de las universidades públicas?

-En términos económicos y financieros la situación en las universidades es crítica, te diría límite. El dato que me parece que más sintetiza la gravedad del asunto es el que muestra que, en el año 2024, Argentina terminó con un gasto público para la educación superior apenas por encima del 0,5% del Producto Bruto Interno. Si mirás los últimos datos disponibles de la Red Iberoamericana de Indicadores de la Educación Superior, vas a encontrar que es el dato más bajo de gasto público en educación superior para un país de América Latina. Y vas a encontrar también que Argentina tiene la tasa de matriculación más alta de la región.  Con el agravante de que Argentina es, junto a Cuba y Uruguay, de los países donde más peso tienen las universidades públicas a la hora de explicar esa matriculación. Así, entonces, vos tenés países, como Chile, con una tasa de matriculación menor, con ocho de cada diez estudiantes en universidades privadas, donde, no  obstante, el Estado gasta en educación superior el equivalente a alrededor de 0.9%  del PBI. Casi el doble que nosotros con un sistema público infinitamente menor.

Después los funcionarios públicos del gobierno o sus operadores mediáticos te van a decir que acá los estudiantes se egresan poco, pero al mismo tiempo destruyen las instituciones y los dispositivos que hacen posible el aumento de la tasa de egresos. Con la creación de universidades públicas en el conurbano bonaerense, por ejemplo, y según los datos de la Encuesta Permanente de Hogares que produce el Instituto Nacional de Estadística y Censos, se triplicó el número de personas con estudios universitarios entre 2003 y 2023 en el área metropolitana de Buenos Aires. ¿Por qué? Obviamente por la cercanía, recordemos que Argentina tiene menos universidades por habitante que Brasil o Mexico, muchísimas menos. Pero también porque tenemos dispositivos de acompañamiento a una población con ciertas características socioeconómicas que dificulta el sostenimiento de los estudios, como por ejemplo, espacios de cuidado para los hijos e hijas de estudiantes. Los funcionarios públicos se quejan del egreso, pero destruyen aquello que ha hecho posible que aumente el egreso. Es como si desconocieran absolutamente los datos más elementales del asunto, tuvieran alguna dificultad cognitiva o estuvieran suponiendo que sus interlocutores son idiotas.

-¿En qué aspectos concretos del día a día se ve el ajuste? 

-El aspecto más desesperante es el salarial. Los trabajadores y trabajadoras universitarios han sufrido un ajuste en el poder adquisitivo de los salarios que es incluso mayor al de la administración pública nacional. Somos los más odiados de los odiados. Un trabajador o trabajadora docente y nodocente debería recibir, en julio de 2025 un 44% de aumento para estar en los niveles salariales de noviembre de 2023. Es una catástrofe. Es muy común ver compañeros y compañeras que tienen que buscar otros trabajos, que salen a manejar para aplicaciones en su tiempo libre; y es muy difícil conseguir docentes para determinadas asignaturas, principalmente tecnológicas.

La crisis también se ve en la dificultad para sostener algunos de esos dispositivos de acompañamiento de los que te hablaba antes: la comida en las salas de juegos, el subsidio para que los estudiantes puedan tener un almuerzo accesible en la universidad, las becas de ayuda económica.

Y, por último, en el mantenimiento de todos los equipos y la infraestructura que hace a la más elemental vida universitaria: se hace difícil o imposible renovar servidores, actualizar laboratorios informáticos para los estudiantes, instalar equipos que teníamos comprados o mantenerlos. En fin, está claro que este es un plan para la destrucción de la universidad pública. El presidente ha hablado de la destrucción del Estado, pero yo creo que tiene un odio especial con la universidad pública. Me imagino que tiene que ver con el peligro que esta institución supone para un gobierno que hace de la mentira una práctica habitual, casi en todos los órdenes de la gestión, y que tiene funcionarios que exhiben enormes y penosas dificultades a la hora de encadenar ideas mediante conectores lógicos. Quizás algo de resentimiento haya también.

-¿Cuál es el presupuesto de la universidad y cuál es su comparativa con otros presupuestos, como el de prensa? 

-El presupuesto de la universidad pública está compuesto básicamente de salarios, docentes y nodocentes, y gastos de funcionamiento; que sirven para financiar lógicamente todo aquello que no es salarios, desde el mantenimiento de los campus y laboratorios, hasta las becas de los y las estudiantes. Luego están las partidas presupuestarias que, si bien no forman parte directa del presupuesto de las universidades, hacen a la vida universitaria y son centrales para el despliegue de sus funciones; como, por ejemplo, las partidas de la secretaría de educación para extensión universitaria, fortalecimiento de la ciencia y de la técnica en las universidades o infraestructura universitaria. Recordemos que el sistema universitario, además de ser un lugar de formación, es el principal centro de producción científica y tecnológica del país. Tiene alrededor de 50 mil investigadores e investigadoras y sus aulas y laboratorios son sede de la gran mayoría de investigadores del Conicet, por ejemplo.

Sobre estas tres últimas, extensión universitaria, ciencia y técnica en las universidades, es interesante observar que el presupuesto vigente para este 2025 es de 13 mil millones de pesos. Eso es contando no sólo el presupuesto de la secretaría de educación, sino fuentes presupuestarias que vienen de créditos internacionales, es decir que no salen de impuestos domésticos. La Secretaría de Comunicación y Medios de la Nación, que dirige el vocero presidencial Manuel Adorni, tiene un presupuesto vigente de 27 mil millones para el mismo año. Creció más de 11 veces entre 2024 y 2025. Estamos hablando de una Secretaría con 265 empleados, contra un sistema que tiene 250 mil trabajadores.   

Fijate las prioridades entonces. Desde 2023 tenemos parada en la Universidad Nacional de General Sarmiento una obra para terminar un edificio de laboratorios de 2400 metros cuadrados, que está terminada en un 95% y no podemos terminar porque la Secretaría de Educación no sólo tiene congelado y no ejecuta el presupuesto en infraestructura (el año pasado lo ejecutó en un 0%). Ahí tenemos para instalar un equipo analizador termogravimétrico acoplado a un equipo de cromatografía de gases con espectrómetro de masas que, según entiendo, es uno de los pocos que hay en el país, y no lo podemos hacer porque supuestamente no hay plata. Pero resulta que para 200 tuiteros, que no saben usar puntos ni comas, que no distinguen sujeto y predicado, y cuya única virtud es la obsecuencia y la falta de dignidad, hay un montón. 1100% de aumento presupuestario en un año, más de diez veces el presupuesto de infraestructura universitaria, para un grupito de tuiteros de alfabetización dudosa.

¿Creés en el discurso que dice «no hay plata»?

-Me parece que no es una creencia, son datos. Pero lo más preocupante, de vuelta, es la inconsistencia en el planteo del Gobierno. Si todo impuesto es un robo, no debería preguntarnos cómo financiar un gasto totalmente financiable para cualquier país, debería decirnos que no le interesa financiarlo. Pasa con todo. Con las jubilaciones, y con la salud pasa lo mismo. El Gobierno nos pregunta cómo financiarlo y el año pasado redujo la recaudación de uno de los pocos impuestos progresivos que tenemos, los Bienes Personales, en alrededor de 0,4% o 0,6% del PBI. Chile, que nadie podría decir que es comunista (aunque no debemos perder la capacidad de asombro con algunos), recauda en impuestos a las ganancias corrientes de las personas y las empresas alrededor de 7% del PBI mientras nosotros apenas 5%. La tributación de los inmuebles rurales que hoy están exentos del pago de Bienes Personales podrían significar otros 0,4% del Producto. Es decir, que tanto sea con la estructura tributaria extremadamente deficiente o pensando una estructura mejor, más acorde a la existente en otros países del mundo, no estamos hablando de un gasto público exorbitante. El asunto es que si decís que todo impuesto es un robo, no deberías preguntar, a la vez, con qué impuestos financiar un gasto. 

Foto: Edgardo Gómez

El gran problema de fondo es que el gobierno cree, efectivamente, que todo impuesto es un robo. Y si eso es así, si nadie debería esperar que ningún vecino ponga un peso para garantizar el acceso de nadie a nada, entonces nosotros no somos más un país. No sólo porque no existe ningún país en el mundo real que funcione sin impuestos (de hecho, los que funcionan mejor tienen una presión tributaria mayor a la nuestra), sino porque no hay comunidad que exista sobre la base de una falta de empatía tan grande.

¿Se está viendo una ida o renuncia?

-Más que una renuncia masiva yo lo que veo es una dificultad muy grande para sostener las tareas en las mismas condiciones que antes. A los nodocentes de las categorías más bajas se les hace difícil hasta venir al trabajo y sí en docentes de carreras como ingeniería, informática o sistemas se ven búsquedas o concursos vacantes.

-¿Cómo se puede revertir?

-La única manera de revertir la situación es mejorando el presupuesto. Ahí me parece que el Congreso debe cumplir sus funciones. Es el congreso el que crea a las universidades, el que les debe dar presupuesto y que el que las debe auditar. El congreso tiene que fijar un presupuesto y sostenerlo pese a un eventual veto presidencial. Y quisiera decir otra cosa: el gobierno dice que reclamamos presupuesto pero no nos dejamos auditar. Y ahí otra vez tengo la misma duda: no sé si desconocen absolutamente todo, si la lógica no es lo suyo o si toman a la ciudadanía por idiota. El 90/95% del presupuesto universitario son salarios. Todos los meses le informamos a la Secretaría de Educación todos los pagos por dicho concepto que hacemos, incluida la categoría del agente, su antigüedad, los aportes y la cuenta de depósito. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, el año pasado las transferencias a las universidades se redujeron un 24% en términos reales. ¿Cómo puede ser que el argumento para recortar un 24% sea que no pueden auditar un 5%? De vuelta, ¿se les hace difícil a ellos o creen que pueden tomar a la sociedad por idiota?

Fuente Tiempo Argentino

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