Está claro: lo muestran cruces altisonantes en entrevistas, mensajes cifrados o no tanto, polémicas en redes. El peronismo discute el “quién”. Mientras el gobierno lleva ocho semanas enredado en el patrimonio cambiante de Adorni, el partido opositor acelera. Y su debate, que arrastra detrás suyo al arco antimileísta, toma velocidad, pero enfocado en perfiles, imágenes públicas, trayectorias, estilos individuales: nombres, en suma. ¿Y el “qué”? ¿Qué medidas tomaría el peronismo si la sociedad le diera en dieciséis meses el mandato -un voto mayoritario en las urnas- de reparar el daño producido por el shock ultraliberal?
Así empiezan a perfilarse discusiones claves, tácitas o explícitas; enunciadas o que se guardan para comunicar en el momento oportuno. Son cuestiones de fondo que permanecen detrás del cortinado de las tensiones por la candidatura a la presidencia. Se trata del orden fiscal (que puede implicar superávit, déficit o equilibrio); el poder adquisitivo, el consumo, los estímulos distributivos a la actividad económica y la morosidad récord de las familias; el cronograma de vencimientos de deuda con el FMI, por nombrar las más urgentes. Comprometer una definición sobre cada una de ellas implica, se sobreentiende, un compromiso con los votantes.
El peronismo sabe que no tiene el partido ganado ni mucho menos, pese al deterioro de la pax mileísta con su invitación al sacrificio presente en pos de una prosperidad futura mediante la reconversión a velocidad turbo de toda la economía. Tres obstáculos se asoman en el tiempo que viene. El primero es la continuidad del programa deseado por un sector del Círculo Rojo con Patricia Bullrich como recambio; el segundo, una hipotética y para nada descartable intervención en el proceso electoral del tecnomagnate Peter Thiel, como lo hiciera el Tesoro por orden de Donald Trump; el tercero, una carta que seguro jugará el gobierno: asustar a la sociedad con un tembladeral cambiario causado por un hipotético regreso del PJ.
En tren de prioridades, cuando el principal partido de oposición discute cómo gobernaría el país en este contexto y con estos antecedentes, aparece en primer plano el gran tema de la deuda. En particular la curva de vencimientos, sea con el Fondo y otros organismos multilaterales o con tenedores de bonos. Esas obligaciones, por supuesto, condicionarían cualquier ejercicio presupuestario. Vaya un dato: sólo en el caso del FMI los vencimientos entre julio de este año y julio de 2027 suman unos U$S 9000 millones (lo que explica por qué la gestión libertaria gestiona nuevos préstamos del Banco Mundial y el BID más recaudación adicional vía privatizaciones).
Una de las voces del PJ que no dudó en referirse a este condicionante -que afectará a cualquier gobierno, del signo ideológico que sea- es el diputado nacional por Entre Ríos Guillermo Michel. Ex titular de Aduanas y del equipo económico de Sergio Massa, también integrante del espacio federal que se presentó el 1° de Mayo en Parque Norte, Michel propuso empujar una renegociación con el Fondo que diferencie el tratamiento de los montos a devolver por Argentina según la cuota-parte que debería haber recibido como miembro del organismo (dada su situación económica y su contribución de capital). Argentina, vale recordarlo, recurrió al auxilio del FMI en junio de 2018, durante el gobierno de Mauricio Macri, y luego en marzo de 2025, ya con Milei.
Esta semana, entrevistado en la radio AM530, el legislador planteó que en un futuro gobierno “lo primero que habrá que discutir” será “la hipoteca con el Fondo Monetario”, al que definió como “el gran cuello de botella”. Y amplió: “No hay que desconocer la deuda. Hay que pagar. Pero lo que hay que hacer es decir: ‘¿cuál era el monto técnico que podía prestar el Fondo y cuál es la parte política?’ Entonces, (la devolución de) la parte técnica se hará en condiciones técnicas. Y, en cambio, la parte política, que se la dieron a Macri para que gane las elecciones (de 2019, en las que sin embargo resultó derrotado, NdR) o ahora a Milei para que gane, se discutirá en términos políticos.”
Michel, de todos modos, aclaró que esa discusión más “política” de la parte del crédito que respondió a un criterio discrecional y de afinidad ideológica -entre el FMI y el PRO y luego con La Libertad Avanza- no implicaría desconocer ese tramo de la deuda. Planteó que se lo debería pagar, pero con otros mecanismos, cronograma o modalidad. “Se atará parte del pago al crecimiento o al superávit de la balanza energética en determinado rubro”, agregó a modo de ejemplo. Algo similar dijo luego, en otra entrevista radial: “Hay que analizar la parte técnica y la parte política del préstamo, siempre con la premisa de que las deudas hay que honrarlas, cancelarlas. Pero la parte política hay que atarla a otras variables”, sostuvo Michel en diálogo con FM La Patriada.
Consultado por el mismo tema, el ministro de Gobierno bonaerense Carlos Bianco dijo coincidir con la idea de separar lo ‘técnico’ de lo ‘político’ en una hipotética renegociación de la deuda con el Fondo. “Le tenés que pagar toda la deuda que contrajiste y, bueno, será una negociación a plantear en términos no tan simpáticos”, señaló a Tiempo el funcionario y colaborador de confianza de Axel Kicillof. Bianco, sin embargo, destacó un hecho clave que podría contribuir con el repago de las deudas (entre ellas la del FMI): “Hoy vos tenés algunas fuentes de financiamiento y de generación de divisas, adicionales a la histórica del país, que siempre fue el sector agropecuario. Ahora vas a empezar crecientemente a exportar combustible, gracias a definiciones políticas que se tomaron en el kirchnerismo y que después fueron madurando (por el desarrollo de Vaca Muerta y el gasoducto hasta Salliqueló, NdR). Eso ayudará a hacer frente a los compromisos externos”, remarcó.
Otros ejes que se debaten -silenciosamente y no tanto- son el sostenimiento del orden fiscal o su reverso, que sería (en el trazo grueso) iniciar un nuevo gobierno con una batería de medidas distribucionistas que reparen rápidamente el poder adquisitivo y contribuyan al repunte de la actividad. La primera recomendación circula ya como una exigencia asumida por la mayor parte de la dirigencia. Se considera que la sociedad -pese al deterioro brutal en la calidad de vida- incorporó en su vida cotidiana cierta valoración de la estabilidad. “El peronismo debe llevar adelante una política con orden macroeconómico y fiscal”, reiteró el porteño Juan Manuel Olmos. Esta insistencia se explica, por otro lado, por la intención de correrse del estigma promovido por un sector de la elite empresaria: que el peronismo es el de portador del caos económico, «el riesgo kuka».
En cuanto a la necesidad de estimular rápidamente la demanda, esa fue la premisa que difundió esta semana el economista Santiago Fraschina, de La Cámpora. En contraste con la tesis que prioriza primero crecer para luego distribuir, Fraschina publicó un artículo en el que consideró que “la tradición justicialista” establece que una “macro ordenada” pero sobre todo “durable” requiere de una economía con “capacidad de distribuir”. “El orden durable no surge simplemente del ajuste de variables contables, sino de una economía que amplía su capacidad de distribuir, producir, invertir, exportar, recaudar y generar empleo”, planteó.
Por último, otra urgencia que sobrevuela en las discusiones intra-PJ es qué y cuánto hacer frente al sobreendeudamiento de las familias. Nombres conocidos del pan-peronismo junto a figuras de otros partidos proponen crear una línea de crédito con tasas subsidiadas vía ANSES. “No estamos haciendo nada nuevo. Lo hizo Cristina con el Argenta y Macri en 2017 con los préstamos ANSES. Es usar recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para prestar a una tasa razonable en un plazo razonable”, explicó Michel.
Fuente Tiempo Argentino
