En la nota de Tiempo Argentino sobre un incipiente armado antimileista, María Pía López señala que el articulador de ese frente social y político no debe fundarse en decir ‘tenés razón en lo del superávit fiscal y vamos a continuarlo haciéndolo mejor’ y propone que “estamos exigidos a construir otro superávit, el superávit del lazo de comunidad”.
En lo que sigue se tratará de clarificar qué es y cómo se mide el superávit / déficit fiscal y por qué es tan importante, para luego analizar la evolución que tuvo a lo largo de los últimos 50 años y los impactos sobre la economía nacional, para finalmente profundizar el contenido y las políticas que sustentan al denominado superávit trucho e intentar un camino de salida viable para un próximo gobierno.
El resultado fiscal: cómo se genera y por qué importa
El balance final que reporta mensualmente el Ministerio de Economía puede referir al resultado fiscal primario (ingresos totales menos gastos primarios) o al resultado financiero (resultado primario menos intereses de la deuda) que se utilizará en lo que sigue por ser mucho más representativo de la situación económica nacional.
Los recursos fiscales se generan mediante los impuestos nacionales y las rentas de la propiedad / aportes a la seguridad social (principalmente el Impuesto al Valor Agregado y el Impuesto a las Ganancias de personas y de empresas); los Aportes y Contribuciones a la Seguridad Social (retenciones salariales destinadas a sostener el sistema previsional); los Tributos al Comercio Exterior (Retenciones al agro y la industria) y Derechos de Importación); y Otros impuestos (Impuesto sobre los Combustibles, y otras tasas regulatorias).
Por su parte el gasto público sumalas erogaciones corrientes para el funcionamiento social y operativo y las obligaciones financieras de la deuda, que comprenden a las Prestaciones Sociales (Jubilaciones, Pensiones, AUH, Asignaciones); losIntereses de la Deuda Pública (pago de compromisos financieros en pesos y en divisas); los Subsidios Económicos (Transporte, Luz, Gas y Agua, etc); los Gastos de Funcionamiento (Salarios estatales y universidades); las Transferencias a Provincias (por Ley de Coparticipación Federal y giros discrecionales); losGastos en Capital (Obra Pública); y Otros Gastos (giros a empresas públicas remanentes y gastos operativos menores de ministerios).
Esa composición de ingresos y egresos fiscales permite ver con claridad que el resultado fiscal, sea superavitario o deficitario, no es una política independiente sino un indicador que refleja en modo complejo y poco transparente el resultado de la totalidad de las políticas gubernamentales.
Interesa clarificar las dos razones por las cuales los resultados fiscales en nuestro país tienen una trascendencia muy superior a la de otros países que conviven y se desarrollan sin mayores sobresaltos con déficits fiscales entre el 2 y el 4% de sus PBIs, como es el caso de los países desarrollados y la gran mayoría de los países latinoamericanos.
La primer motivo es el nivel de las reservas internacionales, que en nuestro caso resultan totalmente insuficientes para enfrentar crisis internacionales, inclusive de pequeña escala. La segunda razón es la falta de credibilidad de nuestro país construida por los 5 defaults de la deuda y otros incumplimientos de nuestros compromisos financieros.
Reconstruir un nivel apropiado de reservas y regenerar nuestra credibilidad demandará grandes esfuerzos y tiempos prolongados.
Evolución del resultado fiscal
En los últimos años sólo los gobiernos de Néstor Kirchner y lo que va de la presidencia Milei han logrado mantener resultados fiscales financieros superavitarios.
Entre 1976 y 1983 la dictadura cívico militar generó un déficit financiero promedio equivalente al 8,09% del PIB, el valor más elevado en más de 100 años. Para financiarlo recurrió a un endeudamiento externo que inicialmente resultaba barato, pero que explotó cuando en 1980 EE.UU. más que se triplicó la tasa de interés haciendo explotar la tablita de la “plata dulce. El 17,11,19 mediante la Comunicación A 251 del BCRA se anuncia la estatización de la deuda privada que benefició a 70 de las mayores empresas y quedó a cargo del conjunto de la sociedad. La dictadura militar y sus mandantes civiles, además de los 30.000 desaparecidos, los más de 500 bebés nacidos en cautiverio y la derrota de Malvinas, nos dejaron un inflación anual promedio de 206%, generó una suba del PIB del 103,2% y aumentó la deuda externa pública y privada desde el 18,56% del PIB en 1976 hasta el 47,01% en 1983, que condicionó a la democracia naciente.
Sigue un breve resumen de los resultados fiscales financieros desde 1983 a la fecha, las formas en que cada gobierno intentó compensar los déficits y los respectivos impactos sobre la economía, medidos en términos de evolución del PIB medido en dólares según el Banco Mundial, la deuda externa y la inflación anual promedio de cada gestión.
1983 a 1989: el gobierno de Alfonsín generó un déficit fiscal financiero equivalente al 5,30% del PIB que intentó cubrir mediante el fallido Plan Austral y una elevada emisión monetaria que terminó generando una inflación promedio anual del 359%, sin incluir la hiperinflación del 30.79% que puso fin a su gobierno. Al término de su mandato la deuda externa alcanzó al 96,3% del PIB, que se redujo 26,3%
1990 a 1999: En sus dos gestiones Menem generó un déficit fiscal financiero equivalente al 2,03% del PIB que buscó financiar con privatizaciones (YPF, Entel, etc.), endeudamiento en dólares y la convertibilidad. El fracaso de su programa concluye con una inflación promedio del 34,8% anual, una deuda equivalente al 55,03% del PIB, con una mejora entre puntas del 333,6%.
1999 a 2001: De la Rúa generó un déficit financiero equivalente al 1,7% del PIB que se reflejó en una caída del PIB del 5,9%, un pequeño aumento de la inflación del 1% y una elevación de la deuda hasta alcanzar al 58,5% del PIB. El fin de la convertibilidad mostró el fracaso de su programa y dio paso a las crisis del 2001.
2001 a 2003: Duhalde logró reducir el déficit fiscal financiero a un equivalente del 0,85% del PIB, que alcanza el equilibrio fiscal en el primer trimestre de 2003. El brutal ajuste produjo una caída del PIB de 59,2%, un aumento de la inflación anual promedio del 40,9% y un incremento de la deuda hasta un 159,9% del PIB y permitió la posterior recuperación socioeconómica.
2003 a 2007: Néstor Kirchner genera el primer superávit financiero en 100 años, equivalente al 1,20% del PIB. Con ayuda de buenos precios de las exportaciones, genera una mejora del PIB de 125,4%, con una inflación anual promedio del 8,5% y una caída del endeudamiento hasta el 43,5% del PIB.
2007 a 2011: En su primera presidencia Cristina Kirchner logra mantener el superávit primario equivalente a 1,05% del PIB, aunque finaliza el mandato con un leve déficit financiero equivalente al 0,12% del PIB. En ese período se verifica un aumento del PIB de 84,4%, una inflación promedio de 25% anual y una reducción de la deuda hasta el 27,7% del PIB.
2011 a 2015: En la segunda presidencia de CFK se aumenta el déficit financiero hasta el 3,20% que se financia con un mayor nivel de emisión monetaria. En su gestión el PIB aumenta en 12,2% con una inflación promedio del 30,4% anual y un leve aumento de la deuda hasta el 30,4% del PIB.
2015 a 2019: Mauricio Macri generó un déficit financiero equivalente al 3,65% del PIB que financia mediante un enorme incremento del endeudamiento hasta un equivalente al 65,3% del PIB y que se tradujo en una caída del PIB de 18,3% y una inflación promedio de 40,5% anual.
2019 a 2023: Alberto Fernández generó un déficit financiero equivalente al 4,60% del PIB que financió mediante mayor misión monetaria; pese a enfrentar la pandemia del COVID logró aumentar de PIB en 29,8%, con una inflación promedio anual que trepó hasta 98,3% y una reducción de la deuda hasta un equivalente al 40% del PIB
2023 a 2025: Javier Milei, mediante un ajuste de gastos vuelve a generar un superávit financiero que en los primeros 7 meses de 2026 equivalente al 0,1% del PIB
El superávit trucho
Se trata de un modelo de desarrollo económico y social fundamentado en la reducción inflacionaria por medio de la reducción del gasto público, sin medir las consecuencias sobre la reducción del empleo, la pérdida de valor agregado y la primarización de la economía, con supuestos beneficios a largo plazo que no se conocen y que nunca llegan.
Lo venimos sufriendo desde el primer día del gobierno de Milei. Motosierra en mano, logra una reducción inflacionaria mediante la reducción sin límite de todo tipo de gastos y de las inversiones que forman parte de las obligaciones del estado nacional; incluyendo desde la subejecución de los presupuestos de salud, educación, defensa y ciencia y tecnología; la eliminación de puestos de trabajo y la reducción de salarios públicos y de organismos estatales, privatización de servicios y empresas públicas, incumplimiento de las transferencias a las provincias; a ello se agrega un aumento de la deuda pública que condiciona las políticas económicas y sociales a los mandatos del FMI.
El estribillo “no hay plata” demuestra su total falsedad no sólo con la reducción de los mecanismos de control de cumplimiento impositivo y del debido ingreso de divisas provenientes de nuestro balance comercial, sino también con la concesión de reducciones impositivas y nuevos beneficios fiscales a favor de los sectores concentrados de la economía. El RIGI y el SuperRIGI son prueba suficiente.
El único éxito que puede demostrar Milei es una reducción inflacionaria promedio anual que actualmente se ubica en el 33,8%, valor notoriamente superior al 30,4% de la segunda presidencia de Cristina Kirchner. La pérdida de soberanía que implica su alianza incondicional con EE.UU e Israel, así como la pérdida de más de 30.000 empresas y más de 400.000 puestos de trabajo forman parte del “te la debo” de su modelo.
Aportes a una solución en el próximo gobierno
Un desarrollo integrado y sustentable deberá ser resultado un equilibrio dinámico y permanente entre las políticas económicas y sociales del gasto y de los ingresos fiscales.
Esas políticas deberán priorizar al trabajo, la producción, la soberanía y el bien común en modo que contribuyan y fomenten un aumento sostenido del PIB sobre la base de generación de valor agregado nacional, una mejor distribución de los ingresos, el aumento del consumo interno y las exportaciones, el fortalecimiento de las reservas, todo ello soportado en relaciones internacionales multilaterales sobre la base del interés nacional.
Importa tomar nota que el actor principal de esas políticas es la empresa, en tanto generador de producción y de trabajo e incluyendo a todas y cada una de ellas: privadas y públicas, nacionales y de capital internacional, grandes y PyMEs. Es por ello que una de las funciones indelegables del Estado es la promoción de la actividad empresarial y del desarrollo científico, tecnológico e innovativo que necesitan; también es una función indelegable controlar cualquier posible exceso por parte de empresas o sectores empresariales.
La experiencia de los 12 años de kirchnerismo demuestra el porqué de la necesidad de un permanente equilibrio dinámico: al no ser tenido en cuenta el agotamiento e inclusive la desaparición de las condiciones que favorecieron sus resultados, esa experiencia no sólo quedó trunca, sino que fue desacreditada y condujo al encarcelamiento ilegítimo de Cristina Kirchner, cuya legalidad será revisada por la justicia internacional.
Para finalizar un problema de larga data que nos aqueja y limita seriamente nuestras posibilidades de desarrollo: la violencia de los enfrentamientos que caracterizan nuestra historia, desde los enfrentamientos y la guerra civil en el siglo 19 hasta los golpes de estado, el bombardeo a la Plaza de Mayo, los fusilamientos y los desaparecidos en el siglo 20 deben ser reemplazados por acuerdos en base al bien común de todos los argentinos.
Fuente Tiempo Argentino
