
Como si el drama de las inundaciones o la pandemia no fueran suficiente, Australia amaneció este martes con la difusión de videos en los que se ve a
empleados del Gobierno conservador australiano protagonizando actos sexuales en el Parlamento, uno de ellos masturbándose en la oficina de una diputada.
El escándalo cayó como una bomba y afectaba este martes nuevamente al Ejecutivo, golpeado últimamente por otros casos de la misma naturaleza.
El primer ministro conservador Scott Morrison calificó los hechos de “escandalosos”.
Los videos y las fotos, que se compartieron en un chat grupal entre empleados del Gobierno conservador antes de ser filtrados por un denunciante, fueron revelados por primera vez en la noche del lunes por el periódico The Australian y Channel 10.
Las imágenes desataron revuelo, sobre todo porque llegan precedidos por una serie de casos que empañan las esferas políticas australianas y que derivaron en protestas en todo el país.
Con la economía de Australia en recuperación, el Covid-19 en gran parte suprimido y las vacunas en curso, el gobierno del primer ministro Scott Morrison debería estar en lo alto. En cambio, sus calificaciones son las más bajas en más de un año en medio de críticas por su fracaso en abordar la violencia sexual y la desigualdad.
El primer ministro, que ha creado una imagen de padre afable de los suburbios, enfrenta una creciente reacción de los votantes enojados por su manejo de las acusaciones de violación en el parlamento. A medida que este martes surgen nuevas denuncias de conducta sexual inapropiada, corre el riesgo de perder el control de la narrativa política si no cumple con sus demandas de acción.
El premier Scott Morrison. Foto: dpa
Si bien no se espera que Australia vaya a las urnas hasta la primera mitad de 2022, Morrison no puede permitirse dejar los problemas persistentes, especialmente si quiere mantener el enfoque en la reconstrucción económica. Las manifestaciones a nivel nacional de decenas de miles de mujeres que han arrasado el país podrían ser una voz potente en las próximas elecciones exigiendo una mayor representación femenina en el parlamento y una acción dura contra la violencia sexual y la discriminación.
El nuevo escándalo
El denunciante, identificado solo como Tom, afirmó a los dos medios de comunicación que empleados del Gobierno y diputados usaban a veces la sala de oración del Parlamento para mantener relaciones sexuales y que habían traído a prostitutas al edificio “para el placer de los diputados de la coalición”.
También, explicó que un grupo de empleados intercambiaba fotos pornográficas de ellos mismos y que él recibió tantas que se había “vuelto inmune”.
Habló de una “cultura de hombres que creen que pueden hacer lo que quieren” y aunque estima que los empleados probablemente no hayan violado ninguna ley, “moralmente, están acabados”.
Ya fue despedido un consejero y el Gobierno prometió tomar más medidas.
La ministra de la Mujer, Marise Payne, quien también es titular de la cartera de Relaciones Exteriores, declaró a los medios de comunicación que las revelaciones son “más que decepcionantes” y refuerzan la necesidad de la investigación ordenada por el Gobierno sobre la cultura del lugar del trabajo en el Parlamento.
Muchas voces denuncian la cultura sexista de la clase política australiana, en casos de acoso contra mujeres.
A mediados de marzo, decenas de miles de personas participaron en una campaña de manifestaciones llamada “#March4Justice” (Marcha por la justicia) para denunciar la violencia sexual y exigir la igualdad de género.
La ministra de Industria, Karen Andrews, dijo que estaba “completamente harta” del sexismo y añadió que su “conciencia no le permitía callarse más” y declaró a la prensa en Canberra que el Partido Liberal en el poder, al que ella pertenece, debería considerar cuotas para los puestos.
Más casos: violaciones
Hay más denuncias. Comenzaron a mediados de febrero cuando una exasesora de medios del Ministerio de Defensa, Brittany Higgins, afirmó que fue violada hace dos años por un miembro del personal de la Casa del Parlamento.
Luego, el fiscal general Christian Porter fue objeto de acusaciones de que violó a una compañera del equipo de debate de la escuela en la década de 1980, afirmaciones que él niega enérgicamente.
Morrison se ha negado a realizar una investigación sobre las acusaciones y Porter sigue siendo el primer oficial legal de Australia.
“Ha sido un mes de semejantes informes”, dijo Morrison el martes mientras parecía contener las lágrimas. “Esto ha sido impactante, ha sido una vergüenza”, dijo, y agregó que “debemos arreglarlo”.
Fuente: Bloomberg y agencias
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