La Residencia Presidencial de Olivos volvió a ser noticia por los despidos masivos ordenados por Javier Milei, bajo la explicación oficial de buscar una “mayor seguridad” en el lugar, y la versión de extraoficial de un fastidio por una comida en mal estado que habría afectado a uno de sus perros. Lo cierto es que la casa de los jefes de Estado es un anecdotario caudaloso, en el que este episodio es apenas el último.
Por empezar, la primera adjudicación de los terrenos la decidió al mismísimo Juan de Garay, segundo fundador de la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre, y el beneficiado fue el militar español Rodrigo de Ibarrola, uno de sus acompañantes en la expedición que llegó al Río de la Plata desde Asunción. Tiempo después, pasaron a manos de Miguel de Azcuénaga, vocal de la Primera Junta del gobierno patrio.
La casa principal, cuyo frente de estilo neoclásico aún se conserva, es obra de Prilidiano Pueyrredón, hijo de Juan Martín de Pueyrredón, quien fuera Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Prilidiano era arquitecto, pero además pintor, escultor, un bon vivant de larga estadía en Europa y Río de Janeiro, y el primer criollo en tener la osadía de pintar desnudos, de los cuales se conservan dos, La Siesta y El Baño, actualmente en el Museo de Bellas Artes. La senadora Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, de inocultable voluntad por ocupar la residencia oficial, es descendiente por vía materna, incluso de Honorio, quien fuera ministro de Hipólito Yrigoyen.

El predio pasó a manos del Estado nacional en 1918, por legado de Carlos Villate Olaguer, biznieto de Miguel de Azcuénaga, quien tomó la decisión antes de morir, a los 46 años, y no tener descendencia. Villate legó la chacra «para que pueda hacer asiento o residencia veraniega» el Presidente, lo que fue aceptado por el entonces jefe de Estado, Yrigoyen.
El primero en usarla como residencia fue un presidente de facto, José Félix Uriburu, ya que Marcelo T. de Alvear (1922-1928) e Yrigoyen (1928-1930) declinaron esa posibilidad. Luego Agustín P. Justo y Juan Domingo Perón hicieron reformas, pero no la usaron como residencia habitual (el fundador del Partido Justicialista vivió junto a María Eva Duarte en el Palacio Unzué). Recién en 1958, Arturo Frondizi fue el primer presidente constitucional en trasladarse a Olivos, hasta el golpe de 1962.
El récord de poca permanencia lo tiene Héctor Cámpora, quien apenas durmió en la Residencia de Olivos el 20 de junio de 1973. Si se piensa que “El Tío” fue jefe de Estado apenas 49 días (del 25 de mayo al 13 de julio de 1973) no resulta tan extraño. Adolfo Rodríguez Saá la ocupó 3 de los 7 días que fue presidente, en el tumultuoso fin de 2001, lo que le otorga cerca de un 40% de efectividad.
Juan Domingo Perón fue el único presidente que falleció en la Quinta de Olivos, el 1 de julio de 1974, a los 78 años de edad. Su cuerpo luego fue trasladado a la Catedral Metropolitana y el Congreso de la Nación, para ser despedido por un millón de personas en las calles adyacentes, según las crónicas de la época.

A diferencia de Milei, Perón tenía nada menos que un tigre. Se cuenta que su rugido por las noches se escuchaba a lo lejos. El ejemplar estaba al cuidado del administrador del lugar y secretario de Evita, Atilio Renzi. Por supuesto que no se paseaba libremente, sino que contaba con una jaula espaciosa, ubicada en la barranca, camino al río. Cabe acotar que el General tenía tucanes, un pavo real y los caniches toy Tinolita y Monito. Cuando volvió para su tercera presidencia, lo hizo con los descendientes de estos, llamados Puchi y Canela.
-Si Milei se quejó de la comida del lugar, hay que reconocerle antecedentes. En el libro “Olivos”, de Soledad Vallejo, se afirma que “el chalet no goza de prestigio” gastronómico. “No importa de qué época provenga el testimonio, quién diga las palabras, si fue íntimo, visitante ocasional, funcionario, amigo o enemigo: nadie menciona platos memorables”, se consigna. Se ejemplifica con la frase del recientemente fallecido Chiche Gelblung, quien recordó haber probado, durante un almuerzo con el presidente de facto Roberto Levingston, “los peores capeletis del mundo, increíblemente feos; me acuerdo que pensé ‘¿tanta gente trabajando para esto?’”.
En la Quinta también comieron confites. Allí se celebraron dos casamientos, ambos de hijas presidenciales. En abril de 1965 se casó Emma, hija de Arturo Illia, con Gustavo Soler, ante nada menos que 1.111 invitados y la Orquesta Estable del Teatro Colón. En octubre de 1971 fue el turno de Estela Lanusse y el folclorista Roberto Rimoldi Fraga. El festejo incluyó dos celebraciones (una de compromiso y la boda formal) descritas por las crónicas de la época como “espectaculares”.
De las visitas más icónicas destacan los míticos Rolling Stones, Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts, recibidos por Carlos Menem en febrero de 1995. ¿Qué cenaron? Sí: pizza con champagne (también vino). Menem les regaló habanos que, según dijo, le mandaba su amigo Fidel Castro.
La reunión más secreta fue la de Frondizi con Ernesto “Che” Guevara, el 18 de agosto de 1961. Guevara se acercó a Olivos tras una cumbre de la OEA en Punta del Este. El radical aspiraba a mediar entre EEUU y Cuba en plena Guerra Fría, pero solo logró molestar a las FFAA, quienes le vedarían el acceso a Olivos un año después.
Pero esa es otra historia.
Fuente Tiempo Argentino







