
El cupo de poroto negro que Argentina adjudicó a México libre de aranceles, y que el presidente Alberto Fernández celebró por redes sociales junto al canciller Felipe Solá no es
nuevo, y representó en la última década 30 veces menos que la estimación de exportaciones que comunicó el Gobierno.
Las 100.000 toneladas por año que implica el cupo dependen de lo que efectivamente compren los mexicanos. Datos oficiales del servicio de Administración Tributaria de México dan cuenta que en 2012 se embarcaron 13.000 toneladas de poroto negro a tierras aztecas, pero desde entonces el flujo ha sido bastante errático. En 2015 se volvieron a exportar 480 toneladas, en 2017 hubo otro “pico” de 10.000 toneladas, y en 2018 se alcanzó un volumen de 4.100 toneladas. Como en 2013, 2014, 2016 y 2019 no se exportó nada, la cuenta da un promedio de poco más que 3.000 toneladas anuales.
En cuanto a los valores, también hay un desfasaje entre la expectativa planteada por el Gobierno y la realidad. Los 140 millones anuales de “para las provincias del NOA”, la principal región productora de poroto en la Argentina, ha representado desde 2012 apenas unos 22 millones de dólares, que prorrateado significaron 2,75 millones, es decir 50 veces menos que la expectativa téórica.
Nadie puede descartar que este año mejore notablemente la ecuación. Pero la realidad, por la contracción de las demandas globales –aunque los alimentos, están relativamente exentos de los efectos de pandemia- y los antecedentes referidos, no ayudan a ser tan optimistas como el Presidente y el canciller.
Para entender cómo ha funcionado en los hechos esta atractiva oportunidad de arancel cero; (fuera del cupo el arancel es del 45%), vale recordar lo que sucedió en los años donde la demanda mexicana no tuvo registros de importaciones argentinas. En 2013 y 2014 hubo poca producción nacional (por falta de lluvias) y lo poco que hubo fue para Brasil, país que en 2016 padeció su propia sequía y se llevó todo el saldo exportable argentino. El año pasado, México se abasteció con su producción.
Y en los años donde este “cupo preferencial” tuvo movimiento, siempre estuvo condicionado por el período estipulado. Sucede que para Argentina suele habilitarse en abril, como ahora, pero las compras efectivas comienzan en nuestra primavera, luego de que México consume su producción de entre 300/400 mil toneladas y después busca otras 200 mil toneladas para completar su demanda interna, en general a Estados Unidos y Canadá, que junto con China y Argentina son de los pocos países productores de esta especie con capacidad exportadora. Brasil es otro gran productor pero no le alcanza y necesita importar, en general de Argentina.
De hecho, para nuestro país, Brasil es el principal comprador histórico del poroto negro, insumo principal de la feijoada (frijolada, en español), el plato nacional del gigante sudamericano, que es el país que realmente mueve la demanda y el precio FOB argentino. Ese valor oscila alrededor de los 600 dólares, según el ministerio de Agricultura estipula para el cálculo de retenciones del 5%, un tributo que disminuye lo que llega al productor. En marzo hubo un salto del FOB a 620 dólares por tonelada, por una puntual importación de Cuba, pero en general no subido más allá de los 700 dólares.
Así las cosas, debería cambiar mucho el escenario de precios internacional para que el precio del poroto se duplique hasta los niveles que planteó el Presidente junto al canciller.
Otro aspecto clave es que el cupo queda abierto hasta el 30 de noviembre. Quizás si los buenos oficios diplomáticos del Gobierno lograran prolongar ese período en el almanaque, los fletes que tardan unos 40 días podrían acomodarse mejor para llegar a los puertos mexicanos antes de diciembre. Porque habitualmente, desde el momento que se hacen los pedidos de compra no ha habido mucho margen de tiempos logísticos.
El poroto es la legumbre que sobresale en el noroeste del país.. Se siembran alrededor de 300.000 hectáreas, de las cuales la variedad negra implica aproximadamente la mitad.
Por eso, si se extendiera el plazo estipulado unos meses más, habría una novedad auspiciosa para los productores argentinos de poroto negro, en principio porque tendrían más tiempo para efectivizar los embarques. Pero también porque, de sostenerse una posibilidad más amplia en el tiempo, les permitiría apostar a una mayor producción. Incluso podría generar nuevas zonas productivas, porque se trata de un cultivo fácilmente adaptable a regiones cordobesas y del oeste bonaerense, que se podrían sumar a las 130 mil hectáreas que hoy se siembran en el sur de Salta, Tucumán y Santiago del Estero, que en total ofrecen una disponibilidad de entre 150 y 170 mil toneladas anuales.
Los números evidencian que si México importara las 100.000 toneladas del cupo, movería el amperímetro de esta economía regional. “La esperanza es lo último que se pierde”, dice un refrán popular. Pero también hay otra frase de Perogrullo: “del dicho al hecho, hay un largo trecho”.
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