
Tras el acuerdo alcanzado por los gobiernos de Argentina y el Reino Unido para retomar el proceso de identificación de los soldados caídos en las Malvinas, se abre ahora un proceso de coordinación, a través de la Cruz Roja, con tiempos sujetos al ritmo de la pandemia más allá de la voluntad política que ambas administraciones manifestaron. Se trata de una nueva etapa del Plan Proyecto Humanitario que ahora se focalizará en una tumba colectiva tras haber logrado nombrar 115 cruces argentinas en su primera fase (2017-2019).
La mayor dificultad en la futura labor de la Cruz Roja para exhumar los restos que descansan en la tumba C.1.10 del Cementerio Argentino de Darwin es que requiere la elaboración de un protocolo más complejo que el del pasado. En particular, en lo que atañe al destino de los restos una vez que son retirados de la tumba para extraerles las muestras de ADN correspondientes.
La nueva mecánica debe resolver si se vuelven a inhumar los restos en la misma tumba hasta tanto se los pueda identificar o se los conserva en un lugar apropiado a la espera de ser sepultados de manera individual. Una u otra acción exigirá la movilización de determinados insumos e infraestructura acorde a la operación.
Para agilizar los tiempos, la Cruz Roja Internacional ya anticipó unos borradores que fueron analizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y devueltos con sugerencias. Resuelta esta cuestión no menor, la decisión compartida por ambos gobiernos sería repetir la mecánica original con el envío de las muestras a laboratorios en Europa.
La segunda cuestión a resolver es de logística en tanto que los vuelos de conexión con las islas desde Chile y Brasil se encuentran suspendidos en el marco de la pandemia, salvo para los casos que se consideren humanitarios. De hecho, la Argentina, dispuesta a endurecer su política en torno al reclamo de soberanía, ha autorizado solo aquellos que cruzaban el espacio aéreo argentino con esta finalidad. Ayer mismo hubo uno rumbo a Chile.
A la par, se prohibió hace dos semanas, un puente aéreo con Montevideo al identificar a un grupo de pescadores españoles en el pasaje. Si se barajara la nueva operación de la Cruz Roja para fin de año, con la pandemia aún viva, desde el Gobierno aseguran que se llegaría a un acuerdo aunque habría cuarentenas que respetar en donde aterricen.
Aunque el objetivo de la gestión de Alberto Fernández es “sacar al Reino Unido de su zona de confort”, de ningún modo esto significa quebrar todos los canales de diálogo con Londres, aseguran en Cancillería. De hecho, ayer mismo entró en operaciones el nuevo embajador ante el Reino Unido, Javier Figueroa, tras mudarse desde Cuba esta semana.
Con un perfil muy distinto al de su predecesor, Figueroa trabajó junto a Daniel Filmus en su primer paso por la Secretaría de Malvinas, con Cristina Kirchner. Se lo considera un diplomático de carrera experto en el campo atlántico. Y si bien hubo cierta suspicacia sobre la demora en Londres para otorgarle el plácet, el recibimiento fue más cálido de lo esperado.
Multas a las pesca ilegal
Tras la media sanción de la Cámara de Diputados esta semana, el proyecto de ley que busca endurecer las penas a la práctica de la pesca ilegal en aguas argentinas avanzó hacia el Senado. Desde el Gobierno entienden que se mantendrá el mismo consenso que en la Cámara Baja donde se acordaron una serie de cambios con la oposición a pedido de las cámaras pesqueras. En particular en lo que se refiere a la figura de “reincidencia” para busques extranjeros y la tipificación de multas acorde a la gravedad. En simultáneo, avanzan las otras iniciativas de política atlántica que ya son ley: el mapa con la plataforma continental extendida y el Consejo Presidencial, cuya reglamentación se está terminando para que debute este año.




