
La modalidad no es nueva, pero en los últimos meses se viene intensificando: los campos del interior de la provincia de Buenos Aires entraron en el radar de las bandas delictivas.
La tranquilidad rural, los accesos sin rejas y el “acá es tranquilo, no pasa nada”, empezaron a perder fuerza a medida que fueron registrándose más robos.
Para los investigadores las crisis económicas y las medidas alrededor del dólar contribuyeron al crecimiento de esta modalidad en zonas en las que antes no conocían de entraderas violentas: ahora los asaltos en casa de campo ocupan a las fiscalías locales.
“En la Ciudad y en el Gran Buenos Aires hay más recursos policiales destinados a la prevención del delito, también cámaras de seguridad o retenes en los accesos que, para los delincuentes, incrementan el riesgo de ser atrapados. Las bandas descubrieron que haciendo pocos kilómetros desde la Ciudad hay menos recursos policiales y menos medidas de seguridad en las propiedades porque solían ser zonas tranquilas, donde los robos tenían una lógica diferente”, explicaron a Clarín.
Berni desmanteló la Superintendencia de Patrulla Rural, sacó más de 100 policías entrenados y con vocación para combatir el delito rural y los desparramó sin plan a cualquier lado. https://t.co/17dp41rWD7
— Florencia Arietto ?? (@Florenciarietto) January 26, 2021
Según pudieron recopilar, entre el 18 de noviembre y el 12 de enero hubo una seguidilla de hechos con características similares. Ladrones que están organizados, con una logística previa y datos respecto de la presencia de dinero en los campos.
Es que las operaciones por venta de granos o cabezas de ganado muchas veces se realizan en dólares y, ya sea por cuestiones impositivas o por especulación financiera, ese dinero no se bancariza. Lo mismo ocurre con los montos destinados al pago de salarios.
Los delincuentes encontraron en este tipo de golpes mejores vías de escape y botines más importantes con menor riesgo de ser capturados.
Los caminos rurales son la vía de escape que utilizan las bandas para evadir los retenes policiales. Foto La Sintesis
Por ejemplo, para circular usan “caminos reales”, de tierra y sin iluminación, donde no hay cámaras de seguridad y la circulación es reducida. Los usan los trabajadores o los dueños, pero casi nunca los móviles policiales.
Este sábado, en el robo a la Estancia La Lucila, donde la familia Cárdenas fue brutalmente asaltada, los ladrones llegaron en un auto de apoyo y cinco de ellos escaparon en el Honda Accord de la víctima. Sospechan que un tercero llegó hasta la tranquera.
Hicieron su escape por caminos internos y evadieron todos los tramos de la ruta en los que -sabían- había cámaras de seguridad.
“Después de abandonar el auto y tirotearse con la Policía, huyeron a campo traviesa, sospechamos que tenían un cómplice esperándolos”, advirtieron fuentes policiales consultadas por Clarín. Lo llamativo -advierten- es que evadieron los retenes que se montaron buscando el auto de la familia Cárdenas.
En el campo no habría cámaras de seguridad que hubieran podido detectar a los ladrones, algo que se repitió en hechos anteriores. Por lo que los investigadores creen que las bandas podrían trabajar con un un trabajo previo de inteligencia, para detectar propiedades en las que no quede registro del robo. Tampoco descartan que haya algún entregador.
Denuncian que hubo siete robos similares al de Estancia La Lucila, entre el 18 de noviembre y el 12 de enero no sólo en Saladillo, sino también en 25 de Mayo, Lobos y Navarro.
En todos los casos usaron armas, golpearon a las víctimas y las retuvieron. El 29 de noviembre tres ladrones entraron a la “La Magnolia”, un campo ubicado en Salvador María. Redujeron a una familia y a todo el personal de la estancia. Se robaron dinero y hasta diez gallinas que encontraron. Cuando escaparon de allí se escondieron en un camino rural hasta la madrugada e ingresaron a otra propiedad, en la que vivía un Policía.
Para varios de los hechos usaron camionetas Toyota Hilux, un modelo que puede pasar inadvertido en la zona. Por ese raid delictivo habían detenido a tres personas. Tenían 350 mil pesos y alhajas.
Si bien no hay elementos que los vinculen con el último ataque a la familia Cárdenas, no descartan que pueda tratarse de una ramificación de la misma banda o una extensión del mismo modus operandi.
Con las detenciones, esperaban desarticularla, pero el robo a las Cárdenas volvió a poner el foco en los nuevos “bandidos rurales”.
DD
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