“En la Argentina, la memoria del pasado es un legado que se reactualiza”

Por Carlos Romero, para Contraeditorial.

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Fabiana Rousseaux coordin el Centro de Asistencia a Vctimas del Terrorismo de Estado Dr. Fernando Ulloa. Foto Gentileza Contraeditorial.

Hace ms de 20 aos que la psicoanalista Fabiana Rousseaux asiste a vctimas de violaciones de derechos humanos, en especial, a personas que sufrieron delitos de lesa humanidad y otras formas de terrorismo de Estado. En 2016, fund la asociacin civil Territorios Clnicos de la Memoria (TeCMe), que rene a profesionales y activistas especializados en polticas pblicas en materia de Derechos Humanos.

“En nuestro pas, la memoria del pasado es tomada como legado. Es decir, no porque estemos a 45 aos de los hechos estamos ms lejos de esos hechos, sino que retornan”, seala Rousseaux, quien en su vasta trayectoria coordin el Centro de Asistencia a Vctimas del Terrorismo de Estado “Dr. Fernando Ulloa”.

La psicoanalista considera que la pandemia vino a reactualizar esa memoria. “Comenc a escuchar –remarca– cmo se empezaban a pegotear los significantes por los que haban transitado las experiencias concentracionarias con los que traa la pandemia, tambin en boca del Estado, pero ahora de un Estado cuidador”.

“No s si el feminismo hubiera sido el mismo en el pas si adems no hubiese tomado los legados de las Madres y las Abuelas, cuando ellas hacen ese traspaso del pauelo blanco al pauelo verde”.

Rousseaux ve ah, en esa diferencia radical, “los legados que permiten poner en serie lo que s encarn un Estado reparador como el argentino bajo la gestin kirchnerista, que puso en primer lugar el dolor de las vctimas, con un Estado que ahora toma esos legados, los recoge y los anuda a la poltica sanitaria”.

– Despus de cuatro aos de Cambiemos, con la pandemia y un gobierno que hoy enfrenta una crisis econmica y sanitaria, cmo evala la situacin de los derechos humanos en el pas?

– Como acabs de mencionar, hay una cantidad de acontecimientos que interceptan y hacen muy complejo despejar la cuestin de los legados en la Argentina respecto a los derechos humanos, luego de la pandemia del macrismo y, ahora, luego de un ao de esta pandemia inaudita. Pero, por otra parte, a diferencia de cualquier otro pas del mundo, en la Argentina los derechos humanos se constituyeron en un nuevo acontecimiento poltico.

Para la autora, en la Argentina la memoria del pasado es tomada como legado.

No qued solo circunscrito a la cuestin de tener una oficina, una secretara o un lugar donde se trate esta problemtica, sino que, a partir de la construccin de un sujeto poltico como el que constituyeron las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo, convirtindose ellas mismas en un emblema a nivel nacional e internacional, se produjo un nuevo acto poltico. Se hizo una lectura no circunscrita solo al problema del dolor, de la vctima y, por lo tanto, de la victimizacin; y tampoco solo al problema de no olvidar o de la memoria.

Se traspas esa lnea, al punto de articularse con las polticas pblicas de la manera en que se hizo durante el kirchnerismo, habiendo elevado al problema de los derechos humanos en la Argentina al estatuto de una nueva categora poltica. Eso no tiene precedentes en el mundo y es lo que hace que ac estas fechas conmemorativas no sean una mera repeticin, esttica, siempre igual de recordar. Eso hay que hacerlo, es la custodia de los legados y la conmemoracin de nuestros muertos y desaparecidos, por supuesto.

“El avance de la ultraderecha es un avance a nivel mundial que la pandemia facilita”.

Pero no es solo eso. Hay una construccin que va ms all, que se dej tocar, atravesar, dividir, fusionar, fisurar, por ejemplo, por el discurso del feminismo. Entonces, yo no s si el feminismo hubiera sido el mismo en el pas si adems no hubiese tomado los legados de las Madres y las Abuelas, cuando ellas hacen ese traspaso del pauelo blanco al pauelo verde. No s si no tenemos que poner en la cuenta incluso del discurso del feminismo el impacto y las consecuencias de que existan en la Argentina mujeres como las Madres y las Abuelas, que se pusieron los paales de gasa, los chirips de sus hijos, y salieron a la calle y al mundo.

Esto tambin explica por qu los derechos humanos en la Argentina, as como se potencian cuando los gobiernos acompaan, saben enfrentar las situaciones ms desfavorables?

– Totalmente, y adems las tensan. Fijate lo que pas en pleno macrismo con el 21. An aquel sector de la sociedad que nunca particip de los actos del 24 de marzo, ni de las manifestaciones por la bsqueda de los desaparecidos, ni se implic en la lucha por los derechos humanos, sin embargo ese da se sinti compelido a salir a la calle. Fueron como empujados frente a un temor que se reactualizaba, que era que si esos genocidas estaban sueltos y se rozaban sus cuerpos ya no solo con las vctimas, sino tambin con la sociedad, haba algo que se dilua.

Ese acontecimiento para m fue un salto que mostr cmo se abrocharon todos los sentidos que se fueron construyendo a lo largo de estos aos. Adems, no olvidemos que a partir de ese 21 emergieron por primera vez los hijos de los genocidas, algo que tampoco se dio en ningn otro lugar del mundo.

Y es a raz de que surgen, bajo diferentes modos, como colectivo, como una voz social indita, inesperada, que otros hijos de genocidas se contactaron con ellos desde otros lugares del mundo, incluso de Alemania, habiendo pasados muchos ms aos.

Y luego, emerge otra generacin que toma estos legados: la generacin de los nietes de desaparecidos, y ah, ya en el propio nombre, est la interferencia del discurso del feminismo. Ellos tambin asumen este legado, son como la construccin de los dos pauelos.

Un reclamo que se repite ao a ao.

– De nuevo, se trata de la memoria como una prctica en presente y que se actualiza, no?

– Siempre hay una vuelta en ese sentido, porque si la memoria la pensamos en trminos solamente histricos, estamos condenados a lo que les pasa a la mayora de los pases, que es todo el tiempo conmemorar a los muertos y posicionarse en ese lugar reiterativo. Ac, la memoria del pasado es tomada como legado, como tiempo lgico.

Es decir, no porque estemos a 45 aos de los hechos estamos ms lejos de esos hechos, sino que retornan. Retornan por la dimensin traumtica que tuvieron, porque la figura del desaparecido se constituye en un significante que permiti escribir nuevos nombres, como Madres, Abuelas, HIJOS, nietes y otros grupos de colectivos.

Por ejemplo, y tambin en el macrismo, otro acontecimiento importante fue cuando se le quiso dar el arresto domiciliario a Etchecolatz. Son los vecinos quienes dijeron que no queran vivir con genocidas y se constituyeron en un colectivo: Vecinos Sin Genocidas, y empezaron a articular una prctica nueva, presentndose en los tribunales para impedir que lo dejen volver al barrio.

“El discurso negacionista pone a los ciudadanos en una desproteccin absoluta”.

Es decir, se ve en esos acontecimientos cmo se articulan sentidos histricos que parecieran que a la sociedad le pasan por el costado o con los que no se involucra, y sin embargo eso hace mella, hace discurso, hace lazo.

– En paralelo, hay una corriente negacionista y de ultraderecha que tambin se actualiza, hoy bajo el signo de la pandemia. Cmo operan los discursos de este tipo en este momento?

– Por supuesto que nos preocupan, porque adems estamos obligados a pensar que el avance de la ultraderecha es un avance a nivel mundial que la pandemia facilita, a partir de la desarticulacin de lazos sociales, el enloquecimiento de la cotidianeidad y la exclusin que profundiz.

Es como si el coronavirus hubiera tomado la forma exacta del real nudo problemtico del neoliberalismo. A partir de esto, se van desnudando muchas cuestiones que estaban anudadas antes de la pandemia a nivel social, y se muestra el riesgo global de que la ultraderecha verdaderamente avance. Luego de la II Guerra Mundial y el nazismo, todos hemos sostenido el ncleo del Nunca Ms como una expresin contundente de deseo de memoria y de nunca ms.

Pero justamente como sucedi, como fue posible el horror del nazismo, es que puede volver a suceder. Cuando uno ve que ahora los pueblos votan a genocidas como Bolsonaro o ve lo que est ocurriendo en Hungra o lo que ocurri con Trump, no podemos no interrogarnos qu pasa con ese avance.

A nivel local, ya sabemos lo que la ultraderecha hizo con esto. Ahora tiene un aval internacional y ac toma las formas que toma, como ese traspaso de toda frontera que fueron las bolsas mortuorias en la Plaza de Mayo, con el nombre de Estela de Carlotto. Fue nuevamente una intervencin del horror en el espacio social. Pero insisto: ese riesgo hay que leerlo a la luz de lo que pasa a nivel global con la pandemia, no se puede desvincular.

Hay cuestiones del legado de los DDHH que puedan ayudar a abordar lo que est pasando con la pandemia? Me refiero a que, por ejemplo, tambin impacta en los sectores ms vulnerables, trabaja sobre la idea del otro como peligro e implica restricciones individuales.

– S, en efecto. No bien arranc la pandemia, desde la asociacin civil que dirijo, y yo que en particular trabajo hace muchos aos con sobrevivientes o personas afectadas por el terrorismo de Estado, comenc a escuchar muy fuertemente cmo se empezaban a pegotear, podramos decir, los significantes por los que haban transitado las experiencias concentracionarias con los que traa la pandemia, tambin en boca del Estado, pero ahora de un Estado cuidador.

Por ejemplo, toque de queda, ejrcitos en las calles, fosas comunes, enterramientos colectivos, el encierro. O sea, todo lo que empez a suceder. Cuando una paciente me cuenta que en cuarentena tuvo que ir hasta la esquina de su casa para salir, a riesgo de que la paren en la calle, porque necesitaba saber que no estaba de nuevo adentro del centro clandestino, ah me dije que ya estbamos en un tema serio de verdad. Y ac tambin podemos pensar cmo opera esa memoria que no es solo del pasado, sino que se reactualiza frente a determinados significantes que se vuelven a instalar.

Adems, porque esta vez tambin estaban enunciados por un Estado. Y ah es donde encuentro la diferencia radical: la enunciacin estatal de medidas sanitarias como polticas del cuidado en relacin a la pandemia, necesita estar apuntalada, para que tenga de verdad esa significacin, por actos estatales de acompaamiento, de sostn, de formar parte de ritualizaciones que hoy estn suspendidas, como pasa con los ritos funerario.

Es decir, si los Estados no acompaan todas esas polticas que implican el encierro y la exclusin con un discurso y actos en donde el lugar de los ms daados, de los enfermos, es alojado de verdad, se convierten en meras polticas de control y de exclusin social.

– Esa es otra cuestin en donde quedaron expuestas las diferencias entre pases y gobiernos.

– Claro. Cuando comenz la pandemia, todos los Estados aplicaron medidas sanitarias. Ahora, uno no podra poner en el mismo nivel a las polticas de la Argentina, con un gobierno que se ocup de tener una cantidad enorme de estrategias que acompaaran esas medidas, con los casos de Brasil, Per o Guatemala, donde los muertos quedaban en las casas, los autos, en las calles, y se organiz un circuito mafioso para que la gente debiera pagar fortunas por un tanque de oxgeno.

El discurso estatal era la poltica sanitaria, pero no eran polticas del cuidado. Ah es donde veo los legados que permiten poner en serie lo que s encarn un Estado reparador como el argentino bajo la gestin kirchnerista, que puso en primer lugar el dolor de las vctimas y constituy una poltica sobre ese dolor, con un Estado que ahora toma esos legados, los recoge y los anuda a la poltica sanitaria

.– Volviendo a las manifestaciones negacionistas, cmo afectan a quienes fueron vctimas del terrorismo de Estado y hoy, despus de 45 aos, escuchan la reiteracin de esos discursos?

– En primer lugar, como psicoanalista, no hay forma de dar una respuesta generalizada. Depende de qu le pasa y con qu cuenta cada quien cuando escucha eso, y ac tambin vuelvo al discurso del Estado. Una cosa es que se instaure el discurso negacionista y otra cosa es que no haya ninguna proteccin para una persona que se siente a la deriva, que el Estado no responda, que lo deje pasar, que lo avale, como ocurre en Brasil, donde Bolsonaro logr que se “conmemore” la matanza del golpe del ‘64 como un da histrico.

En una situacin as, el discurso negacionista pone a los ciudadanos en una desproteccin absoluta, y es muy distinto a que si de parte del Estado hay una valla, una frontera, una construccin que media entre ese discurso terrible y las vctimas en general. Luego, lo que le pasa a cada vctima en particular depende mucho de las coordenadas histricas y subjetivas de esa persona. Pero s: ac de nuevo el Estado vuelve a tener un lugar muy importante.

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