
Nahuel Gallotta
Hay ladrones muy cabuleros. Están los que no roban los días 13 y los que ni siquieran nombran ese número arriba del auto (dicen 12+1). Están, también, los que
Otros, repiten compañeros con los que robaron grandes botines o el lugar en el que comieron o cargaron combustible antes de un buen golpe. Y están los que todo lo contrario: creen que sus cómplices les traen malasuerte. Carlos Eduardo Robledo Puch (69), elpreso argentino que lleva más años (49) en prisión, era de estos últimos.
El hombre en cuestión se llamaba Héctor Somoza, y tenía 18 años. Robledo, 20. Según confesaría y declararía Puch más adelante, el 15 de noviembre de 1971 habrían cometido el primer asalto juntos. Hacían una modalidad poco común.
En esa época estaban los “nocheros”: ladrones que ingresaban a inmuebles cuando los dueños dormían y buscaban dinero y objetos de valor y escapaban sin que las víctimas lo notaran.
El “escruchante” hacía lo mismo, con la diferencia que entraba a las casas cuando los dueños no estaban. Por lo general, en el horario que la gente sale a comer, a un cumpleaños o evento.
Robledo y Somoza se metían en comercios, por las noches. La diferencia es que lo hacían con armas. Y que no se iban sin asesinar. Las víctimas solían ser los serenos. En su primer asalto, se metieron en elsupermercado “Rolón”, de Boulogne. No encontraron un solo billete. Raúl Delbene estaba a cargo de la seguridad. Se despertó por los ruidos, pero no alcanzó a hacer nada: Robledo lo mató de un disparo.
Hijo de Víctor Robledo Puch y Josefa Aída Habendak, Carlos Eduardo Robledo Puch nació el 22 de enero de 1952 en Buenos Aires. (Pepe Mateos)
La caída de “EL Angel de la muerte” se dio en 1972. Tras su detención, que conmocionó a la opinión pública, se hizo la reconstrucción de uno de los crímenes. Puch apenas tenía 20 años.
El segundo fue a los dos días: entraron a la concesionaria “Pasquet”, de Libertador 1900, Olivos. El botín fue insignificante: 90 mil pesos. El muerto, el sereno Juan Carlos Rosas. Robledo regresó a su casa con unaconclusión: Somoza le traía mala suerte.
Pasaron 49 años del que sería el último hecho juntos. Y en esta esquina de Carupá, partido de Tigre, una vecino dice que recuerda el acontecimiento. “Creo que fue en febrero; yo todavía vivo acá a la vuelta”, afirma.
Efectivamente: fue el 3 de febrero de 1972. Aquella noche, Robledo y Somoza ingresaron a la ferretería industrial Masseiro Hnos, ubicada a las espaldas de Carlos, que viene de hacer las compras y frena ante la pregunta deClarín. La dirección exacta es Almirante Brown 699. “Era una de las dos mejores ferreterías del barrio. Y más adelante se convirtió en un local político del Frente Renovador”, cuenta.
A poco de caer en prisión, en 1973 logró escaparse del penal de Olmos, pero lo recapturaron a los cuatro días. Luego no lo volvería a intentar, por una promesa a su madre.
El presente es muy visual: un lugar abandonado, sucio, con vidrios rajados y grafiteados y el cartel de venta. En algunos sectores de la fachada hay trabajos con cemento, para que nadie pueda ocuparlo.
De la otra vereda, en diagonal, se lee “Alerta Tigre. Casa protegida“. En los ’70 no existían las alarmas. Por eso los locales contrataban serenos. Manuel Acevedo se llamaba el que trabajaba en laferretería. Carlos lo recuerda bien: “Solía tomar mate con todos los vecinos. Era un muchacho macanudo. Lo queríamos“.
Hoy el único local de la zona es uno de encomiendas. Anuncian envíos a todo el país. Más allá, a cien metros, hay un lavadero de autos y un hotel alojamiento que ofrece turnos a 750 pesos. También hay muchos colectivos. De lalínea 720. Llegan hasta el local en el que Robledo Puch mataría por última vez.
“¿Qué va a pensar mi novia?”, fue lo primero que dijo cuando la Policía lo detuvo.
Su primera víctima de la noche fue el sereno. La segunda, su compañero. Según narraría horas después de su detención, comenzaron una discusión por el reparto del botín, aún en la ferretería. Robledo lo mató de un disparo.
El próximo paso fue usar el soplete que llevaban para abrir cajas fuertes. Pero para darle un uso distinto: le quemó el rostro y las manos a Somoza, su cómplice, para que la Policía no pudiera identificarlo. Loque no imaginaba es que Somoza guardaba sus documentos en un bolsillo. Y que la Policía llegaría a la casa de su familia. Y así, a Robledo.
El misterio del “asesino de los serenos” estaba resuelto.
“Un monstruo con cara de niño. Resultó ser un muchacho de 20 años, autor de 11 homicidios“, tituló este diario en su edición del 5 de febrero. Por aquellos días se continuaban analizando otroscrímenes no esclarecidos, y hasta se hablaba de pena de muerte para Robledo. ¿Quién imaginaría que 50 más tarde años se seguiría hablando de él?
La condena llegó en 1980. 11 asesinatos, una tentativa de homicidio, 17 robos, una violación, una tentativa de violación, un abuso deshonesto y dos raptos, además de dos hurtos. Es la más larga de delitos graves imputados a unasola persona.
“¿Querían que lo despertara?”, preguntó, irónicamente, cuando tuvo que responder por qué había asesinado a una de sus víctimas mientras dormía.
Otra imagen de la recaptura de Puch, tras su fuga en 1973, cuando pasó 68 horas en libertad. Detrás suyo, Roberto Pettinato (padre del músico y conductor), jefe del Servicio Correccional de la Provincia de Buenos Aires.





