Miramar tuvo su temporada de verano donde además de su clásica oferta de mar y playa con paseos y deportes náuticos, pesca, cabalgatas, trekking, 4×4 y experiencias gastronómicas inauguró un balneario para la comunidad judía ortodoxa. Ahora se prepara para la Semana Santa con una bienal de murales mundial. Pero es quizás la experiencia de meditar en el Bosque Energético la tendencia que crece en visitas y que expresa la necesidad del momento: recuperar energía y “soltar”.
Las voces del grupete se calman a medida que la espesura del bosque se condensa. Es un silencio opaco y el suelo, un colchón de hojarascas, amortiza los sonidos. Son miles de pinos que conforman el Bosque Vivero Dunicola Municipal “Florentino Ameghino”, que nació en 1922 tras la donación de tierras de la familia Camet, con fines de forestar la zona y que hoy se puede visitar en sus más de 503 hectáreas pero son sólo un rincón de 5 hectáreas las “especiales”.

La energía es materia de estudio. Lo que ocurre en este espacio es inusual: las baterías de los celulares y cámaras de fotos digitales se descargan en segundos y algunos han visto al tomarse una selfie con el bosque como telón de fondo. Una figura sin explicación ha sumado mística a esta porción de naturaleza. Todos quienes han ido, al menos una vez, han probado lo de la “ramita”. Se trata de juntar una ramita del suelo, sostenida con los dedos como si fuera una vela y en la punta se le apoya otra ramita curva de unos 15 o 20 centímetros, como si fuera una letra “T” y cuando uno acerca la palma de la mano, mágicamente, solita se mueve hacia un lado, gira despacio, suspendida casi en el aire.
Hay quienes afirman que el movimiento de la ramita no es por influjo del campo magnético sino la misma energía sutil que posee el Bosque Energético, que es vinculada a través de las manos en una acción similar a lo que sucede en el Reiki o “Magnificent Healing”, esta disciplina inspirada por Livio Vinardi, padre de la Biopsicoenergética.
Arboterapia en el bosque
“La mejor manera de aprovechar lo que se siente es tomar contacto con los pinos con las palmas abiertas, la frente, el cuerpo entero apoyado de manera relajada y tranquila, en silencio y con los ojos cerrados”, dice Carlos Pagliardini que desde 1994 se dedica al turismo en la localidad.
La experiencia incluye una música relajante o, simplemente, los sonidos del bosque. A eso lo denominamos “Meditación con Árboles”. Y así llegamos a un estado de relax de manera rápida y sencilla, generando a quien la practica una sensación de bienestar y serenidad. Muchos eligen descalzarse, permitiendo descargar las energías parásitas (electricidad estática) a la tierra. Con la meditación, se usa habitualmente el Mantra del Bosque Energético, que ayuda a percibir mejor esa fuerza natural.

“Soltar para recibir, liberar para tener”, explica Carlos como consigna. “Nosotros aprovechamos esta circunstancia para realizar una meditación guiada en contacto con el árbol. Además recibimos el beneficio que nos aporta la magnetita, que en los seres vivos provoca analgesia y relajación profunda. De esta manera, en menos tiempo conseguimos relajar y bajar el nivel de stress, con lo cual también se mejora la reactivación del sistema inmune”, cuenta a Tiempo.
Ovnis y duendes
Desde la existencia de un portal interdimensional, pasando por el hallazgo del cementerio de un pueblo originario, la aparición de “OVNIS” o la presencia de “elementales del Bosque” o “duendes”, hay cientos de personas que han tratado de explicar sus diversas experiencias en este espacio del bosque. Todos coinciden en que se regresa renovado y “más liviano” del paseo por este sitio miramarense.
Conocido originalmente como el “Bosque Oscuro” por lo cerrado de sus copas. Es un detalleque ocurre sólo aquí: en cada claro, las copas se entrelazan y forman cúpulas de follaje como las cúpulas de una iglesia o un domo. Es otra característica de esta porción del bosque que lo convierte en único y que no se repite en el resto de la extensión del Bosque Vivero Dunícola.
Carlos conoce todo Miramar como la palma de su mano. Comenzó en 1994 a trabajar desde la Cámara de Comercio local. “Veiamos que venía gente de la zona a pescar (siempre me gustó la pesca), y ni siquiera cargaban agua para el mate en Miramar. Comenzamos haciendo un plano de la ciudad con nuestros negocios (mí familia tuvo un kiosco y polirrubro por más de 40 años), sumándole la tabla de mareas de cada mes”, le narró a Tiempo.

Luego, ingresó al Ente Municipal de Turismo local y fue director de Turismo durante ocho años. Tras renunciar, diseñó alternativas turísticas desde el sector privado. “Viendo que no había guías locales, ni nadie que le pusiera valor a los atractivos, historias y singularidades que hacen de Miramar un destino deseable, comencé solicitando al Consejo de Profesionales en Turismo de la Provincia la habilitación como Guía Local por idoneidad”, dice.
Meteoritos
“En realidad, hace más tiempo que el Bosque Energético (antes llamado «Bosque Oscuro») se conoce como un lugar misterioso y singular por el crecimiento extraño de sus árboles y de los efectos raros sobre los aparatos electrónicos y las brújulas. De allí la idea del meteorito enterrado”, explica Pagliardini.
En 1998 aparece la primera publicación científica que habla de la caída de un meteorito entre Mar del Plata y Miramar hace 3,5 millones de años. “Hace 7 años hice un estudio de los minerales que contiene el suelo de este espacio forestado de 5 hectáreas. No hay rastros del meteorito (la escoria metálica que se encuentra en los acantilados entre MDP y Miramar), pero sí que hay un contenido muy alto en hierro y también magnetita. De allí la presencia de un campo magnético de baja intensidad que afecta a los celulares, equipos electrónicos y a los seres humanos también”, puntualizó en diálogo con Tiempo Argentino, Carlos Pagliardini.
Si bien los estudios en el Bosque Energético comienzan en 1983, la continuación de la Ruta Provincial 11 hacia Mar del Sud en 1987, impulsó el movimiento de visitas que desde hace 40 años se hizo masivo el conocimiento del bosque al tener mejor acceso.
Livio Vinardi es el científico argentino que descubre una «energía especial» en este espacio. Después de 11 años de investigación con participación de Brasil, Italia, EEUU, y Argentina, Vinardi determina que en este espacio se concentra más energía que en el resto del bosque. El científico dice que todos los seres vivos somos energía. Como los budistas, toma el concepto del «Prana», una energía sutil que excede los límites de nuestro cuerpo físico, generando el «aura». Esa misma energía vital se puede compartir entre seres vivos. Para recargar esa energía es necesario volver a conectar con la naturaleza. Por eso el abrazo al árbol sirve como puente y conductor a la tierra.

En los árboles, Vinardi y sus colaboradores instalaron bobinas de distintos colores que aún pueden verse entre el follaje. Determinaron que la mayor concentración de energía se daba en la porción de bosque que hoy es famosa. Para el investigador, es la vida moderna la que lleva a los seres humanos a estar “aislados” y “bloqueados” energéticamente.
Más gente
Cada vez más gente se suma a este intercambio de energías. Carlos Pagliardini comenta que en “estas actividades que ayudan a profundizar la búsqueda de «mochilas» para liberar y movilizar son cada vez más conocidas y requeridas”. Al bosque, ubicado a tan sólo 5 km del centro de la ciudad de Miramar, también se puede ir solo porque es un parque público que permanece abierto de 6 a 19, siempre atentos al clima.
Si cada vez más gente encuentra relajante esto de estar en contacto con los árboles y la naturaleza se sabe que desde los Celtas se le atribuían funciones mágicas a los árboles y al bosque. De druidas y magos, pero aún hoy se sostiene que entre los árboles. El Olmo vigoriza el estómago; el pino blanco ayuda la digestión; el cedro y el ciprés reducen la sensación de calor. Es solo una derivación para contar que fue San Francisco de Asís el Patrono de quienes trabajan con los seres vivos y la naturaleza como los veterinarios, los ingenieros agrónomos, forestales y todos quienes batallan por la ecología. El árbol de la vida.


Fuente Tiempo Argentino