La Fiesta Nacional del Surubí es el evento de pesca deportiva más emblemático de la Argentina y el motor turístico más importante de la provincia de Corrientes. Cada año, la ciudad de Goya se paraliza para recibir a miles de pescadores que buscan coronarse en las aguas del Paraná, en una celebración que mezcla pasión, encuentro y cultura. Sin embargo, detrás del folclore de la pesca y la mística de la largada, los números recientes encendieron las alarmas y exponen una realidad preocupante: el río está sufriendo una depredación sin precedentes.
En su reciente edición número 49, las cifras oficiales fueron tan elocuentes como preocupantes. A pesar de haber marcado un récord histórico de participación con 1400 embarcaciones surcando el río, la competencia finalizó con apenas 121 ejemplares de surubí capturados. Para dimensionar el colapso, basta con mirar un poco hacia atrás en el calendario. Tan solo en 2024, en una edición especial marcada por la crecida del caudal, se habían extraído más de mil ejemplares.

Estamos en el predio Costa Surubí, donde se desarrolla el evento. Es la cena de pescadores y entre los organizadores hablan de las posibles causas de este abrupto descenso. Enumeran: inclemencias climáticas muy puntuales; que el agua sucia, que la influencia de la luna llena y las bajísimas temperaturas provocaron que el surubí se refugiara y no saliera de los arroyos. Si bien estos factores influyen directamente en el pique de una jornada, no logran ocultar una verdad de fondo que se palpa en toda la cuenca: cada vez hay menos peces y se siente el impacto constante del modelo extractivista sobre el ecosistema. Los testimonios a lo largo del evento apuntan a un abanico de responsables directos. En el eje de la depredación figuran los frigoríficos, que pescan de manera indiscriminada mediante extensas redes para exportación o subproductos; los pescadores furtivos, el uso de espineles; la falta de controles interestatales unificados y los propios pescadores deportivos que, en numerosas veces, no realizan la pesca con devolución.
Un actor clave, y frecuentemente estigmatizado en este entramado, son los «malloneros». Se trata de trabajadores del río que utilizan grandes redes (mallones) para capturar diversas especies. Históricamente ligados a una pesca de subsistencia artesanal, la informalidad y la vulnerabilidad económica los han empujado a convertirse en el eslabón primario de un negocio a gran escala, abasteciendo a acopiadores y frigoríficos que exprimen el recurso.

Esto pone sobre la mesa un debate netamente político e interjurisdiccional. El Río Paraná es un bien compartido, pero las políticas de protección no lo son. Provincias como Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y el país vecino de Paraguay permiten o han sostenido normativas laxas frente a la pesca comercial. Corrientes, en contraste, tiene una política orientada al cuidado del recurso a través de la pesca deportiva y cuenta con mayor infraestructura para patrullar sus aguas, lo que genera tensiones fronterizas constantes.
Juan Galimberti, inspector de la Dirección de Recursos Naturales de Corrientes, detalla el escenario provincial: “Hace daño el mallonero como el pescador deportivo. Si bien sigue habiendo gran cantidad de pescado, es cierto también que Santa Fe, Entre Ríos, Chaco tienen la pesca comercial permitida. Corrientes es la provincia que más tiene controlado esto”. En la charla surge el factor turístico: “El que ejerce la actividad de la pesca deportiva es un poco más consciente y está más comprometido con la causa. Por eso, la Fiesta Nacional del Surubí es el lugar ideal para seguir promoviendo el cuidado de nuestro río”.
El histórico pescador deportivo Pablo Di Santi, reconocido por recorrer el país promoviendo el cuidado del recurso en su programa Tiempo de Pesca, es una de las voces más autorizadas. En 2014 ya había realizado una travesía en una pequeña lancha desde Iguazú hasta Tigre bajo el lema “Salvemos el Paraná”. Hoy, los datos le dan la razón de la peor manera: “Esta situación me da mucha tristeza, porque yo amo el río, amo la pesca. Esto está mal. Estoy indignado, pero no resignado, porque sigo sosteniendo que estamos a tiempo”. Di Santi detalla: “Desde hace varios años que yo vengo hablando del tema. Pasa que ahora la fiesta habla con números, que son preocupantes. Y no es solo en la Fiesta del Surubí, sino que en la mayoría de los eventos cada vez se pesca menos. Aunque haya algunos momentos, por crecidas o porque tuvimos buena pesca, cada vez hay menos pescados”. Y reparte responsabilidades de manera equitativa: “Todos somos culpables, de una u otra manera. Con redes, con cañas, con represas, con contaminación”.

Desde el Estado provincial afirman estar dando una batalla en soledad. El director de Recursos Naturales de Corrientes, Agustín Portela, dice que llevan adelante patrullajes nocturnos en agua y campos, además de una articulación con Gendarmería Nacional: “Tenemos multas muy elevadas para quienes pescan de forma ilegal”. Sin embargo, apuntó a la inacción de las provincias limítrofes: “Corrientes tiene normativas, tenemos lanchas, inspectores en toda la zona. Pero Santa Fe, por ejemplo, no hace lo suyo, porque no tienen lanchas, no tienen combustible. Nosotros lo hacemos todo con fondos propios, con la venta de licencias, que se invierte directamente en equipamiento”.
La disputa por el territorio y los recursos es palpable en la frontera provincial. “Los problemas que nosotros tenemos hoy en Goya y en Esquina son por los malloneros de Santa Fe, que pasan a aguas correntinas a pescar”, denuncia Portela. Y dispara contra el lobby empresarial: “Los frigoríficos son un problema, porque ponen una red de un centímetro por un centímetro y todo va a parar a la producción de balanceado para gatos, para perros. Nosotros siempre habíamos planteado que toda la pesca extractiva que se haga sea para consumo humano y gestionar la piscicultura como un elemento de cuidado del hábitat natural”.
Esta sobreexplotación genera un daño estructural en la base misma de la vida del río. En la Fiesta mencionan otro problema: la disminución de los cardúmenes de sábalos, «que es el forraje de todo”. Esta especie es clave en la cadena trófica de ríos como el Paraná. Al alimentarse del barro y de los restos orgánicos que quedan en el fondo del río, filtra los sedimentos y se convierte en el alimento natural más importante para grandes depredadores, como el dorado, el surubí y el patí. Sin sábalos, el río se muere de hambre.
A esta crisis se le suma un factor invisible pero letal: “Queremos transmitir que hay que cuidar el hábitat. El pescado es una parte ínfima de lo que es la cuenca del Paraná. El hábitat se está deteriorando por la contaminación. La cantidad de ciudades que tiran sus efluentes cloacales crudos al Río Paraná y al Uruguay es importante y eso contamina”, sentencia Portela.
Desde la propia organización reconocen que el cuidado del Paraná excede las capacidades de un municipio. El presidente de la Comisión Municipal de Pesca (COMUPE) de la ciudad de Goya, Raúl Eduardo González Vilas, admite, con un dejo de resignación: “A veces es muy complicado divisar a los pescadores furtivos, porque son extensiones muy grandes y se hace difícil el control”. «

El «desastre ambiental» y el reclamo de veda total por seis años
En la Fiesta de Corrientes participaron alrededor de 1400 lanchas con tres pescadores cada una, lo que representa unas 4200 cañas en el agua. Sin embargo, el resultado fue contundente: se capturaron poco más de 100 surubíes, lo que representa un índice extremadamente bajo.
“El río está hablando –afirma Pablo Di Santi–. Esto nos tiene que preocupar, faltan peces”,
El guardafauna santafesino Héctor Hugo Marcos lo califica como un “desastre ambiental”, apuntando directamente a la falta de controles por parte de las autoridades. Relató su propia experiencia dentro del sistema: fue convocado para tareas de fiscalización, pero sin recursos básicos como una embarcación propia. “Tuve que salir a investigar dónde estaba la lancha oficial”, explicó. Tras apenas un mes de trabajo fue desvinculado.
Además, advirtió sobre la venta ilegal de especies protegidas como surubí y dorado en redes sociales, sin que existan operativos efectivos para frenar estas prácticas. Los especialistas coinciden en que se necesitan políticas interjurisdiccionales concretas y efectivas, algo que hoy no sucede. Y recomiendan medidas drásticas, como una veda total de la pesca por un período de hasta seis años, permitiendo únicamente la modalidad deportiva con devolución obligatoria, para favorecer la recuperación del ecosistema.
Esta semana Chubut se convirtió en la primera provincia que publicará información de embarcaciones pesqueras.
Desde las organizaciones señalaron que, a nivel nacional, la Subsecretaría de Recursos Acuáticos y Pesca aún no publica el registro completo de la flota ni de los permisos otorgados para operar en el Mar Argentino: «Actualmente no es posible conocer en tiempo real cuantas embarcaciones tienen permisos para acceder al caladero».
Del recambio generacional a la liberación de 5000 alevines
Frente al panorama devastador de la pesca en el Paraná, presidente de la Comisión Municipal de Pesca (COMUPE) de la ciudad de Goya, Raúl Eduardo González Vilas, apuesta al recambio generacional: “Tenemos que incentivar los controles. Yo creo que es una situación que la podemos ir revirtiendo entre todos, si tomamos conciencia y cuidamos nuestro río y sus especies. El protagonista acá es el surubí y, en la medida que no lo cuidemos, no tenemos más fiesta. Yo creo en los chicos, la juventud ya tiene más conciencia sobre esto y me parece que la cosa va por ahí, por promover la concientización”.
Como medida paliativa, simbólica y de concientización, en el marco de la Fiesta Nacional del Surubí en Goya se liberaron 5000 alevines de surubí en el río Paraná para promover la preservación de la fauna ictícola y fomentar la reproducción de la especie en la región. De todas maneras, coinciden los protagonistas, si los controles no se endurecen a las grandes corporativas, no se trabaja de manera articulada con las provincias y no se detiene la matanza indiscriminada de pescados, el río seguirá devolviendo postales que reflejan un daño que podría ser irreversible.
Fuente Tiempo Argentino







