Karina bloquea a Sturzenegger y los pases de factura cruzados se multiplican en el gobierno

“El baile del jueves fue el coletazo de no tener un liderazgo político en los últimos cuatro meses.” La paupérrima performance legislativa que el gobierno de Javier Milei montó durante el tratamiento de la Ley de Propiedad Privada en el Senado abrió en el oficialismo una nueva etapa de revisión y caza de brujas interna. Los ojos de todo el arco violeta están puestos en Federico Sturzenegger, a quien le achacan una ambición desreguladora que choca de frente con la estrategia política de la gestión. Sin embargo, pese al temor de asomar la cabeza, dentro de la Casa Rosada ya reconocen que la estrategia competitiva de Karina Milei de chocar contra los gobernadores fue una complicación autogenerada que tendrá un costo que varios ya se agarran la cabeza a la hora de cuantificar.

El final del cuento no fue una novedad dentro de la Casa Rosada. Desde el miércoles por la mañana en el gobierno comenzaron a recibir las malas nuevas para la sesión que tendría lugar 24 horas después para reanudar el cuarto intermedio de veinte días que Patricia Bullrich tuvo que improvisar al ver que los votos no acompañaban. Ni las reuniones en el despacho de la titular de La Libertad Avanza en la Cámara Alta, ni los aprietes al ministro de Desregulación por parte de la mesa legislativa para que diese el brazo a torcer con los artículos, ni las llamadas desesperadas de Diego Santilli a los gobernadores fueron suficientes para destrabar los votos con los que el oficialismo contaba para tener su primer triunfo político después de largos meses.

Patricia Bullrich durante la presentación del proyecto en el Senado.
Foto: Antonio Becerra

Si bien dentro del oficialismo acordaron montar un escenario de festejo, puertas adentro la tensión fue en aumento. “La sesión fue una vergüenza. Perdimos incluso aprobando la ley”, expuso un integrante de la mesa chica ante este medio. Con este escenario, y reacia a la debilidad de la derrota, Karina tomó las riendas del gobierno de su hermano y bajó la orden de no volver a tratar ningún proyecto desregulatorio en lo que queda del año. En tanto, el Jefe, enfocada en conseguir la reelección del presidente, le puso un cepo político al exmacrista y, desde ahora, no podrá presentar ninguna iniciativa sin antes contar con el aval de la mesa política.

“Estamos tratando boludeces que no le cambian la vida a nadie y son sólo caprichos de Sturzenegger que se pone en modo desregulador y nos tira un muerto cada vez que tiene una idea”, dijeron desde el entorno de los Milei para justificar la decisión, al tiempo que reconocieron que desde ahora la única prioridad legislativa será la Reforma Política con la que el oficialismo pretende eliminar las PASO. “Si aprobamos eso, puede que el resto de los proyectos se destraben, pero hasta entonces tenemos que concentrarnos sólo en la Reforma”, explicaron desde la mesa política a este diario.

Sobre las críticas por la agenda desregulatoria, desde el círculo de Sturzenegger se defendieron y advirtieron que “nuestros proyectos son reformas amplias, que generan discusiones profundas o tocan intereses que reaccionan. Entonces es un poco natural que sean conflictivos. Sino podés preservar el status quo, no hacer nada, y no hay discusión.” En tanto, respecto a los reproches por el mal timing para tratar el proyecto, cerca del exmacrista se despegaron y afirmaron: “No definimos cuando las cosas se tratan. Esto se presentó hace meses y tocó que se votara ahora en un contexto bastante particular, eso no es nuestra culpa”. Esta última lectura es compartida por varios miembros del gobierno.

Federico Sturzenegger está en la mira de Karina Milei por su agenda desregulatoria.

En la mayoría de los despachos todavía se lamentan los meses de autoflagelo a los que el gobierno estuvo sometido por el capricho inquebrantable de los Milei de sostener a Manuel Adorni como jefe de gabinete. A la inexistente capacidad política del ex deslomado ministro coordinador, quien sólo fue bendecido en ese cargo como último recurso de la secretaria general para evitar el desembarco oficial de Santiago Caputo al gabinete, se sumó la nublada visión de los hermanos presidenciales para comprender la necesidad de compensar a los aliados que los acompañaron hasta aquí.

Para una fuente que conoce de cerca la dinámica de la mesa política del gobierno, el juego de El Jefe de no sentarse a dialogar con los gobernadores, quienes desde hace meses intentan atravesar los muros de la Rosada para conversar las bases y condiciones de la elección del próximo año, es un error calamitoso que el oficialismo comenzará a pagar cada vez más caro. “Ella insiste en jugar con el misterio hasta último momento, pero a los gobernadores ese juego no los interpela. Lo del Senado es una muestra de que le van a sacar el culo a la jeringa cada vez más seguido si no te sentás a acordar la cuestión electoral”, se sinceró ante Tiempo la misma voz.

Los jefes provinciales claves para bajar los apoyos que hasta último momento Patricia Bullrich juró que tendría fueron Rolando Figueroa (Neuquén), Hugo Passalacqua (Misiones), Raúl Jalil (Catamarca), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Gustavo Sáenz (Salta). Desde el inicio de la semana y hasta los últimos minutos de la votación en el recinto, uno a uno fueron anunciando el retiro de su apoyo legislativo. Los motivos personales de cada uno varían tanto como los climas que los separan.

Desde la presión social que se generó desde las calles, el involucramiento de importantes sectores de la cultura y hasta el convincente llamado de Sergio Tomás Massa que recibieron todos los nombrados fueron factores relevantes para ayudar a colmar la paciencia de los mandatarios. Pero el manoseo de la estrategia karinista, coinciden en todas las provincias y en críticos despachos oficialistas, fue la gota que rebalsó el vaso.

Además de sumarse a las críticas por la falta de olfato para malgastar el capital político en el tratamiento de proyectos difíciles de rentabilizar, otro importante miembro de la gestión libertaria entiende que pese a la capacidad de negociación y entendimiento que poseen Diego Santilli y Patricia Bullrich, la situación de falta de acuerdos imposibilita cualquier negociación que se pueda concretar. “Hicieron lo que pudieron con lo que tenían. Si desde arriba no te abren el juego para poder rosquear lo que te pide la otra parte, llega un momento que la negociación se estanca y no hay forma de avanzar”, insistió.

“La mayoría de los gobernadores ya avisaron que van a desdoblar, eso te da la pauta de que estamos haciendo las cosas mal. ¿Cómo hacemos para ir a pedirle el voto a un tipo que públicamente decimos que le queremos sacar la gobernación y después nadie lo llama para decirle que quizás se puede arreglar cómo competir?”, se preguntó retórico un miembro de la mesa chica. En este punto, la misma fuente reconoció con pesar que el gobierno aún no definió una estrategia electoral y que sólo quiere ganar pero nadie sabe cómo.

Pese a las quejas y desconfianzas cruzadas, la mesa chica confía en que el control político de los proyectos y los resultados de la última votación ablanden la voluntad del karinismo para llegar a acuerdos con los jefes de los legisladores. De acá en más las prioridades parlamentarias estarán centradas en la reforma del Banco Central, la eliminación de las Primarias y la ley de Inocencia Fiscal. Del entrenamiento de la cintura de la hermana del presidente dependerá o no su aprobación.  «

Fuente Tiempo Argentino

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