El Financial Times (FT), un prestigioso periódico británico especializado en economía y negocios, publicó un artículo titulado «El rancho argentino donde los tecno-CEOs planean huir del apocalipsis», en el que cuenta sobre la estancia Wamani en la estepa mendocina, al pie de la cordillera y a tres horas de la capital provincial. El «rancho», pensado para sobrevivir el apocalipsis, ocupa 32 mil hectáreas, casi una vez y media la extensión de la Ciudad de Buenos Aires o, como indica el FT, cinco veces la de Manhattan.
Martín Varsavsky, tecnomillonario argentino-español, es dueño del 50% de Wamani; el resto se divide entre cinco amigos que, como él, se preparan para salvarse solos. «Mi mujer y yo acordamos que si China toma Taiwán o Rusia toma el Báltico, al día siguiente estaremos aquí», contó al periódico británico. En Wamani hay casas prefabricadas que generan cierto escepticismo a los locales, acostumbrados a los vientos brutales de la zona. La temperatura es muy baja y la calefacción es a leña, a pesar de que no hay árboles en varios kilómetros a la redonda.
El rancho tiene cuatro vertientes de las que se puede obtener agua, aunque el estrés hídrico de la provincia y la disminución en las nevadas indican que no siempre estará disponible. Algunas llamas y escasa vegetación es toda la vida que se ve alrededor: al parecer la variable prioritaria de eventuales sobrevivientes no es el acceso a alimentos o combustibles sino la ausencia de otras personas. Para llegar hay que ir en 4×4 o en avión.
Varsavsky aseguró al FT: «Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial y las líneas de la batalla están claras». Si bien puede sonar exagerado, Varsavsky no es un caso aislado, sino que es parte de la élite de los survivalists.
Supervivencia
Las supuestas señales de un potencial apocalipsis permean las noticias cotidianas: calentamiento global, guerra nuclear, acidificación de los océanos, potencial guerra civil o, más recientemente, el descontrol que podría generar la Inteligencia Artificial. Desde hace años los survivalists –gente (sobre todo de EE UU) que se prepara para sobrevivir en caso de que llegue el colapso– acumula comida y armas mientras arma búnkers más o menos precarios.
El fenómeno no es nuevo. El milenarismo, la creencia de un inminente fin del mundo previo al juicio final, se ha repetido a lo largo de la historia en versiones religiosas y seculares: la llegada del cometa Halley en 1910 generó cientos de suicidios, hace pocos años el fin del calendario Maya debía terminar con el planeta en 2012, estuvo el Y2K… La particularidad de muchos de los anuncios actuales es que provienen de científicos que dan evidencias sobre los límites que se aproximan, desde el calentamiento global hasta una crisis política mezclada con una desigualdad creciente que ponen al límite la cohesión social y el sistema político.
Frente a este panorama, los tecnomagnates del mundo desarrollaron su versión premium del survivalism: compran, por ejemplo, silos nucleares abandonados luego de la Guerra Fría, adaptados a sus clientes y promocionados como «residencias subterráneas fortificadas ultra lujosas». Entre ellos están Mark Zuckerberg y su esposa, quienes generaron un importante conflicto en Hawái adquiriendo tierras comunitarias para construirse un lugar de vacaciones convenientemente acompañado de un búnker subterráneo por si las cosas se complican.
Otros magnates adquirieron tierras en Nueva Zelanda, donde se puede comprar la ciudadanía. De hecho, Peter Thiel tuvo dificultades en obtener los permisos para construir su refugio, algo que también alimentó versiones sobre su interés por Argentina. Elon Musk, siempre extremo, propone refugiarse en Marte. Según decía en 2017 el creador de LinkedIn Reid Hoffman, al menos la mitad los mil millonarios tiene algún plan para enfrentar el «apocalipsis planetario».
La pregunta
La historia de las civilizaciones muestra que las últimas en percibir las señales del colapso suelen ser las élites, las mismas que tendrían alguna posibilidad de modificar el rumbo. Justamente por ser élites están más protegidas de las crisis y tienen menos interés en cambiar un sistema que las beneficia.
Extrañamente, en este caso parecen conscientes de lo que está ocurriendo (o está generando el modelo que ellas lideran), algo que choca con sus promesas sobre cómo el capitalismo es el mejor sistema posible, la meritocracia funciona o la tecnología lo resolverá todo.
De manera paradójica coinciden con el marxista húngaro István Mészáros quien explicaba (resumidamente) que los «personificadores» del capital tampoco están en control de lo que ocurre sino que el «sociometabolismo del capital» es imposible de detener. Mejor tirar la toalla y prepararse para lo peor.
Martín Varsavsky es uno de esos personificadores del capital. Hijo del gran astrofísico argentino Carlos Varsavsky, debió huir del país a los 16 años junto a sus padres con la llegada de la dictadura. Vivió en España pero luego estudió economía, filosofía y relaciones internacionales en EE UU. Desde los años ’80 formó varias empresas, cinco de ellas «unicornios» (con una valuación superior a los mil millones de dólares) que le permitieron generar una fortuna de unos
700 millones.
Por sus raíces, Varsavsky mostró interés en compartir algo de su éxito y dar oportunidades a otros que no las tuvieron: durante el gobierno de Fernando de la Rúa propuso crear el portal Educ.ar, al que financió con más de 11 millones de dólares (luego denunció que fueron parcialmente desviados a otros fines). Sin embargo, recientemente publicó un texto llamado Mi giro a la derecha donde explicaba: «El progresismo me imponía una mochila invisible. Dentro de ella había piedras con nombres muy claros».
Y agregaba: «Salir del progresismo significó liberarme también de esa angustia climática: entender que el planeta siempre ha cambiado, que la respuesta no es sacrificar nuestra prosperidad, y que la verdadera catástrofe la producen las recetas del ecologismo extremo».
Para él los culpables son los progresistas: «Occidente está atravesado por una culpa autosuicida» que está haciendo caer la tasa de natalidad de los «europeos» y los «blancos». No queda claro cómo más bebés sonrosados resolverían el calentamiento global, la acidificación de los océanos o la inestabilidad de la democracia.
Lo que sí le importa es que, liberado de la mochila progre, es «más feliz» como lo es, asegura, la gente de derecha: «Salir del progresismo no fue solo un cambio ideológico, fue una liberación emocional y espiritual». Mientras baila en el Titanic, sin la culpa de considerarse parte del problema, duerme tranquilo sabiendo que tiene Wamani para huir. Habrá que ver si eso es suficiente.
Por otro lado, que alguien publicite en los medios (con mapa y todo) cómo piensa escapar del apocalipsis invita a cierto escepticismo. La explicación tal vez provenga del proyecto que propuso al gobierno de Javier Milei llamado «Visa de tranquilidad«: consiste en la propuesta de vender la ciudadanía y tierras argentinas a sus amigos de Silicon Valley, algo que requiere quitar límites de extranjerización del territorio: es que para un «emprendedor» incluso donde haya un apocalipsis puede haber un buen negocio. «
Ciencia: marcha, ajuste y una nueva titular que con credenciales que no eran
Mientras se desarrollaba una masiva marcha en el Obelisco por parte de científicos y representantes de universidades ante el ajuste promovido desde que asumió Javier Milei, el Ejecutivo nacional nombraba a la nueva titular del área de ciencia y tecnología: se trata de Adriana Baravalle que estará al frente de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, en reemplazo de Darío Genua.
Ella dirige el Laboratorio de Tecnologías Exponenciales de la Universidad Austral y el Gobierno la presentó como investigadora y profesora universitaria, «doctora en Inteligencia Artificial y magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento». Sin embargo, la ficha docente de la Universidad Austral la presenta como magíster en Ciencia de Datos y Gestión del Conocimiento, doctoranda en Ingeniería y analista de Sistemas por la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF). Allí no figura un doctorado en Inteligencia Artificial ni se precisa dónde cursa el doctorado.
En LinkedIn, Baravalle se presenta como PhD in Artificial Intelligence, sin decir la universidad. El gobierno hizo mención en un primer momento a la American Andragogy University, una institución con modalidad a distancia y domicilio en Honolulu, Hawái. Pero esa universidad no es oficial. Ni siquiera cuenta como universidad. Con el correr de las horas, el Ejecutivo le sacó el cargo de «Doctora» en el CV de Baravalle en la web oficia. Poca rigurosidad teniendo en cuenta de que será la que dirigirá la ciencia del país.
🔥ADIÓS DRA.
La web oficial de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología le acaba de retirar el prefijo «Dra.» a la secretaria Adriana Baravalle.
Tampoco han usado el prefijo Mag. de magíster. Quedó solo Adriana.
Fin. https://t.co/hjIfc7jV3P pic.twitter.com/4LMeJXgRU7
— Maximiliano Firtman (@maxifirtman) August 14, 2026
Fuente Tiempo Argentino
