Durante las últimas semanas comenzaron a circular distintos análisis sobre una posible irrupción de distintos outsiders en las elecciones presidenciales de 2027. Al mismo tiempo, reapareció la hipótesis de una oferta de centro capaz de canalizar el descontento de quienes no se sienten representados por las principales fuerzas políticas.
Estas interpretaciones buscan el sustento en un fenómeno que algunos analistas denominan “ningunismo”: donde una parte importante de la sociedad dice no sentirse representada por ningún espacio político. Esa respuesta existe y expresa un malestar real con la política. Sin embargo, no alcanza para concluir que pueda existir un espacio electoral disponible para cualquier candidatura que se presente como novedosa o “moderada de centro”.
Los estudios nacionales que realizamos mensualmente desde Proyección muestran una tendencia diferente. Desde febrero, Javier Milei y Axel Kicillof, como principales referencias de La Libertad Avanza y Fuerza Patria, concentran en promedio cerca del 70% de la intención de voto en los escenarios de primera vuelta.

Es decir, siete de cada diez argentinos ya se inclinan por alguno de los dos polos principales de la atracción. Estamos hablando, además, de dirigentes con niveles de conocimiento cercanos al 100% en todo el país y con una imagen positiva que ronda, en promedio, el 40%. Y una imagen negativa ubicada entre el 50% y el 55%.
Este último dato nos resulta central. La polarización del próximo año electoral no se construirá solamente a partir de las adhesiones, sino también de los rechazos. Milei y Kicillof son dirigentes conocidos, con apoyos consolidados y, a la vez, con fuertes resistencias. Esas identidades positivas y negativas funcionan como grandes polos de magnetización electoral.
El gobierno nacional necesita el próximo año llevar esa polarización al extremo. Milei buscará volver a ordenar la elección alrededor de la confrontación con el peronismo kirchnerista. Ese esquema le permite interpelar a un sector de la sociedad atravesado por un sentimiento antiperonista, aunque hoy se muestre crítico o decepcionado con su gestión.
Del otro lado, el peronismo conserva una base electoral que, aun con diferencias internas y resultados dispares, continúa siendo competitiva. El 37% de los votos de 2023 mantiene su solidez cuando se proyectan candidaturas para el próximo año.
La principal novedad es que, por primera vez, el antimileísmo aparece por encima del antiperonismo. En julio, el 39% de los argentinos afirmó que estaría dispuesto a votar a cualquier candidato con tal de que Milei no fuera reelegido. En agosto, esa proporción creció hasta el 41%. El antiperonismo, mientras tanto, se mantiene entre el 37% y el 38%.

La próxima elección quedará ordenada por la confrontación entre esas dos grandes identidades. Una parte de la sociedad votará para evitar el regreso del peronismo al gobierno y otra lo hará para impedir la continuidad de Milei. Cuando las adhesiones y los rechazos alcanzan semejante intensidad, el espacio disponible para una tercera alternativa se reduce considerablemente.
En ese escenario, la irrupción de un outsider enfrenta dificultades concretas. Entre las figuras que aparecen mencionadas con mayor frecuencia, Dante Gebel es quien mayor conocimiento nacional tiene y ronda en apenas el 15%. Instalar una candidatura presidencial competitiva en poco más de un año, resulta extremadamente difícil. La experiencia de Milei en 2023 puede llevar a veces a conclusiones apresuradas.
Como así tampoco observamos que aparezcan condiciones para la tantas veces anunciada “ancha avenida del medio”. El centro suele ser presentado como un espacio naturalmente disponible para quienes rechazan los extremos. Pero no alcanza con ubicarse entre dos fuerzas para construir una identidad política.
Nuestras mediciones sobre un eventual balotaje refuerzan esta tendencia. Desde marzo evaluamos de manera sistemática una segunda vuelta entre Milei y Kicillof. Entre ambos concentran entre el 80% y el 85% de la intención de voto. Casi nueve de cada diez argentinos manifiestan una preferencia cuando se enfrentan los dos principales candidatos.
Por lo tanto, el “ningunismo” debe ser analizado con cuidado, todavía persiste la apatía, desconfianza y malestar con la dirigencia política. Pero esa situación no implica necesariamente un vacío de representación permanente. Nuestros datos muestran que la carrera hacia 2027 empieza a ordenarse alrededor de los dos grandes polos de atracción que existen en nuestro país. Milei necesita al peronismo como adversario y el peronismo encuentra en el antimileísmo una oportunidad que le permitió recuperar la competitividad electoral.
La polarización nunca deja espacio para una avenida ancha en el medio. Sino apenas una banquina, demasiado pequeña para que circulen al mismo tiempo los outsiders, los moderados y todos aquellos que siguen fantaseando con una tercera vía.
Fuente Tiempo Argentino







