Dos años, ocho meses y veinticuatro días de silencio. Ese es el tiempo que pasó entre la jura de Javier Milei y la primera vez que dijo la palabra Malvinas en cadena nacional. Catorce minutos le bastaron el jueves para anunciar sanciones a las petroleras que operan en las islas, un decreto para acelerarlas, una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, un Consejo de Seguridad Nacional y una base naval en Tierra del Fuego. El mismo presidente que redujo el Estado a la mitad se paró a jurar que va a defender hasta el último metro de plataforma continental.
Un guion escrito en Washington
La causa no es Milei, es Trump. Y Trump tampoco tiene una causa, tiene una cuenta pendiente. El presidente estadounidense viene reclamándole al Reino Unido por no haberlo acompañado militarmente en la guerra con Irán, justo cuando Londres depende del estrecho de Ormuz para abastecerse de petróleo. Cuestionó la capacidad militar británica y dejó abierta, por primera vez en la historia, la posibilidad de revisar la neutralidad de Estados Unidos sobre la soberanía de las islas. No fue un gesto de justicia histórica: fue una forma de presión sobre un aliado que no le respondió cuando lo necesitó. Milei salió a agradecerle en cadena nacional, sin ver —o sin que le importara— que estaba celebrando que lo usaran de escenario.

El botín de Sea Lion
The Telegraph fue más allá y tiró el dato que explica todo: Sea Lion tiene 1.700 millones de barriles, más petróleo del que le queda al Reino Unido en cualquier otro yacimiento propio. El diario especuló con que Washington busca replicar en el Atlántico Sur algo parecido al acuerdo que cerró con Venezuela. The Independent avisó que el Reino Unido ya se prepara para defenderse. El día que cambie la administración en Washington, la Argentina se queda con el gesto y sin nada más.
El tablero del Atlántico Sur
La hipótesis de que esto “se escribió en el Pentágono” tiene un anclaje concreto. Estados Unidos opera bajo una lógica de seguridad energética hemisférica y con Medio Oriente inestable y el estrecho de Ormuz bajo tensión, una reserva de 1.700 millones de barriles bajo control unilateral británico en el Atlántico Sur deja de ser “un asunto de Londres” para convertirse en un flanco de interés directo para Washington —más si busca reconfigurar el mapa de abastecimiento occidental y contener la proyección de otras potencias, como China, en la región.
Ningún gobierno tan alineado como el de Milei reactiva de la nada una base naval estratégica en Ushuaia y endurece el tono contra el Reino Unido. Si Washington empieza a deslizar un cambio de lectura sobre la soberanía de las islas, es porque ahí se cruzan los intereses de la Casa Blanca con los de la Casa Rosada y la necesidad de incorporar el Atlántico Sur a los tableros estratégicos de la OTAN y del Pentágono.
Tampoco hay nada nuevo bajo el DNU. Rockhopper está sancionada desde 2013. Navitas, desde 2022. La Cancillería ya había rechazado en diciembre pasado la decisión de inversión de ambas empresas. Y la propia diplomacia argentina ya había mandado cerca de 180 notas de desaliento a empresas y a más de 29 países. Lo que Milei presentó como gesta fue, en los hechos, la aceleración administrativa de algo que ya estaba resuelto en un escritorio. Las empresas se lo dijeron sin vueltas: Rockhopper y Navitas salieron a asegurar que no esperan «efectos materiales» en el cronograma del proyecto, y remarcaron que sus licencias fueron otorgadas con el respaldo del Gobierno británico. La perforación arranca en 2027 igual. El primer barril sale en 2028.

El modo Galtieri
El molde ya lo conocemos. El excanciller de Malvinas Guillermo Carmona lo dijo con su nombre puesto: «me preocupa que Milei actúe en modo Galtieri». Cuando la economía aprieta, la represión se recrudece y el apoyo se cae, aparece la Causa Nacional como anestesia. Y hay una ironía que no es menor: el mismo Milei que hoy se dice guardián de Malvinas elogió a Margaret Thatcher siendo ya presidente —le dijo a la BBC que «era brillante»— y en 2022 planteó él mismo la pregunta y la contestó: «¿A quién preferís tener de tu lado, a Thatcher o a Galtieri?». Eligió a Thatcher. Hoy juega de Galtieri.
Lo que no dijo
Lo que no dijo en toda la cadena nacional es justamente aquello que ya está bajo la mirada de un juez. El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata y la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas ya habían presentado, días antes del discurso, una acción ante el Juzgado Federal de Río Grande contra Rockhopper y Navitas por daño ambiental, con pedido de embargo por 156,4 millones de dólares. El proyecto Sea Lion atenta en simultáneo contra la soberanía argentina y contra el derecho ambiental. La Cuenca Malvinas Norte alberga más de 300 especies de peces, ballenas francas australes, lobos marinos, pingüinos de Magallanes, albatros y orcas. Su conexión ecológica con la Antártida la convierte en un territorio de valor biológico incalculable.
La pregunta de fondo es: ¿Cómo se para a reclamar soberanía territorial el mismo gobierno que entrega la soberanía económica con el RIGI, que recorta jubilaciones, que reprime jubilados y periodistas con un protocolo antipiquetes, y que se alinea sin matices con Israel y Estados Unidos en cada votación internacional?. La soberanía no se ejerce por decreto mientras se desregula todo lo demás.
Milei pidió un frente unido porque «hay causas que están por encima de cualquier diferencia política». La diferencia la abrió él, ajuste tras ajuste. Y la causa, esta vez, no la escribió en Buenos Aires.
Fuente Tiempo Argentino







