La plaza Raúl González Tuñón, en el barrio porteño de Balvanera, tiene un patio de juegos con temática escolar. Un tobogán que nace en un libro, lápices de colores para trepar. El escenario es punto de encuentro para cuatro docentes que llegan desde distintas zonas de la ciudad. Trabajan en diferentes niveles y conviven con realidades dispares, pero mismas preocupaciones cotidianas. En la previa del Día del Maestro/a y del Profesor/a, un debate sobre dar clases en tiempos de pantallas, las dificultades para llegar a fin de mes incluso con más de un cargo, enseñar a estudiantes con hambre. Y sobre seguir eligiendo y defendiendo la escuela pública, a pesar de todo.
Dan clases hace más de una década y conocieron la realidad de las aulas bajo distintos gobiernos. Las dificultades siempre estuvieron, pero coinciden en que hoy se agudizan. Sofía Bonder enseña Matemáticas y Ciencias Sociales a chicas y chicos de sexto y séptimo grado en una escuela pública del Barrio Ramón Carrillo. Oscar Villaverde es profesor de escuelas técnicas en Caballito y Parque Avellaneda, donde da clases de construcción para el ciclo superior y de electricidad para primer año. María Belén Ezquerra llegó desde Núñez: ahí es profesora de artes en una escuela media del distrito 10. Juan Manuel Di Vicenzo ya pasó por ocho distritos porteños: hoy es maestro de educación especial en Soldati.
Formada primero como artista y luego como docente, María Belén usa una comparación animalesca para describir el rol de quienes están frente a las aulas por estos días: “Somos como pulpos que no sabemos qué frente más abarcar”. Los ocho tentáculos se necesitan para cumplir tareas administrativas crecientes, distribuir viandas entre nenas y nenes que llegan sin comer, atender reclamos de familias incentivadas desde el gobierno a denunciar «adoctrinamiento», garantizar una inclusión que se pregona sin otorgar recursos y una larga lista que, por supuesto, incluye enseñar.
“Estamos ante una crisis que tiene que ver con la desestimación del rol docente. Mal pagos, con exigencias de tareas, la mirada de quienes nos gobiernan de siempre poner el foco en nosotros y nosotras. Parece que a la escuela se le pide todo. No es nuevo, pero post pandemia se agudizó muchísimo”, resume. “Estar totalmente deslegitimados y cuestionados desgasta. Hace que cada vez menos personas decidan ser docentes. Por lo que conlleva y la poca retribución que hay. No hablo solo de lo salarial, sino también del respaldo social”. Y lamenta: “Han venido familias a cuestionarnos, algo que antes no ocurría. Cosas insólitas, como que veamos una película que habla sobe la última dictadura. Cuando el tema es parte de la currícula. Muchas veces ni siquiera vienen a la escuela: van directo al Ministerio a denunciarnos. Se ve un diálogo quebrado”.
¿Cómo le explico?
La primera vez que Juan Manuel se puso un guardapolvo y lo llamaron «profe», la cabeza le hizo «un clic». Supo que allí quería quedarse. Lleva 16 años como docente, 14 de ellos en educación especial en escuelas primarias. Al cansancio cotidiano le sumó en el último tiempo el dolor de espaldas, culpa de una changa como fletero que tuvo que sumar para llegar a fin de mes. “Hay un montón de docentes que además venden productos. Avon, Essen, Natura”, enumera.
Claro que la presencia de la crisis económica en el aula también se siente entre estudiantes. “Tenemos pibes que llegan sin comer, que vienen enfermos para comer, que el único plato caliente es el del mediodía en la escuela, que 9:30 están pidiendo galletitas porque no cenaron o solo tomaron mate cocido con pan”, cuenta. Se sabe que la primera comida del lunes y la última del viernes las auxiliares buscan llenar los platos porque posiblemente ese chico coma poco y nada el finde. Juan Manuel pregunta: “¿Cómo le explico fracciones a un nene que le cruje la panza?”.
No es solo el hambre. Para Sofía, chicos y chicas cada vez pasan más tiempo solos en sus casas, porque los adultos trabajan 12 o 14 horas: “Eso influye directamente sobre los aprendizajes”. Ese tiempo en soledad suele ser ocupado con pantallas usadas sin control ni acompañamiento. Además del hambre y la soledad, el ausentismo: “Muchas veces no vienen a la escuela porque no pueden pagar la Sube de hermanos, papá o mamá que los va a buscar, a la ida y a la vuelta. Es algo que se habla por lo bajo, con cierta vergüenza”.
En las escuelas técnicas la crisis se traduce, entre otras cuestiones, en dificultades para la compra de materiales, fundamentales para esa formación. “Por suerte estoy en técnicas que tienen cooperadoras que pueden absorber una parte del costo. Pero hay un sobre esfuerzo de las familias y va a haber una limitación ahí”, advierte Oscar.
Tarea para el hogar
El año pasado el sindicato Ademys realizó un relevamiento sobre condiciones laborales docentes. Contestaron más de 500 maestros y maestras. “La encuesta relevó que trabajan un promedio de 38 horas semanales de forma presencial y se suman unas 12 horas de trabajo pedagógico en el hogar: planificaciones, correcciones, preparación de materiales, informes, boletines, atención de mensajes de familias. O sea, el tiempo de trabajo semanal real asciende a un promedio de 50 horas, de las cuales solo tres o cuatro son pagas. Esto, naturalmente, afecta nuestra salud de forma directa”, plantea Sofía.
“Es insoportable la cantidad de sobrecarga administrativa que tenemos –coincide Juan Manuel–. Por ejemplo, pasamos el presente dos veces, por registro escrito y en la plataforma virtual. Pero a veces no hay Internet o no hay luz, entonces nos quedan pendientes pasar presentes de días previos. Hay mucha recarga administrativa que nos saca tiempo de lo pedagógico”.
Oscar también cuestiona las reformas que se están implementando en nivel medio: “Le sacan la capacidad pedagógica a los docentes y hacen una metamorfosis a programas de acompañamiento que están totalmente vacíos, desvirtuados. Le hace muy mal a los estudiantes”. Además, alerta sobre el impacto que tendrá en el colectivo docente: “En los colegios donde se va a aplicar hay miedo porque se sabe que se va a reducir entre 30 y 40% del plantel. En este momento de bajos salarios y endeudamiento familiar, no tener estabilidad laboral genera estrés y preocupación”.
La caída
En medio de este panorama, se habla mucho –no siempre con conocimiento de aula– sobre la caída del rendimiento escolar de estudiantes. Y se busca responsabilidades en el colectivo docente. María Belén plantea que las pantallas inciden, pero no agotan la explicación. Remarca que el nivel medio es obligatorio hace solo 20 años –cuando se sancionó la Ley Nacional de Educación– y que “hay un sujeto social nuevo que integra la escuela, que muchas veces está atravesado por infinidad de complejidades que desbordan a la escuela. Y fuera de ella no están los dispositivos para poder mejorar la vida a esas personas”. Lo analiza así: “Si tenés un sistema de salud mental desmantelado, la educación especial desmantelada y cada vez la educación media y primaria con más estudiantes con dificultades de aprendizaje y lo tiene que abordar un docente solo, si el presupuesto educativo cada año baja más, si las tasas de pluriempleo son altísimas incluso para trabajadores de la educación, ¿no es esperable que los niveles educativos bajen?”.
Las preocupaciones compartidas no quitan motivos para celebrar la profesión docente. Sin citarlo, Juan Manuel alude a Mauricio Macri y retruca una de sus frases menos felices: “No caemos en la escuela pública, la elegimos todos los días”. «
La falsa inclusión en aulas porteñas
La expresión que usan en la misma: “falsa inclusión”. Aluden a una problemática largamente señalada por colectivos docentes, equipos de conducción y familias. Tiene que ver con las medidas que supuestamente garantizan inclusión para chicos y chicas con dificultades de aprendizaje. Pero en los hechos, no siempre es tal. “Contamos con pocos recursos -materiales y humanos– para sostener las trayectorias que los chicos y las chicas necesitan. Llegan a la escuela muchos niños con necesidades diferentes a las que la escuela tradicional ofrece. Si las familias no tienen obra social (que son muchísimas) pueden tardar años en conseguir una AIE (Acompañante para la Inclusión Escolar). El gobierno de la Ciudad vacía las escuelas especiales y se llena la boca hablando de ‘inclusión plena’, pero no aporta los recursos que se necesitan para sostenerla, sobrecargando a las maestras con situaciones desbordantes en las aulas”, plantea
Sofía Bonder, maestra de primaria.
“La Educación Especial es imprescindible e irremplazable. El gobierno de Jorge Macri la vacía mientras están explotando las escuelas de casos de nenes que necesitan una trayectoria distinta. Necesitamos más escuelas especiales, que son inclusión”, insiste Juan Manuel Di Vicenzo, Maestro de Apoyo Pedagógico (MAPED).
Milei, Marx y la escuela
El presidente Javier Milei pisó solo dos veces escuelas durante sus casi tres años de gestión. En ambas ocasiones fueron colegios privados: la que fue su secundaria y la ORT, donde habló de «marxismo» como «un programa satánico» y arengó a estudiantes a abuchear periodistas.
“Si la persona que es la principal responsable de guiar al país cada vez que habla dice una barbaridad con insultos, agresiones, por supuesto que impacta», remarca la docente María Belén Ezquerra.
Y añade: «Los niveles de violencia que estamos teniendo no se explican solamente por un presidente que insulta. Tienen que ver con motivos más complejos. Pero la cantidad de agarradas a trompadas, fuera de la escuela y entre escuelas, hacía mucho tiempo no la veíamos. Aumentó mucho. Habla de un nivel de violencia más extremo que se está legitimando nuevamente”.
Fuente Tiempo Argentino
