Las Warmis del Kollasuyu vienen marchando desde la Puna, la Quebrada y los Valles de Jujuy; un mes de caminata estoica hasta el portón del Congreso de la Nación para entregar en mano un petitorio –una denuncia– a los diputados y senadores menos indiferentes al reclamo de un pueblo expoliado por el afán extractivista de gobiernos y corporaciones.
“La Pachamama está pidiendo a gritos que alguien la defienda; está sufriendo mucho saqueo, mucho despojo. Sufre como una madre y por eso, en su mes, nosotras que también somos madres, caminamos para pedir una respuesta urgente: la minería metalífera nos está dejando sin agua. Se llevan todos nuestros recursos y solo nos dejan el suelo y el aire contaminados”, dice Florencia Solís, una de las seis caminantes que salió desde Jujuy el pasado 3 de agosto en travesía por Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y Santa Fe con destino final Buenos Aires.
Solís vivió sus 68 años en Laguna de Pozuelo, un área protegida con estatus de Monumento Natural anclada en la puna jujeña. Pero lo que supo ser un majestuoso espejo de agua con más de 130 especies de aves, hoy es un salitral riesgoso, consecuencia de la sequía y contaminación provocadas por la actividad minera que, solo en la Cuenca, ya contabiliza 175 pedimentos o solicitudes legales para extraer minerales.
“El proyecto Pan de Azúcar, que era de extracción de plomo, plata y zinc, hace más de 50 años que dejó el suelo contaminado y nunca hizo una remediación ambiental; Chinchillas, que es una mina a cielo abierto, terminó de secar nuestra laguna causando grandes problemas a las comunidades”, asegura Solís, y detalla: “Nosotros vivimos del ganado camélido (rebaño de llamas) y si nos dejan sin agua o con agua contaminada, ¿cómo vamos a alimentar a los animales? Nos preocupa quedarnos sin hacienda porque es nuestra fuente de trabajo, pero además están las personas. No queremos enfermarnos de cáncer”.
El petitorio presentado ante el Congreso exige, como ya se dijo, el cese del saqueo minero y la contaminación del agua. También el freno a los desalojos de sus tierras ancestrales y el cumplimiento del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Acuerdo de Escazú en materia de acceso a la información y justicia ambiental.
Esta es la segunda Caminata de las Warmis. En 2025, la travesía solo incluyó a Jujuy, donde entregaron un petitorio a las autoridades provinciales. Al no tener respuesta, este año decidieron recorrer más de 1800 kilómetros para golpear las puertas del Ejecutivo nacional.
“En el Congreso –continúa Solís– nos recibieron con la policía, como si fuéramos delincuentes. Es una lástima que el gobierno nos trate de esa manera, se ve que nos les importa nada del pueblo, no les importa el saqueo que están haciendo las mineras, no les importa el daño gravísimo a la Pachamama”.
Las mujeres eligieron emprender la caminata en agosto porque, por un lado, es el mes de la Pachamama, y, por otro, querían que el final de la marcha coincidiera con el Día Internacional de la Mujer Originaria, que se conmemora cada 5 de septiembre.
Exterminio
Hace más de diez años que las mujeres del Kollasuyu cuestionan al poder de turno, siempre dispuesto a anteponer los intereses de las corporaciones transnacionales por sobre el de las comunidades. Sin embargo, reconocen que la actual administración del presidente Javier Milei intensificó la entrega de los recursos naturales con políticas concretas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) –aprobado en junio del 2024–, y los proyectos de ley de “Super RIGI”, Ley de Glaciares y de inviolabilidad de la propiedad privada.
“El presidente tiene una idea que es la de matar a los pueblos, la idea del exterminio de las comunidades. Milei es un asesino que está gobernando con odio, racismo y discriminación. Es inhumano y va convenciendo a los gobernadores de que lo apoyen y desgraciadamente esas autoridades provinciales le hacen caso porque son vendepatrias, no están del lado de los pueblos”, describe Solís, antes de formular una advertencia final.
“No nos metan más minería en nuestros territorios, no nos destrocen nuestros cerros sagrados, no nos envenenen nuestros suelos y nuestra agua, no nos echen de nuestras casas, no nos dejen el ambiente contaminado. Nosotras, que somos mujeres y madres como la Pacha, estamos en contra del extractivismo saqueador que está despojando a todos nuestros hermanos. Tienen que darse cuenta que no se trata solo del exterminio de los pueblos originarios, sino de toda la población porque cuando el agua se pierda el daño irreversible también va a llegar a las grandes ciudades”.
Denuncian usurpación de territorios ancestrales
La comunidad indígena de Peñas Negras, en el Departamento Belén de Catamarca, perteneciente al Pueblo Diaguita, denunció un nuevo intento de ingreso de las empresas Minera Millaray SA y Elevado Gold SA a su territorio ancestral y decidió declararse en estado de alerta y asamblea permanente.
“Nuestro territorio es lugar de pastoreo, de aguadas, de sitios sagrados y de vida comunitaria. No es un desierto, es nuestra casa”, señalaron desde la comunidad. Además, aseguraron que no permitirán el ingreso de máquinas, camionetas, geólogos ni personal de la empresa y reclama el retiro definitivo de la compañía del territorio, al tiempo que responsabilizaron al Gobierno provincial y al Ministerio de Minería por la escalada del conflicto.
La zona es de interés para el proyecto de oro y cobre Alto El Mulato, a cargo de Elevado Gold y vinculado a Millaray; además, se encuentra dentro del área de influencia de la Reserva de Biosfera Laguna Blanca, una región de enorme importancia ambiental de la Puna catamarqueña.
Fuente Tiempo Argentino
