La universidad de la Plaza de Mayo: la UBA llevó sus aulas, su salud pública y su ciencia a las puertas del poder

La universidad de la Plaza de Mayo da cátedra. Este martes, el frígido centro porteño volvió a transformarse en una casa de altos estudios al aire libre. La historia, que a veces se repite como farsa, esta vez elige ser tragedia y conocimiento a la vez. Desde temprano, el centro del poder mutó en feria de ciencias, un despliegue maratónico de pizarrones, un contraataque de saberes frente a la oscuridad del relato milesíta. Es la UBA y es la universidad de la calle dando lecciones de vida: una respuesta del pensamiento que se niega a ser atropellado por el brutalismo libetario.

A pocos metros de la Casa Rosada y el Ministerio de Hacienda, las 13 facultades de la UBA montaron un hospital de campaña bajo el cielo de septiembre. Hay carpas de hemoterapia, postas de apoyo psicológico y una fila kilométrica de odontología que nace en el ecuador de la plaza y muere en la Catedral.

Aguantando la tarde helada, se arrimó Antonio Cardozo desde Wilde para tratar su boca malherida. «Tengo PAMI, querido. Me dan turno para cuando esté muerto y me está matando una muela. Tengo que hacerme una extracción», dice mientras resiste estoico la espera. «Me parece muy bien que la universidad nos dé una mano, pero sé muy bien que es en protesta porque el Gobierno no cumple la ley. La verdad que duele ver así al país, esto es peor que un dolor de muela, hermano».

Foto: @NGR

A metros de Antonio, Jorge Ramos, futuro primer universitario de su familia, talla molares en una mesa de camping mientras sus docentes atienden pacientes en modalidad de silla caliente: «Estamos ayudando a las personas que no pueden hacerse un tratamiento en el sector privado. Acá estamos poniendo el cuerpo. Los sueldos de los profes son bajísimos y no mandan los fondos. Yo no podría haber estudiado en una privada. Imaginate si no voy a salir a defender ese orgullo de estudiar en la pública».

En el sector de Veterinaria, Silvia, estudiante e hija de obreros, le aplica la antirrábica a Lisa, una perrita marca perro. «Con la crisis se hace difícil pagar las vacunas y el alimento. A veces pienso que este presidente que dice que ama a los perros no se da cuenta de que con sus políticas condena a las mascotas a la misma suerte que a las familias», reflexiona la muchacha. Cerca, Marcelo, docente de Porcinotecnia, sentencia: «Nos formamos en los noventa, cuando decían que querían privatizar y eran más francos. Ahora destruyen y no lo dicen. Tienen que cumplir la ley y punto».

Foto: @NGR

El trasfondo no admite eufemismos sobre el «déficit cero». Tras el aval de la Corte Suprema, el reciente fallo del juez federal Cormick volvió a cercar al Ejecutivo exigiendo la ejecución inmediata de las partidas. La matemática del tribunal desnudó la mentira: el impacto fiscal de la Ley de Financiamiento Universitario representa un marginal 0,23% del PBI. No es una restricción macroeconómica; es una decisión política de asfixia.

La UBA y el cine bajo la luna

Antes de que salga la Luna sobre la Pirámide de Mayo, Ricardo Manetti, decano de Filosofía y Letras, prepara su clase sobre cine y soberanía. Frente a una ronda de estudiantes que se abroquelan para espantar el frío de la tarde, el catedrático traza una genealogía de las imágenes que parieron a la patria: «El primer registro fílmico de nuestra historia fue de la bandera argentina, que la vemos ahí flameando, un símbolo para pensar en una comunidad en conjunto, algo que estamos defendiendo hoy. Uno de los primeros documentales nacionales fue de una operación en la Facultad de Medicina, y eso marca cómo se unen la universidad, la investigación y la idea de patria. Y la primera película que se hace en el país es La Revolución de Mayo, que tiene como epicentro este espacio donde estamos».

Para Manetti, el cine no es mero entretenimiento, sino la trinchera donde un pueblo disputa su derecho a contarse a sí mismo, un refugio de la memoria justo en la víspera de cumplirse medio siglo de La Noche de los Lápices. Si tuviera que elegir un filme para retratar este presente de hambruna, desfinanciamiento y resistencia en las aulas, no duda en nombrar Puan. Y cuando se le pregunta cómo cree que termina esta historia de terror que amenaza el futuro de la educación pública, el decano mira hacia el fondo de la plaza, sonríe con aplomo y sintetiza la lección del día en cinco palabras: «Con el triunfo del pueblo».

Foto: @NGR

Fuente Tiempo Argentino

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