
Los amagues de volver a una cuarentena más estricta a partir de la suba de casos de coronavirus, que se registró en el área metropolitana de Buenos Aires a
partir de diciembre, por ahora han quedado en eso, en amagues. Y la causa no se debe sólo a que regresar a esa instancia sería un suicidio para la ya maltrecha economía, sino con un dato clave: la cantidad de camas ocupadas en los hospitales es hoy menor a la mitad de lo que alcanzó en su momento más crítico.
A partir del 8 de diciembre los casos de Covid en la Ciudad empezaron a subir con fuerza, para llegar a registros similares a los que hubo durante el pico. Recién en la última semana esa curva empezó a estabilizarse. Es decir, dejó de crecer o comenzó un descenso cauteloso. En el parte de ayer el registro porteño fue de 1.214 casos positivos.
Sin embargo, lo que caracterizó a esta “segunda ola” fue que la pandemia de coronavirus no llegó a estresar el sistema de salud, como sí ocurrió durante la primera. Y eso se ve reflejado en cifras que indican que actualmente apenas un tercio de las camas de terapia intensiva de los hospitales están ocupadas.
Según los registros oficiales de la Ciudad, hoy hay 425 camas ocupadas entre enfermos graves y moderados. Los que están en terapia intensiva son apenas 147, lo que representa un 32,6 por ciento del total de camas disponibles en el sistema público. Esto contrasta con fuerza con el nivel de ocupación de agosto, cuando el 64,6 por ciento de las camas estaban ocupadas.
Este escenario, a pesar de que la vacuna no llega en las cantidades deseadas, permite a las autoridades mantener controlada la pandemia. Eso puede extrapolarse también a nivel nacional: en todo el país el 54,7 por ciento de las camas de terapia intensiva están ocupadas, mientras que en octubre la proporción llegó al 64 por ciento.
Personal médico realiza controles de pacientes con Covid-19 en una unidad de terapia intensiva. Foto: EFE
La principal causa de las características que está mostrando esta segunda ola de Covid es que hubo un fuerte crecimiento de la población más joven que se contagia, y un impacto menor en el grupo de adultos mayores infectados.
En el segmento que va de 20 a 29 años, los contagiados pasaron de 14.452 en el momento de mayor ocupación de camas a los actuales 43.439. Esto significa un 300 por ciento más. En el caso de los mayores de 80 años, el crecimiento pasó de 5.266 a 11.227 pacientes. Este crecimiento es del 200 por ciento, un tercio menor al otro grupo.
En el resto de los segmentos etarios los incrementos se mantuvieron en un nivel similar, con algunas variaciones: 277 por ciento (30 a 39 años), 281 por ciento (40 a 49 años), 292 por ciento (50 a 59 años), 307 por ciento (60 a 69 años) y 293 por ciento (70 a 79 años).
La incidencia del menor contagio de gente mayor de 80 años en la gravedad promedio de los cuadros puede verse también en la estadística de mortalidad: en ese segmento, la letalidad es del 28 por ciento. Es decir, casi uno de cada tres adultos mayores de 80 que contrae Covid muere. En cambio, entre los 70 y 79 años es del 14 por ciento y entre los 60 y 69 años, del 5 por ciento. Ya entre los 59 y 59 años baja al 2 por ciento.
El mayor contagio de personas jóvenes ha redundado en que haya menos pacientes que necesiten ocupar una cama de hospital y, menos aún, de terapia intensiva. Esto está vinculado a los disparadores de la nueva ola de coronavirus: primero, una seguidilla de manifestaciones en la vía pública en diciembre; luego, las reuniones sociales con adolescentes y adultos jóvenes como protagonistas, algo que se vio incrementado durante las vacaciones de verano.
El hecho de que la población de adultos mayores siguiera manteniendo un aislamiento relativo, más allá de algunas flexibilización para encuentros familiares con los cuidados pertinentes, hizo que durante esta etapa de la pandemia lograran tener un menor contacto con el virus, lo que se ve reflejado ahora en la realidad de muestra el sistema sanitario porteño.
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