Quizás lo sucedido esta semana en términos políticos y sociales marque un quiebre de la gestión de Javier Milei. Pero no fue solo el revés en el Congreso y la calle, también la represión que desataron durante tres horas reflejó “novedades” que pueden sentar precedentes aún más peligrosos que los actuales: el accionar indiscriminado (sin que hubiese habido agresiones del público) con el solo fin de disolver la protesta en la plaza; ataques en medio de autos, colectivos y transeúntes, disparos a corta distancia, más ensañamiento con la prensa, detenciones sin motivo, y una novedad que marcó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS): “Los policías levantaban casquillos a su paso para borrar evidencias”.
La voluntad de impedir la expresión popular contra un proyecto de ley que el gobierno debió ir desguazando hasta el último minuto por la falta de apoyo incluso de sus principales aliados “se tradujo en un despliegue violento de la Policía Federal, Gendarmería Nacional, la Prefectura y la Policía de la Ciudad. No habían pasado minutos desde el comienzo de la represión, que ya había un herido ocular con un disparo de bala de goma”, subrayó el CELS en un comunicado de este viernes.
Hidrantes: herramienta de dispersión
Los carros hidrantes no se usaron para proteger un sector o para responder a un incidente puntual, sino como una herramienta de dispersión sostenida. Fueron protagonistas durante toda la represión en una jornada particular: toda la tarde llovió y la temperatura osciló entre los 14 y los 10 °C: “Es decir que las personas permanecieron durante horas empapadas mientras continuaban los disparos de gases y postas de goma. La combinación hizo que la violencia de la policía se multiplicara exponencialmente”.
El primer carro avanzó desde Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos. Los hidrantes fueron cambiando de posición y avanzaron por Callao, Rivadavia, Lima y Avenida de Mayo. “El agua fue usada para abrir paso a las columnas de la policía, pero también contra colectivos que trataban de llegar a destino y autos que circulaban por la zona”.
Alrededor de las 19 se sumaron los carros hidrantes de la Policía de la Ciudad. Ingresaron por Santiago del Estero y montaron un cerco junto a efectivos que disparaban postas de goma desde Rivadavia y San José. Más tarde su función fue acompañar la persecución de quienes se desconcentraban.
“Toda la intervención de ayer fue ilegal. Un disparo de bala de goma no puede ir a la cara, un gas no se puede tirar a 10 centímetros de una persona”, declaró Victoria Darraidou, coordinadora del equipo de Violencia Institucional del CELS en diálogo con FutuRock.
Balas de goma y gases
Las fuerzas de seguridad usaron durante toda la tarde postas de goma y gases. “Registramos disparos a corta y media distancia, en distintos puntos del operativo, y lesiones en zonas sensibles del cuerpo, especialmente en la cabeza y el rostro. Esta represión trajo una novedad: los policías levantaban casquillos a su paso para borrar evidencias”, subrayó el CELS.
Ya desde el primer momento los gases empezaron a lanzarse hacia manifestantes que estaban en la plaza y también hacia sectores donde había puestos de comida. La Policía Federal disparó gases lacrimógenos con escopetas en la zona de la Plaza de los Dos Congresos junto con Prefectura sobre Yrigoyen, mientras Gendarmería avanzaba sobre la plaza.
“El operativo y las imágenes que comienzan a circular remiten a la represión en la que Pablo Grillo terminó herido de gravedad. Desde las 18 hubo una nueva ola de represión, con las actuación de las tres fuerzas coordinadas. El objetivo era impedir la protesta”, denunciaron.
Continúan relatando que alrededor de las 18.41, sin que nunca se dejaran de escuchar disparos, Gendarmería y Prefectura avanzaban sobre Rivadavia con pistolas lanzagases: “En ese sector fue detenido un hombre que tenía una herida de posta de goma en el pómulo. Para ese momento ya había al menos dos lesiones documentadas en el rostro. Cerca de las 19 se sumó la Policía de la Ciudad. Usaban escopetas, mientras los hidrantes cerraban y desplazaban a la gente. Para esa hora las personas heridas sumaban muchas decenas”.
Ya cerca de las 20, mientras dentro del recinto del Senado se seguía con la discusión y a pesar de que se alertaba de que en las calles había una represión fuera de escala, la protesta se dispersó hacia Plaza de Mayo: “A la altura de calle Piedras, efectivos de la Federal dispararon sus escopetas sin contemplar que el tránsito estaba habilitado y que por las veredas circulaban familias. Escenas similares se vieron en las calles internas cercanas al Congreso, pero protagonizadas por Gendarmería: disparos sin control no sólo contra quienes protestaban, sino también contra cualquier transeúnte”.
Ataques y detenciones al voleo
Durante el operativo también hubo agresiones contra trabajadores y trabajadoras de prensa, una característica destacada de este gobierno. En el registro de la represión se ve a agentes de la prefectura lanzando gases contra los fotógrafos que están cubriendo una detención. Cerca de las 19.07, las fuerzas comenzaron a disparar postas de goma hacia el sector donde se encontraba el móvil de C5N. Más tarde, en medio de corridas, una fotógrafa quedó tendida en el suelo con un fuerte sangrado y fue trasladada al Hospital Argerich con traumatismo de cráneo y sangrado de oído. Según informó el CELS, 14 personas fueron hospitalizadas: “Miles recibieron atención en las postas sanitarias con impactos de municiones de goma en el cuerpo, ojos irritados y problemas respiratorios”.
A las 23.45 había 29 detenciones por atentado agravado. Según la información disponible, ocho personas fueron detenidas por la policía de la ciudad y 21 detenciones por las fuerzas federales. Todas están a disposición de la justicia porteña. Funcionarios del Ministerio de Seguridad denunciaron a los detenidos por atentado al “orden constitucional y la vida democrática”, atentado a la autoridad agravado, resistencia a la autoridad y daño agravado.
“Pidieron que todos esos delitos sean considerados agravados bajo el argumento de que habrían sido cometidos con la finalidad de obligar a las autoridades públicas a abstenerse de cumplir sus funciones: votar una proyecto de ley”, advirtió el CELS.
Marcan un antecedente: la reacción posterior del gobierno ante la protesta contra la Ley Bases. “33 personas fueron detenidas de manera indiscriminada y varias de ellas, tratadas como detenidas de máxima peligrosidad. Se las trasladó a penales federales, donde sufrieron vejaciones y se las interrogó acerca de su participación política y su ideología”.
Y concluyeron: “El despliegue estatal de la jornada, mientras en el Congreso se hablaba de una reforma que podía alentar los fuegos intencionales y producir desalojos sin contemplar la vida de las personas, fue de intento de silenciamiento a la ciudadanía movilizada. El resultado fue una protesta dispersada mediante el ejercicio intensivo de la violencia policial contra manifestantes y trabajadores de prensa”.
Fuente Tiempo Argentino
