Eva Gutiérrez Uslenghi tiene 16 años y cursa cuarto año en la secundaria Julio Cortázar. Está cansada. Pasó todo el día en una jornada recreativa en su colegio. Y tiene los ojos hinchados. Porque además de bailes y deportes, hubo llanto. En medio de la actividad se inauguró un mural en homenaje a Gonzalo, estudiante egresado el año pasado que en marzo decidió terminar con su vida. “Hasta que todo sea como lo soñaste”, le escribió su comunidad educativa en letras de colores, entre notas musicales y mariposas. “Hoy la salud mental es como un eje que engloba todas las luchas”, enfatiza Eva en una charla que gira en torno a La Noche de los Lápices, a su impronta sobre la militancia secundaria de hoy, 50 años después, y a las luchas estudiantiles actuales.
Junto a Eva conversan Camila Vlahusic Cortés, de 15 años y alumna del Carlos Pellegrini; Micaela Ciura, de 17 años y estudiante en el Normal 1 Roque Sáenz Peña, y Fermín Bigatti, quien cursa quinto año en el Normal 2 Mariano Acosta. Integran los centros de estudiantes de sus colegios, que se preparan para marchar el 16 de septiembre, Día Nacional de la Juventud y de los Derechos de los Estudiantes Secundarios.

Eva, Camila, Micaela y Fermín van a distintas escuelas pero se conocen y comparten espacios de lucha. Llegan después de cursar en los barrios de Flores, Balvanera y Recoleta. El punto de encuentro: las escalinatas de entrada del Colegio Nacional Buenos Aires. A un lado, se lee sobre un monolito: “Vano intento el de la noche, los lápices siguen escribiendo”.
“A mí el 16 de septiembre me genera muchísimas cosas –dice Camila, la más joven del grupo–. Por un lado se me pone la piel de gallina, del terror, cuando escucho algo testimonial de lo que pasó. Pero por otro, me da mucha esperanza imaginar que la lucha estudiantil puede ser tan grande”.
En su casa siempre se habló de política y dictadura, por lo que no recuerda exactamente cuándo conoció la historia de los diez estudiantes secundarios y militantes secuestrados (seis permanecen desaparecidos) en La Plata en 1976. Sí recuerda que tenía once cuando una maestra se lo explicó claramente, en sexto grado.
“Pienso que son causas justas y demasiado similares a las nuestras. Sobre todo cuando el gobierno de la Ciudad, con la reforma, le saca el boleto estudiantil a quienes se pasan de las cinco faltas bimestrales en los colegios de la ciudad, y el nacional no cumple la Ley de Financiamiento en los colegios preuniversitarios. Y logran que los secundarios volvamos a las mismas luchas, pero con un mundo completamente distinto, donde las redes, los teléfonos y los problemas de salud mental nos dejan más perdidos que nunca”, reflexiona Camila, de la agrupación Punto de Fuga.
Micaela se topó de lleno con esta historia cuando ingresó a primer año de la secundaria. “Ahí se me presentó el concepto y la idea del estudiante como sujeto político. Y el deber que teníamos todos, por el hecho de compartir un mismo espacio, una misma escuela, de involucrarnos e incluso organizarnos en el centro de estudiantes. Fue cuando me uní al centro, desde primer año. Creo que se lo debo a mis compañeros ya egresados que me inculcaron esto”, agradece hoy, en quinto año y presidenta del centro. Charla con pocas horas de sueño a cuestas: acaba de llegar de Bariloche.

“Cada vez más despiertos”
“Sin duda los chicos de La Noche de los Lápices marcaron un camino. Que es el que tenemos que seguir como estudiantes. Me parece que es importante que no perdamos la memoria más que nada para sentirnos representados por esos chicos, que tenían nuestra edad, que sufrieron cosas terribles por una lucha totalmente justa. Por un derecho que hoy tenemos normalizado. Aunque se está retrocediendo con el tema del boleto en Ciudad. Marcan un camino y son un ejemplo porque hasta en un contexto tan oscuro como ese, nunca dejaron la lucha”, sostiene Fermín, vicepresidente del centro de estudiantes del Mariano Acosta.
Tanto él como Camila usan la expresión “burbuja” al describir el alto grado de compromiso en sus escuelas. Pero también creen que a nivel general hay un interés creciente por abrir los ojos y participar. “La pandemia marca un antes y un después. Quizás tras la pandemia la militancia secundaria pasó un poco a segundo plano, después de estar encerrados sin hablar con gente más allá del celular. Pero creo que la crisis que estamos viviendo hace que se activen los estudiantes. Los pibes están cada vez más despiertos y eso se nota”, afirma Fermín.
Les tocó atravesar la cuarentena en el final de la primaria. Pese a que la pandemia parece negada por la sociedad, la traen a colación sin que se les consulte sobre el tema: creen que explica gran parte de lo que les pasa. “Hay un montón de pibes con ataques de ansiedad, de pánico, intentos de suicidio, autolesiones, que no vienen por meses al colegio porque no pueden salir de su casa. Lo que intenta hacer el centro de estudiantes es acompañar desde donde se puede, porque entendemos que somos pibes ayudando a pibes y no tenemos las herramientas suficientes. Lo ligo un poco con lo que nos dejó la pandemia: todos completamente alienados y súper individualistas. Una lucha que tenemos es volver a generar comunidad”, plantea Micaela.
“Esos pibes militaban en su centro de estudiantes para sus compañeros. Ni siquiera para un privilegio personal, porque la mayoría vivía cerca de su colegio”, soslaya Eva sobre el reclamo de los diez militantes secuestrados el 16 de septiembre de 1976 en La Plata, cuando luchaban por el boleto estudiantil pero también por una transformación social profunda. “Los secundarios tenemos que seguir exigiendo todos los días que a nosotros se nos respeten nuestros derechos como pibes y pibas. Me parece que La Noche de los Lápices representa la lucha de todos los días y el no bajar los brazos”, apunta.
Los reclamos de hoy no son iguales a los de ayer, pero todos tienen que ver con una sociedad más justa. “Nuestra generación reclama todo el tiempo por la salud mental, contra la ausencia del Estado. Por mejores salarios para nuestros docentes y una mejor calidad de vida en general. Más que nada para nuestros adultos, que lamentablemente por el pluriempleo no pueden cumplir su rol, porque no llegan a hacer cosas de su vida, a atender problemas de los pibes”, concluye Eva. Lapidaria.«

Preguntas
Medio siglo después, cuatro estudiantes secundarios conversan sobre la lucha de quienes protagonizaron La Noche de los Lápices, uno de los episodios más crueles de la última dictadura cívico-militar. Si pudieran preguntarle algo a quienes lo vivieron, ¿qué sería? Camila, de 15 años, se anima: “¿Cómo estaban tan seguros de que estaban haciendo lo correcto? ¿Hay alguna chispita que te diga que hay que seguir así? ¿Cómo se siente?”.
“Nuestro deber es que cada vez le importe a más gente”
Luna Mercado tiene 18 años y estudia en la Escuela de Danzas 1 “Nelly Ramicone”. Es parte del centro de estudiantes de su escuela, donde preside una lista, e integra la murga Suerte Loca. En la previa del 50 aniversario de La Noche de los Lápices, participó de la organización de una jornada de cine y memoria en su escuela, donde proyectaron la película basada en lo que pasó el 16 de septiembre de 1976 y vieron la obra Pájaros Mudos, inspirada en ese filme. Para la semana que empieza invitaron a estudiantes de teatro de la escuela Niní Marshall a representar una obra alusiva, mientras se preparan para la marchar del miércoles pintando carteles e interviniendo guardapolvos. Las propuestas abundan, pero no alcanzan. “Lamentablemente, cuando hacemos actividades sobre la última dictadura cuesta mucho que todos los estudiantes presten atención y se interesen. Nuestro deber como centro de estudiantes es que cada vez le importe a más gente, que se siga hablando y sigamos construyendo memoria”, plantea. Con ese deber como meta les habla a las y los adolescentes detenidos-desaparecidos hace medio siglo por luchar: “Que sepan que no fue en vano, que son ejemplo de motivación y lucha. Y que vamos a seguir peleando por ellos. Por los que aparecieron y los que no”.
Fuente Tiempo Argentino







